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EDITORIAL
Instalación
La asamblea es una reunión de
los miembros de una colectividad para dialogar y acordar algunos
temas estatutarios de interés común y, en su caso, tomar las
decisiones que correspondan con la visión, los objetivos y las
metas a cumplirse en espacios y tiempos definidos por los
estatutos. Cuando esos estatutos son los de una organización,
movimiento o partido político, la asamblea nacional puede
asimilarse a una convención para el consenso y acuerdo de
voluntades.
Los partidos políticos se reúnen en una asamblea convencional
para alcanzar determinados acuerdos vinculantes para todos. En
Colombia se adoptó la idea de hacer asambleas de los movimientos
y partidos políticos cada dos años: una para renovar sus órganos
directivos y otra para designar su candidato a la presidencia y
a las elecciones legislativas. La designación de los candidatos
a las elecciones territoriales quedó por fuera, lo cual puede
solucionarse mediante asamblea extraordinaria impulsada por los
partidos y movimientos que se expresen y participen para ganar
las elecciones municipales.
La participación es el compromiso con la sociedad en torno con
la dinámica cotidiana de la vida. Puede decirse que es como el
comportamiento de una mujer, un hombre o un no binario que por
vías legales se obliga a participar en la forma de gobierno de
todos, pudiendo intervenir en todos los asuntos de interés
público, coadyuvando así de manera voluntaria, a que la voluntad
de poder del movimiento o partido con el que esté afiliado o
simpatice, gane la administración de la cosa pública estatal, es
decir, la jefatura de la rama del poder ejecutivo, encargada de
orientar y dirigir el gobierno del Estado.
Un frente popular es la alianza ocasional con fines electorales
de los diversos movimientos, partidos y ciudadanías libres
progresistas, para oponerse a un enemigo común que es el
autoritarismo del fascismo impulsado por los agentes reales que
detentan la hegemonía del poder dominante. El frente popular, si
se logra consolidar, puede establecer alianzas con movimientos y
partidos afines a sus principios y conformar un frente amplio,
que de llegar a acuerdos sobre los asuntos fundamentales a los
que se les debe dar pronta solución, entonces puede llegar a
constituirse en un partido único de unidad nacional.
Si las condiciones del sentir-pensar político están dadas para
la conformación de un partido único, el paso siguiente a dar en
el proceso de unidad es la de formular los puntos de un acuerdo
para establecer un pacto, un acuerdo de reconciliación que
entraña concesiones mutuas en puntos de divergencia para, de
manera permanente, facilitarse mutuamente el acceso al poder. En
esos casos las partes pactantes hacen mención explícita de que
la pureza o integridad de su doctrina programática se mantiene.
Una vez surtidos estos pasos, el partido único de unidad de las
fuerzas progresistas, asumiendo el mandato de las organizaciones
sociales, sindicales, gremiales y comunitarias que estas exigen
negociar, le presenta al electorado en general el contrato
social de las políticas públicas que buscan asegurar la
integridad territorial de la nación y la paz social,
reconociendo que todos los miembros de la sociedad son
individuos independientes, autónomos e iguales ante las leyes
que garantizan la satisfacción de los derechos fundamentales
individuales, colectivos y ambientales.
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Los líderes son criminales
latentes

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Ensalzar la violencia como algo
glorioso y hermoso es algo que va más allá del razonamiento
saludable de una persona. El Psicópata, el sádico y los
criminales en serie se alimentan de emociones que van más allá
de la naturaleza humana o animal.
Sentir placer con el dolor ajeno o la desgracia de los demás es
una variedad de desequilibrio mental en una persona. Este
desequilibrio es muy común en la gran mayoría de la gente. Esto
hace que los líderes existan y sean los dueños de una nación o
un territorio.
No solo es criminal el que
asesina a una persona, sino también los participantes y los que
ayudan a que el líder se mantenga en el poder. Esta multitud de
personas hacen parte de esa criminalidad que ni ellos mismos
saben que son criminales. Esto sucede porque hay quienes creen
que el criminal mayor está haciendo algo normal, porque no
quieren aceptar que con ese apoyo que están dando al líder está
destruyendo la vida de miles o millones de personas.
