Bogotá, Colombia -Edición: 687

 Fecha: Viernes 30-08-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

los acuerdos como condición natural


La palabra resulta ser engañosa en su propia naturaleza. Todas las palabras que nuestra voz logra producir, siempre llevan consigo un enigma, enigma que ataca ferozmente toda respuesta, para organizar de esta manera la forma aristotélica del animal político, es decir, lo que nos distingue del resto de seres humanos es la posibilidad de generar acuerdos a partir de la discordia que se genera en el lenguaje. Es decir, la necesidad de generar acuerdos hace parte del ser humano por naturaleza, no es una elección sino una obligación natural, esto, a partir de la concepción sobre lo limitado que resulta ser la vida del ser humano.

En efecto, antes de la revolución industrial y durante la misma por muchísimos más años, lo seres humanos teníamos una tasa de mortalidad bastante alta, morir a los cuarenta o cincuenta era totalmente normal dadas las condiciones en la que se vivía en estos tiempos, en este orden de ideas, la necesidad de tomar decisiones rápidas, llegar a acuerdos de forma clara y precisa era totalmente fundamental para poder vivir.

Cuando se comenzaron a llegar a acuerdos, justos o no tan justos, las vida comenzó a vibrar de otras maneras, el ser humano, pudo por primera vez darse cuenta de lo errados que estuvieron los acuerdos pasados, esto porque ya no se trataba de sobrevivir sino de vivir mejor, y con ello los acuerdos que no se direccionan hacia ese propósito fueron cayendo, comenzaron a percibirse de forma irracional, naciendo así la posibilidad de decidir entre una o más posibilidades, después de todo las coyunturas dejaron de aparecer siempre en el límite. Sin embargo, esta constante de posibilidad de pensarlo todo con tiempo parece haberse vuelto el germen de la actualidad, ahora lo llaman burocracia. La regulación organizada y racional, parece haberse separado del mundo sobre el cual toma decisiones, en la actualidad discuten durante meses sobre posiciones que necesitan respuestas directas, esto porque al separarse del mundo no logran comprender que mientras ellos piensan la mejor opción cierta población que necesita soluciones se hunden en sus problemas, sólo dando respuesta cuando esta misma resulta de anticuada para el nivel que el problema se ha vuelto.

En este orden, los acuerdos que son intrínsecos a nuestra naturaleza pasan de ser una condición de esencia, para volverse una imposición, negando así nuestras habilidades naturales. Entonces cuando la burocracia se toma el poder de llevar a cabo acuerdos, el sujeto de la cotidianidad parece caer en un ensueño, siempre esperando órdenes de aquellos que toman decisiones, aun cuando estas no den solución a los problemas, entonces el lenguaje deja de crear la necesidad de acuerdo, sino que comienza a ocultar y a reproducir palabras de acuerdos de otros, generando así que el pensamiento crítico entre en un estado de somnolencia dejando de producir incógnitas, y así volviendo al ser humano en una máquina inerte.
 

 

 

Vivimos bajo el miedo que nos genera el Estado

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Ser libres, independientes y autónomos es casi imposible, es como pensar que vamos a cambiar la posición en la que estamos ahora y vamos a vivir como Robinson Crusoe en la isla Gilligan. Una bonita fantasía.

Eso pasó con los comunistas y socialistas que pensaron que iban a alcanzar aquello a lo que no hemos podido llegar, y que estamos a mitad de camino de ser libres, independientes y autónomos.

Hoy en día vivimos bajo imposiciones que los políticos imponen a través del establecimiento para que ellos puedan vivir la ilusión de ser poderosos y dueños temporalmente del bien común social.

Toda esta maraña de ideologías y conceptos políticos solo conducen a oprimir más al ciudadano de a pie a través de impuestos, leyes y decretos que los políticos establecen y que al final ellos mismos quedan prisioneros de la trampa que ellos crearon. Porque como gobernantes solo estarán por el periodo electoral.

Como diría, el intrépido pone a trabajar al que tiene ilusiones, el que apoya al que tiene lisiones vive de la esperanza que tiene aquél que apoya y el votante que elige vive de su trabajo y mantiene a los tres y al establecimiento.

Por eso jamás habrá prosperidad en una nación, porque siempre estarán endeudados con los bancos y prestamistas. Y nunca habrá un superávit porque no hay autonomía, independencia ni libertad.

El Estado es el mayor generador de miedo porque es el que regula los precios, los impuestos y todo lo que tenga que ver con negocios, comercio, propiedades, licencias y permisos, a la vez que todo lo que tenga que ver con dinero y bienes de consumo. De eso es que viven los que manejan la cosa pública.

La sociedad es simplemente una mina a la que siempre se le saca hasta después que esté muerta. Porque los despojos sirven para experimentos de laboratorio o los pagos funerarios que tienen que pagar los deudos.

Por eso debemos pensar cómo podemos establecer un Estado Polimano para poder alcanzar el bienestar que todo ser humano espera vivir en esta vida que es tan corta y eterna después que ingresamos al silencio de los muertos.

A veces me preguntan ¿para dónde va todo esto?

Todo esto que conocemos va como un 

 

 

 

reciclaje en infinitas transformaciones, porque lo que conocemos es el presente y sabemos del pasado, porque lo estudiamos y porque cada ser viviente es el presente mientras exista conciencia dentro del intelecto.

 

ASUSTAR DA RESULTADO
Crónica #953

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=Ft51DUM6sYU

 

Soy el primero en aplaudir el acuerdo al que han llegado el gobierno nacional y los banqueros, para evitarnos a todos los colombianos el nefasto corralito de un porcentaje sobre nuestros ahorros, como lo propuso amenazante el presidente Petro.

 

El que se haya conseguido una reorientación de los cupos de crédito que los bancos tienen destinado para su rentabilidad y que esa cantidad compense el daño que todo estábamos empezando a sentir, y al mismo tiempo, las ansias progresistas del gobernante, indica que se impuso el diálogo por encima de las consecuencias nefastas de una amenaza.

 

Pero, a su vez también nos presenta una radiografía del estilo del régimen de izquierda que tenemos instaurado y una línea de contemporización de la derecha que definitivamente no atina a enfrentarse de lleno con el mal gobierno y prefiere (dentro de la ética contractual), no asumir la radicalización conceptual como arma política.

Por supuesto, el gran satisfecho públicamente después de lo acordado es Petro, porque se ha convencido que sus maneras de gobernar asustando, le están dando resultado.

Privadamente, sin embargo, los banqueros que representan la más pura pero equivocada esencia de la derecha capitalista, se deben estar frotando las manos porque pudieron ajustarse al régimen contractual que ha terminado imponiéndose en este país, otrora regido por leyes y ahora gobernado, redactado y administrado por los contratos y los contratistas.

Obviamente el método para lado y lado corre el peligro de desgastarse porque asustar termina creando sensaciones ignotas de reserva o desobediencia, o lo que es peor, una infinita desconfianza en la palabra del gobernante y en las actitudes poco éticas de los dueños del poder económico.

Asustar produce sus frutos, pero no siempre son buenos. De no, pregúntenle a Caperucita y al lobo feroz.

 

El Porce, agosto 30 del 2024

 

 

 

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