Bogotá, Colombia -Edición: 698

 Fecha: Miércoles 25-09-2024

 

 

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TECNOLOGÍA-CIENCIA

 

 

 

La inteligencia artificial y el impacto ambiental: el caso de ChatGPT

 

 

 

Implicaciones futuras del crecimiento de la IA

A medida que la IA y los chatbots continúan evolucionando, se espera que la demanda de recursos naturales también aumente. Esto plantea un dilema considerable para las empresas tecnológicas y los responsables de formular políticas ambientales. Si bien los avances en IA pueden generar beneficios significativos en diversos sectores, como la atención médica, la educación y el entretenimiento, también es necesario evaluar el impacto ecológico a largo plazo.

El crecimiento exponencial de la IA podría agravar la crisis climática si no se implementan soluciones sostenibles. Por ejemplo, la búsqueda de fuentes de energía más limpias y eficientes, como la energía solar o eólica, podría ayudar a mitigar el consumo de electricidad en los centros de datos. Asimismo, el uso de técnicas de enfriamiento más eficientes, como la refrigeración líquida directa o el enfriamiento por inmersión, podrían reducir la dependencia del agua y la electricidad en regiones vulnerables.

Hacia una IA más sostenible

Los resultados de este estudio subrayan la importancia de replantear la forma en que se gestionan los recursos naturales en la era de la inteligencia artificial. Las grandes empresas tecnológicas, como OpenAI y Google, tienen la responsabilidad de liderar la transición hacia prácticas más sostenibles. Esto incluye no solo mejorar la eficiencia energética de los centros de datos, sino también desarrollar tecnologías que minimicen el uso de agua en áreas propensas a la sequía.

 

 

Además, los usuarios también juegan un papel crucial. A medida que la conciencia sobre el impacto ambiental de la IA crece, es probable que se generen movimientos que fomenten un uso más responsable de estas tecnologías. Los usuarios podrían optar por limitar el uso de chatbots para tareas esenciales o incluso presionar a las empresas para que implementen prácticas más ecológicas.

En definitiva, el desarrollo de la inteligencia artificial es una realidad inevitable, pero su futuro debe estar alineado con un enfoque sostenible que proteja el medio ambiente. El desafío radica en equilibrar los avances tecnológicos con la necesidad urgente de reducir el impacto ambiental, garantizando que las generaciones futuras puedan disfrutar de los beneficios de la IA sin comprometer los recursos naturales del planeta.

 

El auge de la inteligencia artificial (IA) ha generado avances tecnológicos impresionantes, pero también ha suscitado preocupaciones crecientes sobre su impacto ambiental. Un reciente estudio del Washington Post, en colaboración con investigadores de la Universidad de California en Riverside, revela que el chatbot de IA más popular del momento, ChatGPT, requiere una cantidad considerable de agua y electricidad para funcionar correctamente. Este descubrimiento subraya la necesidad urgente de abordar las consecuencias medioambientales del crecimiento acelerado de esta tecnología.

El costo ambiental de cada respuesta de IA

 

Uno de los datos más sorprendentes del estudio es que por cada correo electrónico de 100 palabras generado por ChatGPT, se consume una cantidad significativa de agua, equivalente a una botella. Esto se debe al proceso que sigue el chatbot para producir respuestas, el cual requiere miles de cálculos en servidores ubicados en centros de datos, que, a su vez, generan calor mientras operan.

 

 

Shaolei Ren, profesor asociado de la Universidad de California en Riverside, explica que, para enfriar los servidores y evitar el sobrecalentamiento, se utiliza agua en torres de refrigeración, en aquellas instalaciones donde los recursos hídricos son más abundantes. Sin embargo, en zonas con menor disponibilidad de agua, la electricidad se convierte en el principal recurso para enfriar los centros de datos mediante sistemas de aire acondicionado, similares a los utilizados en edificios convencionales. Esta variación en el método de enfriamiento se traduce en un impacto ambiental diferente dependiendo de la ubicación del centro de datos y la proximidad del usuario a la instalación.

Variaciones geográficas en el uso de recursos

El estudio también revela que el consumo de agua y electricidad de ChatGPT varía significativamente según la ubicación. En Texas, por ejemplo, ChatGPT necesita 235 mililitros de agua para generar un correo electrónico de 100 palabras, mientras que en Washington, esa misma solicitud requiere hasta 1,408 mililitros de agua, lo que equivale a casi un litro y medio. Estas cifras ilustran la desigualdad en el uso de recursos
 

 

en distintas regiones, lo que genera preocupaciones sobre la sostenibilidad en zonas donde el acceso al agua es limitado.

 

El uso de electricidad también es considerable. Según el análisis del Washington Post, redactar un correo electrónico con ChatGPT requiere la misma cantidad de energía que mantener encendidas una docena de luces LED durante aproximadamente una hora. En un escenario hipotético, si solo el 10% de los estadounidenses utilizara ChatGPT para escribir un correo electrónico una vez a la semana durante un año, el consumo de energía sería equivalente al gasto energético de todos los hogares de Washington D.C. durante 20 días. Esta cantidad, aunque difícil de visualizar a simple vista, resulta alarmante considerando el impacto que podría tener un uso masivo de esta tecnología a escala global.

 

Desafíos de ubicación y métodos de enfriamiento

El estudio también destaca que la ubicación de los centros de datos es un factor clave en la cantidad de recursos naturales consumidos. Los centros de datos situados en regiones cálidas dependen en gran medida de sistemas de aire acondicionado que requieren grandes cantidades de electricidad para mantener las temperaturas bajas. Por otro lado, aquellos que utilizan refrigeración por agua en zonas con escasez de este recurso enfrentan el riesgo de agotar el suministro local, lo que podría tener consecuencias catastróficas en áreas propensas a la sequía.

 

Un ejemplo emblemático es el centro de datos de Google en The Dalles, Oregón, a unos 130 kilómetros al este de Portland. Según documentos compartidos por el periódico local Oregonian, este centro de datos consume casi una cuarta parte del suministro total de agua de la ciudad. Además, Google necesitó 22 millones de litros de agua para entrenar su último modelo de IA, lo que pone de relieve el enorme costo ambiental de entrenar modelos de inteligencia artificial avanzados.
 

 

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