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EDITORIAL
El cambio
está en la acción colectiva
Los cambios sociales,
económicos, culturales y ambientales no provienen de las
instituciones estatales, sino de las acciones colectivas del
pueblo, de la diversidad étnica y cultural que habita los
territorios. Las revoluciones, al ser transformaciones profundas,
no surgen por decreto ni son dirigidas por los entes del Estado,
pues estos tienden a preservar el orden existente. Las
transformaciones se gestan desde la conciencia de las personas y
su trabajo en pro de un bienestar comunitario.
Un cambio fundamental radica en transformar la mentalidad
individualista instaurada por el capitalismo, que promueve la
competencia y justifica la violación de derechos en nombre de la
libertad y la propiedad privada. En su lugar, se debe fomentar
una mentalidad asociativa, donde la libertad se base en el
respeto mutuo y la propiedad privada se integre en un bien común
que permita la convivencia armónica con el entorno.
El verdadero cambio ocurre a través de hechos concretos que
responden a las necesidades de las comunidades, como la
construcción de infraestructuras públicas o la protección del
medio ambiente. Estas acciones deben surgir de la organización
comunitaria y su capacidad para identificar y resolver sus
propias necesidades, mediante medios como el ahorro solidario o
las mingas comunitarias. Aunque las comunidades ya saben cómo
abordar estos problemas, a menudo falta la confianza para actuar
sin depender de agentes externos.
La clave está en la creación
de planes de desarrollo comunitario, que incluyan la
participación de comités organizados para diseñar, financiar y
ejecutar proyectos. Estos esfuerzos deben estar acompañados de
metas claras y responsables, con un enfoque colaborativo en cada
territorio.
El pueblo es el que tiene el poder de dirigir las grandes
transformaciones que demanda el contexto actual, especialmente
en la lucha contra la violencia y la corrupción. Solo si el
pueblo sabe ejercer ese poder, podrá lograrse la paz y la
convivencia en cada territorio.

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La diplomacia y el abrazo entre
enemigos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
La antigua Roma vivía bajo una
diplomacia que hacía creer a todos que vivían en paz. Fueron
muchos los episodios en su historia que mostraba que esa
diplomacia era el juego de cartas o en términos de hoy a la
ruleta rusa.
En política no hay amigos, hay
socios en el crimen organizado que les permite sobrevivir cuando
las aguas están tranquilas. Y este es un arte que se aprende
jugando con candela. Nicolás de Maquiavelo nos enseñó cómo
navegar por esos pantanos y arenas movedizas.
En uno de mis libros que más se leen y piratean, “Los Textos”,
para actuar y razonar sabiamente, recopiló el pensamiento de
tres mil años del manejo de las relaciones entre humanos y cómo
sobrevivir. No es fácil en la actualidad convivir en esta selva
donde crecen todos los aciertos y desaciertos, más en la
política donde la ética y principios no existen, sino la
expresión CVY que es normal en cada negociación.
En Colombia se ha logrado avanzar en la diplomacia, más por
experiencia que por formación académica. Ya inclusive las
organizaciones criminales llaman a la víctima después de cometer
el crimen a negociar lo que han hurtado o antes de cometer el
asesinato. Todo esto sucede porque el establecimiento nunca puso
atención a que el criminal podría organizarse con mayor
tecnología que el mismo estado.
En ese sentido los gringos llevan una ventaja en las
organizaciones que ellos manejan. Ellos pagan por desarrollar
tecnología y contratan expertos criminales para perseguir a
otros criminales. Esto ha dado resultado desde la época del
viejo oeste. Otra de las cosas es que estos departamentos son
autónomos con presupuestos que les permite trabajar con la
máxima libertad y quedarse con el botín.
Aquí no hay abrazos ni apretones de mano, van a lo que tienen
que hacer y cumplir con el deber del programa al que le fue
asignado el trabajo. Por eso los casos de terrorismo son casi
nulos y lo único que se presenta son casos todos aislados de
lobos solitarios que atacan a las partes más vulnerables.
Es muy diferente en Colombia donde los crímenes de lesa
humanidad y todo lo que sigue de ahí para adelante se quedan en
el refrigerador de la historia y mueren con la víctima.
Ha habido muchas reformas de leyes y de instituciones, desde los
Chulavitas, el SIC, DAS, la policía por carabineros y pare de
contar. Se podría tener un muro kilométrico
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con todos los nombres de las
personas asesinadas y que aún no se sabe que fue lo que pasó.
No creo que llegue a haber un
gobierno que ordene el establecimiento o el estado o como se
quiera llamar en la forma como se debe organizar un país para
que los ciudadanos se sientan que tienen patria y que los
protege.
LA PROCURADURIA SE QUEDÓ EN
1863
Crónica #981

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=JbhcJTQbNkU
Increíble pero cierto. La Procuraduría General de
la Nación cree y defiende que Colombia no está en el 2024 sino
en 1863, unos días después de que los asambleístas se reunieran
en Rionegro y dividieran el país en 8 Estados soberanos, con
fronteras físicas que debía respetarse y con autorizaciones para
tener presidente del Estado y montar sus ejércitos.
Esa carta para ángeles, que entronizó la vagabundería oligarca
del Olimpo Radical como partido absolutista en la presidencia,
fue derrocada en 1886 con la Constitución de Núñez, que rigió a
la letra hasta 1991, pero sigue vigente en espíritu y metas en
la que nos rige.
Pues bien, a raíz de una demanda de anticonstitucionalidad
contra la Ley de Licores que hace unos años se aprobó
manteniendo el monopolio para los aguardientes, y levantándolo
para los otros licores, la Procuraduría acaba de escribirle a la
Corte Constitucional en el sentido de que las demandas contra el
monopolio de licores no están llamadas a prosperar porque
protege la autonomía financiera de los departamentos sin afectar
la libre competencia y solicita aprobar la norma que permite el
monopolio.
Mayor pifia no se había visto porque la realidad es otra. Al
dejarse vigente únicamente el monopolio del aguardiente, las
fronteras entre departamentos vuelven a regir como en 1863 y
para pasar una botella de aguardiente Amarillo de Pereira a
Cartago, deberá pagarse un impuesto en el puente sobre el rio La
Vieja. Lo mismo pasaría desde La Dorada a Puerto Salgar. Pero
como ni el Valle ni Cundinamarca tienen una guardia de fronteras
para exigir el pago de la contribución, prefieren decretar que
el Amarillo es aguardiente de contrabando y aplicarle las leyes
vigentes para cualquier introducción de mercancía sin pago de
impuesto.
A todos nos parece una ridiculez menos a la Procuraduría, que
sigue creyendo que Colombia vive en 1863 y que la Constitución
vigente es la de Rionegro.
El Porce, octubre 9 del 2024
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