Bogotá, Colombia -Edición: 706

 Fecha: Domingo 13-10-2024

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Golpe de Estado

 

Sea cierta o falsa la intención de golpe de Estado, en efecto perjudica el estado de ánimo popular en las democracias de régimen presidencialista. Un aspecto maleducado de la política profesional es que
la oposición se conduzca de manera agresiva y utilice todos los recursos legales para entorpecer la ejecución del plan nacional de desarrollo y la adjudicación presupuestal en obras de infraestructura de movilidad, salubridad, agua, alimentación, vivienda y energía en beneficio general y en apoyo a las economías solidarias y populares.

 

La intención de Golpe de Estado es de mala educación en cuanto que incita a la violencia, agudiza los factores de odio y predispone al crimen. Los partidos políticos de izquierda y derecha en la oposición deliran con el Golpe de Estado, es una patología propia de las democracias. Si las ramas del poder administrativo legislativo de elección nacional y regional en asocio con la rama del poder judicial de carrera administrativa y elección restringida pretenden darle un golpe de Estado administrativo al presidente que representa la autoridad suprema institucional, incurren en el delito de sedición.

La respuesta a la intentona de Golpe de Estado por parte del representante de la rama del poder ejecutivo, el presidente, puede ser la de convocar a un consejo permanente de seguridad nacional al gabinete ministerial para garantizar la defensa del periodo presidencial de su gobierno, y llegado el caso, suspender en lo que le resta de su tiempo de gobierno a las rama legislativa y, si además, llegare el caso de corrupción en las altas cortes de la justicia, suspenderlas, no girándoles los salarios.

 

Hay que recordar que los magistrados son funcionarios públicos, sin lo que les paga el gobierno gracias a los impuestos de la gente, pronto pierden sus privilegios. En todo caso los procesos en los juzgados de justicia continuarán bajo el principio de justicia justa y oportuna.

 

Lo mejor y la más sabia decisión es no perturbar el orden constitucional establecido, porque constituye una alteración grave al orden público. Y en tal sentido el verdadero factor de poder que puede contener la confrontación es el pueblo, al que a través de la violencia le pretender birlar su voluntad de vivir en paz mediante el establecimiento de una normatividad en la que los conflictos tramitados en la controversia tengan un trámite de acuerdos legislativos que adecúen las funciones del Estado para el éxito del buen vivir público y privado.

El constituyente primario es el beneficiario directo de las garantías constitucionales, por eso es de obligatorio cumplimiento que los ministerios de la rama del poder ejecutivo asignen y contribuyan en la ejecución del gasto público. Para el gobierno, la reforma agraria y el desarrollo rural son el camino de la paz, y este camino necesita que las economías comunitaria en contratación con el ministerio de transporte y el INVIAS se pongan manos a la obra en la construcción y adecuación de las vías secundarias, terciarias y sus respectivas artes.

El gobierno tiene que aprender a convocar al pueblo para hacer trabajo voluntario colectivo en beneficio de las necesidades insatisfechas materiales, sociales, culturales, ambientales y espirituales que dignifiquen el trabajo comunitario solidario y así, fortalecer el amor por el territorio, el amor propio y la convivencia pacifica en la construcción del país.

 

 

 

Una guerra que nunca termina

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Nací en medio de la segunda guerra mundial y aun las batallas continuaban en menor escala. Pero seguía la guerra. Fueron tiempos difíciles para la humanidad, pero nada nuevo en la actualidad.

El siglo 20 estuvo en guerras de todos los tonos y se descubrieron medicinas que han alargado la vida y calidad de ella, además la tecnología abrió nuevas puertas al conocimiento para darnos mayores posibilidades de vivir como seres humanos en óptimas condiciones. Hoy podemos decir que vivimos más años con una calidad de vida que no se había vivido.

Pero no todo es maravilla. Millones de personas mueren en múltiples circunstancias, al igual que la medicina no les llega a todos ni la comida. Todo es circunstancial, pero seguimos viviendo como si nada pasara.

