Bogotá, Colombia -Edición: 698

 Fecha: Miércoles 25-09-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel Parra Arias
alfanoticias.opar@gmail.com

 

"A VECES LLEGAN CARTAS"

 

Una nota breve ligeramente nostálgica en recuerdo de unas desaparecidas ilustres a quienes el actual mundo parece sumir en un injusto olvido, mientras las cambia por formas robóticas que jamás podrán reemplazarlas totalmente.

Me refiero a las cartas escritas a mano inicialmente y luego durante varios años recurriendo al invento de la máquina de escribir que al menos permitía al remitente al final de la misiva rubricarla con su firma y alguna alusión garrapateada en un extremo, como angustioso grito final de un recorrido amistoso o amoroso.

Eran las cartas común y corrientes cuyas hojas y sobres se adquirían en la tienda de la esquina por unos pocos centavos junto a las estampillas, para no tener que ir hasta la oficina principal del correo aprovechando los buzones estratégicamente ubicados en los barrios.

 

Esas cartas que se enviaban desde todos los puntos cardinales tenían un misterio que hoy menciono con nostalgia. Era por el efecto de tangibilidad que lograba el acercamiento entre el emisor y el receptor, así hubieren cientos y miles de kilómetros de distancia; igualmente la sensación vital impregnada en cada letra de cada palabra para expresar entre suspiros el dolor por la ausencia del ser querido, el pesar por el que viajó definitivamente o la alegría inmensa por los resultados positivos de una operación quirúrgica o el resultado positivo de la graduación del benjamín de la familia rumbo a los altos senderos universitarios.

 

 

También en papel llegaban algunas precedidas de temores, misivas cortas pero cortantes y contundentes en las que alguien amenazaba a otro o simplemente el gobierno recordaba con demasiada buena memoria incisos del código respecto a algún compromiso demasiado retardado.

Pero al final del pasado siglo las cosas fueron cambiando y muy pronto la internet con todos sus artilugios mágicos de whatsapp, e-mail y otros demostró que el papel era un gasto inútil que solo contribuía a la tala de árboles y que lo virtual valía más que lo tradicionalmente escrito, pues era más directo y más efectivo, prácticamente sin barreras.

De ahí entonces que buscarle romanticismo a un mail o correo electrónico es más difícil y dejar sobre la pantalla de la Tablet o el computador la huella de un beso apasionado y francamente desesperado es otro ejercicio inútil.

El mundo actual, el de los jóvenes millennials es distinto y aunque Cupido continúa trabajando, ya en pensar en un poema, mencionar un atardecer inolvidable preñado de nubes poseídas de tonalidades rojizas entre miradas cómplices que gritan silentes palabras de amor, eso si es casi un imposible.

Ya para terminar se me ocurre referirme a algunas menciones sobre correspondencia -de la antigua, en papel salpicado de algunas lágrimas furtivas- que encuentro en alguna producción musical hablando de cartas: “la carta es para decirte que si podés algún día, vení haceme compañía vos que tanto me quisiste. Que estoy tan solo y tan triste que lloro sin contenerme.....” La cama vacía, canción de Oscar Agudelo q.e.p.d. Y otra referencia respecto a las misivas que el cartero anunciaba con el pito, cuando ya se presentían malas noticias:
 

 

 

“A veces llegan cartas con sabor amargo con sabor a lágrimas.

A veces llegan cartas con olor a espinas que no son románticas

 

Son cartas que te dicen que al estar tan lejos todo es diferente

Son cartas que te hablan de que en la distancia el amor se muere

A veces llegan cartas que te hieren dentro, dentro de tu alma

 

A veces llegan cartas con sabor a gloria

Llenas de esperanza

A veces llegan cartas con olor a rosas que si son fantásticas

Son cartas que te dicen que regreses pronto que desean verte

Son cartas que te hablan de que en la distancia el cariño crece

A veces llegan cartas que te dan la vida

Que te dan la calma”.

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

El Budhismo: Una Práctica, no una Filosofía

 

A menudo, el budhismo es percibido como una compleja filosofía oriental, un sistema de creencias para ser analizado y debatido. Sin embargo, el corazón del budhismo radica en la práctica, en la aplicación de sus enseñanzas en la vida cotidiana.

Budha no era un filósofo, sino un maestro espiritual que buscaba aliviar el sufrimiento humano. Sus enseñanzas, aunque profundas y sofisticadas, están diseñadas para ser vividas, no solo comprendidas intelectualmente. La meditación, la atención plena y la compasión son herramientas prácticas para cultivar una mente tranquila y un corazón abierto.

¿Por qué el budhismo va más allá de la teoría?

