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Bogotá, Colombia -Edición: 696 Fecha: Viernes 20-09-2024 |
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COLUMNISTAS |
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CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI
Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
El Silencio de Dios y la Voz Interior:
"Le pedí a
Dios que me quitara el dolor que siento y Dios me dijo, no me
corresponde a mi quitártelo, te toca a ti renunciar a él, perdonando."
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nos invita a mirar hacia adentro. La
felicidad, el crecimiento espiritual y la liberación del sufrimiento son
el resultado de nuestro propio esfuerzo y comprensión.
Preguntas para la Reflexión
Este artículo busca fomentar una reflexión profunda sobre la naturaleza de la existencia y el papel que cada uno de nosotros juega en nuestra propia transformación.
Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo electrónico gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.
DE AQUÍ Y DE ALLÁ
Por: Otoniel Parra Arias
“Saturno devorando a sus hijos”
Hace ya
muchos años cuando viví en Madrid, España, en una visita al Museo del
Prado que hice exprofeso para tener el gusto y el honor de mirar una
pintura de un gran maestro, lo logré y por ello quedé abismado
gratamente con imborrable recuerdo, cuando estuve al frente de ese óleo
en revoco, “Saturno devorando a sus hijos”, del maestro Francisco de
Goya y Lucientes, el famoso habitante único de la Quinta del sordo en
tiempos del absolutista Fernando VII. |
El cuadro hace parte de la denominada pintura negra de Goya que revela el estado mental en deterioro de un gran artista y su valor para adentrarse en las costras de suciedad mental y físicamente deteriorada, fruto de años turbulentos en los que muchos seres humanos fueron llevados al paroxismo de la mendicidad y la negación de la gentileza humana.
En el
Saturno, se evidencia como el Titán Crono de la mitología griega (el
mismo Saturno del imaginario romano), en el estado más deplorable de un
dios según la mirada aterradora, arranca con sus fauces ensangrentadas,
la cabeza a uno de sus hijos para devorarlo, lo que en palabras del
experto simboliza el paso del tiempo implacable que devora a nuestros
más amados hijos, pensamientos y acciones plenas de ventura y vida
promisoria hasta hacerlos desaparecer y dejarlos retratados solo en
frías e ignotas losas mortuorias.
Por ello, antes que el monstruo sagrado pero cruel del tiempo -cronos- se acerque con intenciones sibilinas de arrebatar lo que más amamos, incluyendo nuestras amadas pertenencias corpóreas, debemos ante todo aprovechar instantes de vida para cosechar en vez de destruir. Lo de destruir dejémoslo al terrible dios celoso del tiempo implacable que a nadie perdona.
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