Bogotá, Colombia -Edición: 700

 Fecha: Domingo 29-09-2024

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Política

 

Aquello que concierne a la totalidad de los ciudadanos de una nación es lo que se puede definir como la política. Es pues, un tema de conversación de todos, ya que se refiere a la libertad de cada uno de examinar ese tema conforme a sus propios pensamientos e intereses, y por lo mismo, de agruparse con los que le son afines en movimientos, asociaciones y partidos para apoyar o estar en contra de las mayorías o de las minorías que en el gobierno del Estado dialogan respecto del interés general y del bien público.

 

Al conjunto de la sociedad le es imposible evadir el dialogo respecto de las políticas públicas puesto que sin lugar a duda toda medida político administrativa puede acabar beneficiando a unos pocos y perjudicando a la gran mayoría, o lo contrario, beneficiando a la gran mayoría y perjudicando a unos pocos, ya que la regla de oro democrática es aquella que reza que prevalence el interés general sobre el particular en los regímenes plutócratas, es decir en el que gobiernan los ricos, pero esta regla no se cumple.

 

La política pública debe de ser un proceso constituyente que integra formas de pensar y de sentir diferenciadas para que con la acción participativa de la ciudadanía las autoridades de las tres ramas del poder público, acuerden los procedimientos mediante los cuales se pretende asegurar los fines esenciales del Estado que corresponden a la garantía de otorgar universales derechos a todas las personas que a diario habitan el territorio nacional, o prevenir una situación definida como potencialmente problemática.

El principio fundamental que reconoce que Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, tiene en su deber ser, la ausencia de políticas públicas orientadas por la rama del poder público ejecutivo en beneficio de los pobladores y de la naturaleza que comparten los atributos naturales de la tierra y el trabajo, ya que estos son la fuente de la riqueza que abastecen las rentas del Estado, cuya finalidad es, desde la perspectiva del derecho la justicia social y ambiental.

Muchas voces en Colombia se refieren a la política, cómo la “politiquería”, término este que hace referencia a los políticos profesionales que han constituido un cartel de contratación con el Estado corrupto y criminal, parasitando las rentas del Estado y apropiándose de manera fraudulenta de las ganancias del trabajo colectivo de la Nación mediante interpretaciones jurídicas lesivas al interés general. Esta condición prevalece por la ausencia de políticas públicas que garanticen la igualdad de los derechos de todas las personas y de la naturaleza ante la constitución y las leyes.

En Colombia la ausencia de políticas públicas concertadas para ser implementadas en el corto, mediano y largo plazo han derivado en argumentaciones proclives a la demagogia y al populismo, con los que se adula al pueblo concediéndole la razón mediante la opinión pública que dicen representar los voceros de los medios hegemónicos de comunicación, hoy en manos de banqueros y empresarios privados que en defensa de sus interés particulares ante el Estado social de derecho, anteponen el estado social de opinión, en el que ciertamente, como lo dijo Kid Pambelé, “es mejor ser rico que ser pobre”.

 

 

 

Segunda Columna
Los impuestos y la mano siniestra del establecimiento

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Nadie debería pagar impuestos porque ellos son una imposición del establecimiento que solo beneficia a los políticos, la burocracia y su camarilla.

 

El concepto del impuesto en la actualidad se considera una contribución del ciudadano al erario para que con esos dineros recaudados sean usados para la infraestructura de la nación, el bienestar social, capitalización del Estado y la seguridad del Estado y la sociedad. Bajo esta primicia los recaudos deben ser dirigidos.

 

Una nación existe porque en ella hay una sociedad que se identifica entre sí con una misma idiosincrasia. Esto es lo que une a un pueblo a luchar por el bienestar de todos.

Los impuestos nacen como una obligación que le impone el presunto gobernante a un pueblo que considera que ha conquistado para él usufructuar esos impuestos y pagar a quienes lo apoyan para que se mantenga en el poder.

La sociedad por carecer de independencia, libertad y autonomía acepta estar obligada a pagar lo que el gobernante le imponga. Y esto ha funcionado por siglos por el temor que le imponen al pueblo. Revelarse contra esta imposición significa cárcel o pérdida de sus bienes. Así ha funcionado y sigue funcionando.