* La experiencia personal: El budhismo enfatiza la experiencia directa de la realidad. Las verdades últimas no se pueden comprender solo a través del pensamiento, sino a través de la práctica y la introspección.

* El camino hacia la liberación: El objetivo del budhismo es la liberación del sufrimiento. Esta liberación no se logra a través del conocimiento intelectual, sino a través de la transformación de la mente y del corazón.

* La importancia de la comunidad: La práctica budhista se realiza en comunidad. El apoyo mutuo y el intercambio de experiencias son fundamentales para el crecimiento espiritual.

Vivir el budhismo en el día a día

Incorporar las enseñanzas budhistas en la vida diaria puede ser tan simple como:

* Practicar la atención plena: Estar presente en cada momento, sin juzgar.

* Cultivar la compasión: Sentir empatía por todos los seres sintientes.

* Liberarse del apego: Desprenderse de las cosas materiales y de las ideas fijas.

* Practicar la paciencia: Aceptar las cosas como son, sin resistirse.

En conclusión, el budhismo no es una religión, sino una práctica dinámica que evoluciona con cada individuo. Es un camino hacia la autodescubrimiento y la transformación personal. Al vivir las enseñanzas budhistas, podemos encontrar una mayor paz interior y una conexión más profunda con nosotros mismos y con los demás.
 

Preguntas para reflexionar:

* ¿Cómo puedo incorporar la práctica de la atención plena en mi vida diaria?

 

 

 

* ¿Qué significa la compasión para mí?

* ¿De qué puedo soltarme para encontrar una mayor libertad?

Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.

 

Derechos Humanos y responsabilidad

Por: Guillermo Navarrete Hernandez

 

La responsabilidad es un vocablo que se suele utilizar para determinar el grado de cumplimiento de un individuo u organización acerca de los compromisos, deberes, obligaciones adquiridas y de garantizar la satisfacción de necesidades de personas que hacen parte de su entorno. Su origen puede ser explícito por relaciones contractuales o legales o implícito derivado de costumbres, valores o principios. Implica asumir las consecuencias de los actos que se cometan, pero también la capacidad de discernir sobre lo justo e injusto, de crear condiciones de bienestar o de dañar al tomar decisiones. Es, en la práctica, una restricción propia o impuesta por el entorno de la libertad.

 

Sócrates a partir de su máxima “es mejor sufrir una injusticia que cometerla”, abre la polémica acerca de sí es mejor infligirse menoscabo, lo que de por sí es una injusticia, o evitar el sufrimiento de otra persona. Este filósofo griego que aceptó su muerte antes que renegar de sus ideas, representa la coherencia frente a sus convicciones, tanto personales como de la solidez de las instituciones democráticas helenas. Paradoja que valdría la pena plantearle a políticos, dirigentes o personas en general que anteponen sus intereses personales sobre los de sus congéneres, en especial cuando con dicha actitud generan daño y sufrimiento.

 

Según Immanuel Kant, la responsabilidad, como imperativo ético, es una virtud que poseen los seres humanos para acometer conductas que puedan ser aceptadas por los demás integrantes de la sociedad. Posturas que se constituyen en la posibilidad que tienen las personas de aceptar las reglas morales o legales por injustas que parezcan.

 

Junto a la responsabilidad, está la culpa (de la que me ocuparé en otro escrito), sentimiento de dolor que padece el ser mismo al percibir que este es justo o merecido cuando comete una falta y que puede conducir al reconocimiento de esta y su resarcimiento, pero que también puede afectar negativamente el bienestar emocional de las personas. Responsabilidad y culpa han sido objeto de desarrollos normativos desde tiempos inmemoriales, precisamente para garantizar la libertad, la dignidad, la convivencia y la resolución de conflictos, aspectos centrales de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada en 1948, después de los atroces hechos acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial y de los juicios de Núremberg en contra de los dirigentes Nazis, perpetradores de delitos contra la humanidad.

 

Deviene desde dicho ámbito, la responsabilidad estatal referida a la obligación de respetar, proteger y promocionar los derechos humanos, lo que implica la adopción de normas, políticas y medidas que garanticen su pleno goce, así como su cumplimiento en todos los órdenes. Por eso, los procesos de divulgación y formación en esta materia se convierten en determinantes, no solo para que los servidores y contratistas y la población en general, apropien su conocimiento y la generación de conciencia sobre los deberes individuales y colectivos aplicados.

En términos de conflicto armado, la responsabilidad se extiende al respeto por las normas del Derecho Internacional Humanitario y por ende a evitar la comisión de delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra tipificados por el Estatuto de Roma adoptado en el año el 1998 y que para Colombia entró en vigor a partir del 1° de noviembre de 1992.

 

 

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