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EDITORIAL
Juventudes
prestadas
La juventud
resulta ser un amasijo de atrevimientos, soberbias y demás males
del hombre. La juventud siempre se marca por la creencia que los
conceptos, visiones o anhelos que se poseen son los correctos y
por tanto la única forma de hacer las cosas. Es así como la
juventud comienza a fallar, pero, fallar no implica un problema.
de hecho, es una necesidad, entre más erra un joven más aprende,
más comprende la naturaleza del mundo a donde fue arrojado.
En este juego de fallar, el joven pasa a volverse un adulto que
comprende como funciona su mundo, sin embargo, este fallar y
aprender a comenzado a desvalorizarce, ahora, fallar no es una
cuestión personal sino, que la culpa suele recaer en el mundo al
cual fue arrojado, y maldiciendo al mismo los jóvenes de la
actualidad, por no decir su mayoría, deciden decantar en el
pesimismo y en la presión social para crear una figura
de madurez impropia, desarrollando así las habilidades que les
son importantes a la imagen que tiene que dar al mundo y no las
habilidades que ellos como sujetos deben desarrollar. Generando
de esta manera jóvenes con identidades y problemáticas prestadas
o simplemente impropias.
Con la fuerza de las redes sociales el mundo ha construido un
modo de ser en los jóvenes que les impide conocerse a sí mismos,
a aspirar a sueños que no les pertenecen pero que desean poder
vivir, por el simple acto que es lo más elegante a lo cual
aspirar, moralmente hablando.
Pero, ¿qué tipo de mundo nos espera? cuando aquellos que
construirán el mismo, deben escuchar quien les diga que deben
desear y anhelar y desproporcionado de cualquier experiencia
vital, que les ayude a reconocerse como sujetos con autonomía,
ya que sus experiencias siempre tendrán que encajar en lo
politicamente, o moralmente obligatorio para un sujeto de
nuestro siglo.

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La corrupción, un virus al que hay que vacunar

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Hay una sola
clase que se mueve por el planeta y que está representada por el
ser humano. La diferencia entre unos y otros es su quehacer
diario y sus ambiciones futuras. Desde principio a fin todos
tenemos un comienzo y un final donde los dos extremos vienen sin
nada material. Solo su intelecto que los hace distintos los unos
de los otros.
Si una sociedad es primitiva, ella se mueve al ritmo de sus
necesidades y sobreviven según la fuerza de su naturaleza
individual. Aquí no hay un dios salvador o una vida eterna
después del final. Todos somos iguales al final del ciclo vital.
En la estela de la evolución unos están adelante, otros en el
mismo lugar, otros en proceso de aprendizaje y acumulación de
experiencias y los más avanzados viviendo de ese conocimiento y
observando al resto del mundo en su lucha por alcanzar lo que
creen que carecen para llenar ese vacío interior y vivir
cómodamente.
La ambición de unos, estos que no tienen capacidad de entender
lo que es la vida, se lanzan al encuentro con otros como ellos a
fastidiar al resto de la humanidad en la adquisición de bienes
que creen que los harán felices. Pero así no funciona la
naturaleza humana.
Las grandes riquezas existentes en estos días en el mundo se han
logrado por golpes de suerte y el manejo de la tecnología. Ahora
ellos no saben qué hacer con esas fortunas y tratan de
repartirlas dentro de sociedades en desigualdad de calidad de
vida.
Con la corrupción no se hacen grandes fortunas, ella hace más
daño a su alrededor y afecta la vida de cientos de personas. La
ignorancia promueve estos actos corruptivos y por eso las
cárceles están ocupadas por estos criminales sociales.
La corrupción en los Estados nace por el mal manejo de las leyes
sobre la cotidianidad de la vida. La gente no quiere pagar por
algo que consideran que debe estar exenta de impuestos o que el
precio es elevado. Las aduanas son los mayores generadores de
corrupción, Además los impuestos establecidos son otro dolor de
cabeza para los usuarios y dueños de empresas. Siempre están
evadiendo el pago de ellos y recibiendo en efectivo los pagos.
Otra de las modalidades es el porcentaje que cobren los
políticos por sus servicios y el pago a quienes financiaron sus
campañas políticas. Todo esto es un círculo vicioso que jamás va
a parar.
Al final del día, todos somos corruptos sin haberlo pensado dos
veces.
Hay que revisar nuestra agenda de sobrevivencia y madurar
intelectualmente |
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para poder hacer los correctivos necesarios que permitan que
nuestra vida esté un poco limpia de tanta suciedad que nos
rodea.
Hay sociedades que han logrado avanzar lentamente en su
integración hacia una calidad de vida libre de sobresaltos,
desconfianzas entre unos y otros y vivir con las puertas
abiertas porque no hay temor de ser asaltados por un desubicado
social.
DESAPARECERÁN LOS TRADUCTORES
Crónica #973

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=UigWLO4EkdY
Fui negado para aprender otro idioma. No se
entonces cuántas horas preciosas de mi infancia y adolescencia,
y en especial de mi vida universitaria, me gasté tratando de
hacer lo imposible o aprendiéndome de memoria para pasar los
exámenes.
Si las hubiese utilizado para leer más y más, el provecho habría
sido mayúsculo. Desde aquél remoto cuarto de primaria, cuando a
mi padre le pareció que yo aprendiera el inglés que en el
colegio no era materia hasta segundo bachillerato, fui el
pereque para todos aquellos que en el escaso mundo tulueño de la
década del 50 podrían darme clases particulares.
No hubo forma de que soltara la lengua. Recuerdo la cara de don
Oscar de la Cruz o de los esposos Samuel y Cuny Arias, cuando se
convencían que yo era una tapia en el aprendizaje de la lengua
de Shakespeare.
Y ni qué decir de los trabajos que pasé para superar los
exámenes de francés, griego y latín, que obligaban en mis
estudios de Letras en la Univalle.
Por eso, tal vez, ahora que veo las ofertas de Alkosto de
celulares de casi 10 millones de pesos que hacen traducción
múltiple y leo que la fatídica o redentora IA (inteligencia
ajena, como la llama Harari en su último libro) va a permitir
que el multilingüismo sea general, pienso en los trabajos que
pasaron varios de los traductores de mis novelas cuando
insistían que les explicara muchas de las palabras tan
colombianas, tan vallunas o tan tulueñas para encontrar la
traducción apropiada.
Pienso en tres de ellos, en el doctor Tittler, en Ecaterina
Popescu Sova o en Enrico Cicogna, cuando coronaban en limpio el
maremágnum de mis dichos y diretes o en los desconocidos
traductores que me llevaron al chino, al rumano o al alemán.
Su oficio, invaluable entonces, está siendo reemplazado a
velocidades vertiginosas, por los computadores traductores
inmediatos, que dizque lo hacen mejor que los seres humanos.
¿Cuanto será lo que nos faltará por ver reemplazado en el
inmediato futuro?
El Porce, septiembre 27 del 2024
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