Bogotá, Colombia -Edición: 701

 Fecha: Miércoles 02-10-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

El contrato de la paz

 

La paz es el producto de intercambio más antiguo y eficiente de la historia. Desde el principio de las civilizaciones el deseo de la paz ha sido el lienzo desde donde se crean las grandes estructuras culturales, en donde los integrantes de una sociedad inscriben lo que para ellos es la paz, oculto bajo los deseos que manifiesta. Pero, en este juego de conseguir el producto llamado paz se entrega otra característica propia del ser humano su libertad, ya muy bien Hobbes anunciaba este intercambio social, uno en donde en busca de obtener tranquilidad o paz, el ser humano entregaba su libre albedrío, sus derechos naturales y demás, es decir la libertad total. Sin embargo esta libertad no sólo se intercambia sino que pasa a formas parte de otra libertad que ahora tiene la libertad de todos los seres a los cuales les brinda paz.

 

Estas libertades adquiridas son la razón de los grandes poderes actuales. No obstante, este intercambio se da siempre desde un contrato constante, es decir, siempre y cuando se adquiera paz, la libertad del sujeto es limitada por su proveedor, pero ¿este contrato se cumple en la actualidad? ¿Colombia tiene paz? en efecto,una negativa siempre es la respuesta, en todo el país; de norte a sur, de oeste a este y en todas las combinaciones posibles, colombia es un país con poseedores de un contrato que no se está cumpliendo, pero que si se le está cobrando, pues la libertad sigue siendo exigida, actuar siempre de acuerdo a la voz de las grandes reglas que nos rigen y dicen como ser.

La conclusión de esta reflexión es que somos acreedores de un contrato incumplido, promoviendo de esta manera la necesidad de exigir nuestra libertad para así volverla a intercambiar de nuevo, con alguien que sí cumpla el contrato que me traiga paz.

Que nuestra libertad regrese significa la posibilidad de una reorganización de principios y bases de lo que entiendo como paz y no simplemente seguir adquiriendo una paz anticuada y vieja, que ya impide que mi intercambio sea equivalente.

 

 

 

 

La mafia que controla el establecimiento

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

La gran mayoría de los ciudadanos se acostumbraron a vivir bajo la dominación de una casta que decide sobre los intereses del resto de los ciudadanos. Siempre fue así y se ha considerado como una cosa normal en el diario vivir.

Hemos evolucionado intelectualmente y físicamente, ya no somos primates que carecemos de la capacidad de raciocinio kantiano y mucho menos ahora de la razonabilidad que planteo filosóficamente.

El poder que ejercen ciertos individuos sobre los demás seres no nace de un derecho divino sino de una actuación humana montada en una creencia religiosa para poder manipular a quienes carecen de la habilidad de razonar y rechazar las pretensiones de quien se cree con los derechos sobre los demás.

La palabra mafia nace en los albores del siglo 20 en Sicilia, Italia, en medio de una guerra entre Estados y luego se transforma en una organización privada de interés económico paralela al poder del gobierno. Este concepto ha perdurado hasta nuestros días porque es una simbiosis que es difícil eliminar por los miles de intereses individuales que están en juego económico en ambas partes.

Hemos evolucionado biológicamente y somos más fuertes y resistentes a las epidemias y a los ataques que entre ambos bandos se propinan. Pero en el campo intelectual carecemos de decisiones ágiles que nos permitan contrarrestar el manoseo que a diario nos hacen quienes elegimos y nos arrebatan bajo coerción nuestros derechos y plusvalía que todos tenemos de nuestro trabajo.

Quienes manejan el establecimiento a nuestro nombre es una organización interna, estilo mafia, para poder quitarnos toda nuestra productividad para que ellos puedan vivir a expensas de nuestro trabajo.

Nadie se da por enterado de lo que está sucediendo, calla la gran mayoría y los que tienen el poder de rebelarse se sienten intimidados por el poder de coerción que ejercen quienes legislan y administran la cosa pública

La sociedad tiene el poder porque ella es el gobierno, el establecimiento, y quien vota y el que al final decide cual es el verdadero camino a seguir. Pero el temor como sucede cuando la mafia entra a cobrar por protección, todos pagan para no ser heridos, encarcelados o multados por los cobradores del erario.

Si se continúa bajo este terror y la gente no

 

 

 

asume su responsabilidad, es como si el rebaño de ovejas fueran cuidadas por lobos feroces que no dejan escapar ningún nacimiento del que no puedan sacar provecho.

 

HELICÓPTEROS FRÁGILES
Crónica #976

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=5lV-cFAwmLk

 

¿Por qué se están cayendo los helicópteros al gobierno Petro? Hasta ahora no se saben las razones verdaderas porque seguramente los complicados informes aeronáuticos se demoran habitualmente meses de comprobación y rastreo.

Pero como en este año ya van 4 helicópteros pertenecientes a las Fuerzas Armadas de Colombia que se han estrellado, hasta el más sonso de los frenéticos defensores de la gestión gubernamental se debe estar haciendo la misma pregunta.

Y ni qué decir de los integrantes de la desordenada, cuando no arrevesada, oposición al presidente que tratan de encontrar tanto en los errores de los administradores de la cosa pública como en cualquier otra secuencia, un ladrillo para pegar en la trinchera imaginaria conque pretenden atajar el crecimiento de las huestes izquierdistas.

Pero lo que si nadie discute es que, a lo menos, los helicópteros de las fuerzas del orden presentan una repetida fragilidad que ha posibilitado la caída de 6 de ellos durante el gobierno del presidente Petro.

El Bell UH1N del Ejército caído en Quibdó en marzo del 2023. El MI 17 del Batallón Bomboná del Ejército caído en Anorí en octubre de ese año. Un Black Hawk del Ejército, estrellado en Unguía el 5 de febrero de este año. El otro Black Hawk de la Policía estrellado en Caramanta 17 días después. El MI 17 del Ejército caído en Arenal, Bolívar, el 29 de abril de este año y el Huey II estrellado en el Vichada el domingo, son desde cualquier punto de vista demasiados para no tomar medidas drásticas.

Si no existe el mantenimiento debido por razones geopolíticas o financieras. Si no hay repuestos, o existe una preparación deficiente en quienes los pilotean. Cualquiera que sean las causas, resultan demasiados eventos en tan poco tiempo como para que no se considere en ordenar que mientras no se revisen debidamente se queden todos en tierra. No es congruente ver morir a tantos servidores del Estado por falta de una determinación radical y eficaz del gobernante.

El Porce, octubre 2 del 2024

 

 

 

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