La sociedad aprendió a jugarle sucio al establecimiento, porque este es el mayor fomentador y creador del crimen organizado. Porque crea en cada individuo un criminal en potencia para poder subsistir en este tipo de sociedad. Todos somos criminales porque de una u otra forma infringimos las leyes de pago de impuestos.

Quién no ha evadido pagar impuestos, o qué empresario prefiere recibir en efectivo y así no declarar lo realmente ganado. El contrabando es parte de esta evasión de impuestos, de igual manera el tráfico de estupefacientes y todo negocio de alto riesgo está envuelto en la evasión de impuestos.

Los políticos son los expertos en estas lides porque ellos son los que manejan los capitales que colectan de impuestos. Por esta razón es imposible acabar con la corrupción.

También hay que entender que la democracia es la madre de la corrupción porque ella es la que establece la forma de negociación entre enemigos y llegar a acuerdos para poder asumir el control del establecimiento. Si no hay negociación no hay democracia y al final el pueblo como elector es el que impone a su propio verdugo.

Cuando se paga entre 16 y 19 por ciento de impuestos del IVA, más los impuestos agregados como predial, valorización, 4x1000, declaración de la renta y todo lo demás que se inventan. Con ese pago usted está sosteniendo todo el establecimiento porque si suma el total de dinero que usted gana al año y a ese dinero le resta el 16 o

 

 

 

19 por ciento que paga de impuesto y sumando toda la población del país que lo está pagando, podrá obtener una cifra muy grande. Pero ese dinero termina en manos de los políticos y no en su bienestar.

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Nexus
De Harari
Editada por Debate

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=9JZHbf5Re4w

 

Leer este libro abruma hasta los tuétanos. Respira pesimismo por todas partes aunque a veces, en su cascada de terrores, plantea algunas soluciones casi todas inverosímiles.

 

Es el compendio de un sabio en 471 páginas de texto (y 173 de notas bibliográficas) pero en un lenguaje muy lejano del fácil y agradable de sus otros libros bestseller como Sapiens y Homodeus.

Tal vez es un libro que hay que leer y hasta releer muchos pedazos para poder entender a donde se está precipitando el mundo con la dictadura de los computadores, los algoritmos y la IA, que él llama Inteligencia Ajena.

Es la historia de la comunicación desde el punto de vista crítico, no del que tiene el otro libro de moda que pretende quizás lo mismo, (El paréntesis de Gutenberg) de Jarvis, que explica la historia del impreso desde los comienzos de la imprenta hasta la asustadora IA.

Harari plantea muchas revisiones acertadas del pasado y cuenta con lentitud como el odio lo siembran los algoritmos, como se abre paso la carrera por las puntuaciones sociales manejadas por ellos y como estamos muy cerca de la creación de mitologías intercomputacionales, que serán mucho más complejas y ajenas que cualquier dios de creación humana.

Advierte, eso sí, que los beneficios de esa red que se está construyendo aceleradamente pueden ser enormes, pero que también podrían acabar con la civilización humana.

El peligro, lo explica un poco enmarañado, es que los computadores y los algoritmos pueden reconocer emociones humanas mejor que los propios humanos, precisamente porque no tienen emociones. Tiene ejemplos abofeteadores como el del carro sin chofer que mata a un transeúnte por no matar un gato o el de considerar que si tres años de altas tasas de desempleo pudieron llevar a Hitler al poder, es inimaginable hasta dónde puede llegar el desorden mundial con la crisis interminable del desempleo laboral que los algoritmos y la IA decretarán inevitablemente.

Es un libro cargado de las comparaciones históricas del profesor de historia de Cambridge que es Harari, pero es tan pesimista en su proyección futurista que lo más barato que nos garantiza es la anarquía digital o la resurrección de la torre de Babel porque cada fabricante de ordenadores terminará hablando su propio idioma y el mundo estará dividido no por otra cortina de hierro, sino por una de silicio.

El Porce, septiembre 29 del 2024

 

 

 

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