Bogotá, Colombia -Edición: 703

 Fecha: Domingo 06-10-2024

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

La radio en la era de la globalización: entre lo digital y lo eterno

Por: Jairo Fernando Zarama Venegas

 

En un mundo donde la tecnología avanza a velocidades vertiginosas, la radio ha demostrado ser mucho más que un simple medio de comunicación. Ha sido un puente entre culturas, un acompañante fiel en los momentos más cotidianos y un vehículo poderoso para transmitir emociones, ideas e información. Y aunque hoy vivimos inmersos en la era digital, donde todo parece estar al alcance de un clic, la radio analógica, lejos de desvanecerse, ha encontrado formas de reinventarse, manteniendo su esencia inquebrantable.

La globalización ha dado paso a un fenómeno fascinante: la radio digital. Plataformas en línea, aplicaciones móviles, y podcasts se han multiplicado, permitiendo a oyentes de cualquier rincón del planeta sintonizar emisoras de todo el mundo en tiempo real. La radio digital ha roto barreras geográficas, llevándonos a lugares donde antes las ondas no podían llegar. Además, ha permitido la creación de contenido más segmentado, ajustado a nichos específicos, y ha facilitado la interacción instantánea entre los oyentes y los locutores. Sin duda, la radio digital ha ganado un espacio importante, conquistando nuevas generaciones que se sumergen en este formato, consumiéndolo cuando y donde quieran.

Pero en medio de esta revolución digital, la radio analógica sigue latiendo, más viva que nunca. Para muchos, la magia de girar el dial, la imperfección de las interferencias y la sensación de estar conectado a una frecuencia que parece única e irrepetible, siguen siendo incomparables. La radio de siempre, aquella que acompañó a generaciones en sus mañanas, que brindó consuelo en noches solitarias y que celebró triunfos colectivos, ha demostrado una capacidad de adaptación admirable.

Lejos de desaparecer, la radio analógica ha encontrado en su autenticidad un valor que se vuelve más preciado en la era digital. Las emisoras tradicionales han abrazado las nuevas tecnologías sin perder su identidad, transmitiendo en frecuencias FM y AM, pero también expandiendo su alcance a través de plataformas de streaming. Es un medio que ha logrado lo que muchos pensaron imposible: combinar lo mejor de ambos mundos. A través de la sinergia entre lo digital y lo analógico, la radio continúa siendo un medio masivo, con un poder de convocatoria insuperable.

 

 

Además, la radio analógica ha mantenido su rol fundamental en situaciones de emergencia, en lugares donde el acceso a internet es limitado o inexistente. En esos momentos, la radio sigue siendo la primera en llegar y la última en irse, entregando información vital. En un mundo donde lo inmediato es la norma, la radio tradicional representa esa conexión cercana, casi íntima, que es difícil de replicar en lo digital.
 

 

 

La globalización ha llevado a la radio a un escenario mundial donde las posibilidades son infinitas. Pero en ese inmenso panorama, la radio analógica nos recuerda algo fundamental: no todo tiene que ser rápido, no todo tiene que ser inmediato. A veces, lo que nos conecta verdaderamente es lo que nos permite detenernos, escuchar con atención, y sentir que, por un momento, esa voz que atraviesa las ondas es solo para nosotros.

 

Y así, la radio analógica no solo sobrevive, sino que se reinventa. Su esencia siempre ha sido la misma: la capacidad de contar historias, de acompañar, de informar y entretener. En un futuro donde lo digital seguirá ganando terreno, podemos estar seguros de algo: la radio nunca desaparecerá. Su capacidad de adaptarse a los tiempos y su conexión inigualable con las personas la mantendrán en pie, como un faro que sigue iluminando en medio de la tormenta tecnológica.

 

La radio ha sido, y siempre será, un reflejo del mundo. En su versión digital, es una ventana global; en su versión analógica, es el latido cercano que jamás nos abandonará.

 

 

La ley educativa

Por: Edgar Cabezas

 

La filosofía inculca al yo la verdad. ¿Cuál es el cuento de la verdad? La verdad única y verdadera es aquella que el ser manifiesta cuando se ve a sí mismo frente al espejo o cuando en intimidad hace introspección y se valora respecto de la coherencia con el ser en sí mismo y se siente y se piensa reconciliado, tranquilo, imperturbado, viviendo en paz y satisfecho, en armoniosa intimidad; incluso ante la sospecha de infidelidad depositar en un cofre sellado los secretos, ante el propio yo.