Estamos en el siglo 21 y no hay gran diferencia entre el pasado y el presente, simplemente han cambiado de personajes y protagonistas a pesar que otros continúan en el mismo estatus de la vida.

La gran mayoría de la gente no ha madurado como para intervenir en la vida social y hacer que se den las cosas como realmente se deben dar para que la equidad y el bienestar humano alcance para todos. Vivimos, sí, pero igual que las mansas aguas que pasan por debajo del puente existencial.

Las noticias llegan a medias, y casi todos mienten sobre lo que está pasando, porque a veces es mejor no poner atención a la realidad de la vida y así no sentirse afectado por el medio en que vivimos.

El planeta todos los días pierde habitantes y la gente no lo percibe, porque no hay conciencia de la existencia misma. Somos una masa amorfa que se mueve como las olas del mar y nadie escucha el golpe de ellas contra las rocas. Tantas cosas están pasando aquí y allá que parece normal.

Los crímenes que se cometen a diario por parte de quienes trabajan en el Estado quedan impunes, porque quienes trabajan en el Estado son tan corruptos como quienes los eligen porque viven de esa corrupción. Y todo lo sabemos. Pero el silencio cómplice de todo es más saludable que hacer presencia y luchar porque todo sea equilibrado.

Colombia está en un agujero insondable por donde transitan delincuentes y santos pecadores que creen que van a redimir a pecadores que no tienen salvación, porque ya nada los salva. Jamás serán seres de bien. Porque no lo conocen y porque sus vidas han estado en la parte negativa de la vida.

Miro desde afuera y trato de tener fe de que algo va pasar para bien, pero no veo la

 

 

 

salida del túnel ni vehículos que la crucen buscando salvar lo que queda. Simplemente hay un túnel por donde todos estamos transitando sin que nos veamos los unos a los otros. Simplemente transitamos pensando que quizás en un futuro todo cambie.

Pero es solo una ilusión como si fuera un espejismo en el desierto.

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

La realidad es absolutamente efímera
de Cecilia Caicedo Jurado
Editado por Klepsidra

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?reload=9&app=desktop&v=KvJnv33KJ30

 

Este libro tuve que leerlo dos veces. Inicialmente creí que se trataba de una olvidada estructura de espejos implementada para narrar una consulta psiquiátrica. Pero cómo me causó inquietud, volví a leerlo con cuidado y no en vano porque Cecilia Caicedo es una profesora emérita de la Tecnológica de Pereira, ensayista y narradora consumada y su último texto lo había aplaudido en estas notas.

No estaba equivocado. Es un libro novedoso sobre un problema eterno: el hombre al que declaran loco y que seguramente no lo era. Partiendo de la base admitida que han sido muy pocos los locos de verdad que después de una cura de reposo escriben sobre su locura, la narración se le toma desde distintos ángulos y en 17 breves fotografías verbales oímos las versiones del paciente psiquiátrico, de su cruel y despiadada terapeuta, de su primera novia y de sus mujeres, de sus amigos y socios y de don Pedro Manrique, que bien puede ser el noble castellano o una tomadura de pelo de la narradora.

Entre todos ellos construyen la historia del desquiciamiento del personaje, mirándose uno al otro a través de un espejo invisible, pero sin dejarlo salir del encierro del hospital psiquiátrico donde lo han sepultado en vida mas por incapacidad de la terapeuta que dizque lo ha tratado que por su crisis sicológica.

Poco a poco el libro va volviéndose una denuncia contra esa clase de tratamientos o una diatriba contra los prejuicios de las clases sociales que separan en gustos y gastos pero no en amores, más como es tanta la historia que podría desencadenarse, 17 breves relatos resultan pocos aunque dejan un gran sabor a literatura renovada, a capacidad descriptiva y a pecadillos provincianos que vuelven a veces presumida la prosa.

Un libro para internarse sabiamente en la demencia ajena. Para entender la injusticia de los loqueros y juzgar sin condenar a esa rama de la medicina tan subvalorada como quisquillosa, llamada psiquiatría. Una novela corta meritoria. Aplausos.

 

 

 

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