Cuando se está en las garras de
un líder este hace todo lo posible para mantenerse en el poder
dando todo tipo de prebendas a sus seguidores para que ellos no
vean en ellos lo que el líder está haciendo con el pueblo. Esto
se ha manejado históricamente y por eso los criminales se apoyan
de otros criminales para sobrevivir todo tipo de adversidades.
Los criminales en sí tienen un
modus operandi que los distingue de los demás. Su objetivo es
centrarse en cómo llegar al poder y luego como vivir de los
beneficios que los ciudadanos pagan en “impuestos”.
Los políticos se van volviendo expertos en el manipuleo de la
cosa pública y vivir de ella. Y a través de ese ejercicio su
familia se va involucrando y todos terminan viviendo del erario
como una burocracia más del Estado.
Ahora los criminales esos personajes que se mueven como halcones
y que vuelan muy cerca del erario son otros personajes que
juegan un papel muy importante en la democracia, sin ellos no
existiría el concierto para delinquir que necesita la democracia
para que exista.
La democracia básicamente es poder ser elegido a través de
negociaciones entre enemigos y repartirse el poder entre los
partidos y los inversionistas sobre el capital que aporta la
ciudadanía en impuestos y contribuciones. Lo que no es una
dictadura, porque aquí no hay negociaciones, el dictador se
queda con gran parte del botín y su gente se queda con el resto.
El pueblo simplemente aporta y ve reducido su capital y huye de
la dictadura para salvarse hasta que entre todos derrotan al
villano.
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
LA REGENERACIÓN
De Daniel Gutiérrez Ardila
Editado por Taurus
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=aY3A46T3YlU
Este es un libro catastrófico que pretende
solidificar un mito, la Constitución de 1886, pero como quiere
al mismo tiempo subvalorar a su gestor, Rafael Núñez,
despojándolo de la aureola que la historia le ha creado y que lo
protege, tiene un sabor agridulce.
Es valioso de todas maneras porque al hacerlo
consigue erradicar los dos elementos equivocados en que se ha
caído siempre al hablar del monstruo político que fue Núñez: su
cacareado matrimonio con Soledad Román y su traición a los
ideales dañinos del Olimpo Radical que se entronizó en Colombia
con la Constitución de Rionegro en 1863.
Pero en su afán de maximizar el producto hace un tan exhaustivo
y plausible trabajo investigativo para narrarnos las
dificultades por las que pasó Núñez hasta sacar adelante su idea
de derrocar la maligna república creada por los idiotas
liberales de Rionegro, que en vez de convertir al cartagenero en
un manojo de defectos humanos y de equivocaciones, como pretende
una y otra vez, termina haciendo un pedestal para reconocer la
magnitud de la Carta del 86 pero pegando más ladrillos a la
estatua de Núñez.
Y lo hace porque ese frágil y feo ser humano fue quien consigue
entender lo que todos sentían en la Colombia de 1880 y, con más
verraquera que buen tino se encontró las fórmulas legalistas
para matar al engendro perverso de la Constitución Liberal de
Rionegro y borrar la huella oligarca del Olimpo Radical que mal
gobernó a Colombia por casi 25 años.
Lo de Nuñez para derrocar la Carta del 63 fue un trabajo de
filigrana. Hubo anteproyecto de reforma, plebiscitos
municipales, nombramiento de delegatarios y redacción
compensada.
El libro de Gutierrez Ardila es enjundioso y su lectura amena.
La narrativa no es pareja porque se excede en algunos momentos
en transcripciones de periódicos y revistas de la época, pero
como el autor tiene sentido histórico en su capacidad de
detectar hasta las hendijas de un período tumultuoso y taponar
los baches de la tradición, Núñez resalta a dolor del mismo
Gutiérrez Ardila.
Este libro nos demuestra que la Constitución que Núñez empujó y
que Caro y Campo Serrano construyeron a pedido del cartagenero,
logra, como los dioses mitológicos de los griegos, quedarse por
encima de todo como el esqueleto del verdadero poder
constituyente.
Pero en especial porque estableció el orden intocable que hoy
todavía nos permite conservarnos como república, aún por encima
del otro engendro dañino de la Constitución de Gaviria en el 91
y que pretendió destripar la de Núñez del 86.
El Porce, agosto 25 del 2024
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