Vivir la vida en verdad con la verdad de otros es el sometimiento que impone la vida cultural a los sujetos del género cualquiera que sea. Aún así las personas, el yo de cada uno, ante la pregunta de la verdad responde a la comisión de la verdad, con que es justo reconocer la diversidad de verdades que en el horizonte cultural se representan para poder convivir con ellas de manera civilizada a través de solucionar los conflictos dialogando.

La ley de la educación debe reconocer que la transmisión de la sabiduría civilizatoria es el dialogo. Un dialogo que posibilite comprender a cada ser humano la historia a la que pertenece. Las hipótesis de su evolución, los instrumentos tecnológicos que se fueron apropiando, las ciencias y su poder energético, las artes que enaltecen la percepción de la belleza y el riesgo planetario al interior del sistema solar.

Es necesario sumarse a las voces de quienes comparten los magníficos avances de bienestar que las naciones del mundo han logrado, merced al Estado. Pero a su vez también sumarse a las voces de quienes sostienen que en los contenidos de la educación el Estado no bebe intervenir. Sin embargo, ¿en qué si debe intervenir el Estado? En aportar la visión que se tiene de la diversidad étnica y cultural de las poblaciones que habitan los territorios en ciudades y municipios, sus derechos, deberes, obligaciones y los procedimientos de relacionamiento comunitario.

 

El Estado es el responsable de asegurar y mantener el cuerpo de educandos de la nación, la nómina de empleados de magisterio de la educación tanto como de la construcción y mantenimiento de la infraestructura educativa.
 

 

 

El principio de la educación es la colaboración, el aprendizaje en grupo, los vínculos que se establecen con los compañeros de estudio en cada uno de los grados de la enseñanza para conocer la sociedad en la que se vive y saber mediante habilidades y capacidades manejar y operar los instrumentos científicos y tecnológicos al servicio del bienestar, la adaptación a la variable climática y la evolución humana cuando les corresponda asumir trabajos, funciones y deberes.

Los educadores del presente deben ir sacando su materia fuera del salón de clase. La clase a la vida. Hay que tener clase para estar en clase, porque se tiene que aprender a ser porque somos siendo cada pueblo en su territorio, se está embelleciendo el entorno, purificando el ambiente, aprendiendo los saberes tradicionales, las artes, los oficios y la ciencia con el amor propio que brinda la vida.

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

"La Semilla y el Arbol"

 

En un pequeño pueblo al pie de una montaña sagrada, vivía un joven llamado Kai. A pesar de su corta edad, Kai se sentía inquieto. Observaba a los monjes en el templo, sus rostros serenos y sus ojos llenos de sabiduría, y anhelaba encontrar la paz que ellos irradiaban.

Un día, Kai se acercó al monje más anciano del templo. "Maestro," comenzó, "veo que ustedes viven en paz, ¿cómo lo logran?" El monje sonrió y, sin dudarlo, le ofreció una semilla. "Planta esta semilla en tu jardín y cuídala," dijo. "Observa su crecimiento y aprenderás mucho."

Kai, intrigado, plantó la semilla y la regaba a diario. Los días se convertían en semanas, y la semilla finalmente brotó, dando lugar a un pequeño árbol. Kai observaba con asombro cómo el árbol crecía, enfrentando el sol, la lluvia y el viento. A veces, las ramas se quebraban o las hojas se marchitaban, pero el árbol siempre se recuperaba.

Con el tiempo, Kai comprendió la metáfora. La semilla era su mente, llena de dudas y anhelos. El árbol era su vida, con sus altibajos y desafíos. Al igual que el árbol, él debía aprender a ser flexible, a aceptar el cambio y a encontrar fuerza en la adversidad.

Un día, una fuerte tormenta azotó el pueblo. Kai se despertó con el sonido de la lluvia y el viento. Corrió al jardín y encontró su árbol, doblado casi hasta el suelo. Con el corazón encogido, intentó enderezarlo, pero el árbol estaba demasiado débil.

En ese momento, el monje anciano se acercó a él. "Kai," dijo, "el árbol no se ha roto. Se ha doblado para resistir la tormenta. Así como este árbol, tú también debes aprender a flexionar tu mente y tu espíritu cuando la vida te presente desafíos."

Kai comprendió entonces que la verdadera fuerza no estaba en la rigidez, sino en la capacidad de adaptarse y crecer. A partir de ese día, Kai cultivó la paciencia, la compasión y la sabiduría, siguiendo las enseñanzas del Buda. Y así, encontró la paz interior que tanto anhelaba.

Si tienes alguna inquietud o comentario, no dudes en ponerte en contacto conmigo al correo gongparabsel@gmail.com o al WhatsApp +57 314 623 83 08.

 

 

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