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EDITORIAL
Golpe de
Estado
Sea cierta o falsa la intención de golpe de Estado, en efecto
perjudica el estado de ánimo popular en las democracias de
régimen presidencialista. Un aspecto maleducado de la política
profesional es que
la oposición se conduzca de manera agresiva y utilice todos los
recursos legales para entorpecer la ejecución del plan nacional
de desarrollo y la adjudicación presupuestal en obras de
infraestructura de movilidad, salubridad, agua, alimentación,
vivienda y energía en beneficio general y en apoyo a las
economías solidarias y populares.
La intención de Golpe de Estado es de mala educación en cuanto
que incita a la violencia, agudiza los factores de odio y
predispone al crimen. Los partidos políticos de izquierda y
derecha en la oposición deliran con el Golpe de Estado, es una
patología propia de las democracias. Si las ramas del poder
administrativo legislativo de elección nacional y regional en
asocio con la rama del poder judicial de carrera administrativa
y elección restringida pretenden darle un golpe de Estado
administrativo al presidente que representa la autoridad suprema
institucional, incurren en el delito de sedición.
La respuesta a la intentona de Golpe de Estado por parte del
representante de la rama del poder ejecutivo, el presidente,
puede ser la de convocar a un consejo permanente de seguridad
nacional al gabinete ministerial para garantizar la defensa del
periodo presidencial de su gobierno, y llegado el caso,
suspender en lo que le resta de su tiempo de gobierno a las rama
legislativa y, si además, llegare el caso de corrupción en las
altas cortes de la justicia, suspenderlas, no girándoles los
salarios.
Hay que recordar que los magistrados son funcionarios públicos,
sin lo que les paga el gobierno gracias a los impuestos de la
gente, pronto pierden sus privilegios. En todo caso los procesos
en los juzgados de justicia continuarán bajo el principio de
justicia justa y oportuna.
Lo mejor y la más sabia decisión es no perturbar el orden
constitucional establecido, porque constituye una alteración
grave al orden público. Y en tal sentido el verdadero factor de
poder que puede contener la confrontación es el pueblo, al que a
través de la violencia le pretender birlar su voluntad de vivir
en paz mediante el establecimiento de una normatividad en la que
los conflictos tramitados en la controversia tengan un trámite
de acuerdos legislativos que adecúen las funciones del Estado
para el éxito del buen vivir público y privado.
El constituyente primario es el beneficiario directo de las
garantías constitucionales, por eso es de obligatorio
cumplimiento que los ministerios de la rama del poder ejecutivo
asignen y contribuyan en la ejecución del gasto público. Para el
gobierno, la reforma agraria y el desarrollo rural son el camino
de la paz, y este camino necesita que las economías comunitaria
en contratación con el ministerio de transporte y el INVIAS se
pongan manos a la obra en la construcción y adecuación de las
vías secundarias, terciarias y sus respectivas artes.
El gobierno tiene que aprender a convocar al pueblo para hacer
trabajo voluntario colectivo en beneficio de las necesidades
insatisfechas materiales, sociales, culturales, ambientales y
espirituales que dignifiquen el trabajo comunitario solidario y
así, fortalecer el amor por el territorio, el amor propio y la
convivencia pacifica en la construcción del país.
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Una guerra que nunca termina

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Nací en medio de la segunda
guerra mundial y aun las batallas continuaban en menor escala.
Pero seguía la guerra. Fueron tiempos difíciles para la
humanidad, pero nada nuevo en la actualidad.
El siglo 20 estuvo en guerras de todos los tonos y se
descubrieron medicinas que han alargado la vida y calidad de
ella, además la tecnología abrió nuevas puertas al conocimiento
para darnos mayores posibilidades de vivir como seres humanos en
óptimas condiciones. Hoy podemos decir que vivimos más años con
una calidad de vida que no se había vivido.
Pero no todo es maravilla. Millones de personas mueren en
múltiples circunstancias, al igual que la medicina no les llega
a todos ni la comida. Todo es circunstancial, pero seguimos
viviendo como si nada pasara.
Estamos en el siglo 21 y no hay gran diferencia entre el pasado
y el presente, simplemente han cambiado de personajes y
protagonistas a pesar que otros continúan en el mismo estatus de
la vida.
La gran mayoría de la gente no ha madurado como para intervenir
en la vida social y hacer que se den las cosas como realmente se
deben dar para que la equidad y el bienestar humano alcance para
todos. Vivimos, sí, pero igual que las mansas aguas que pasan
por debajo del puente existencial.
Las noticias llegan a medias, y casi todos mienten sobre lo que
está pasando, porque a veces es mejor no poner atención a la
realidad de la vida y así no sentirse afectado por el medio en
que vivimos.
El planeta todos los días pierde habitantes y la gente no lo
percibe, porque no hay conciencia de la existencia misma. Somos
una masa amorfa que se mueve como las olas del mar y nadie
escucha el golpe de ellas contra las rocas. Tantas cosas están
pasando aquí y allá que parece normal.
Los crímenes que se cometen a diario por parte de quienes
trabajan en el Estado quedan impunes, porque quienes trabajan en
el Estado son tan corruptos como quienes los eligen porque viven
de esa corrupción. Y todo lo sabemos. Pero el silencio cómplice
de todo es más saludable que hacer presencia y luchar porque
todo sea equilibrado.
Colombia está en un agujero insondable por donde transitan
delincuentes y santos pecadores que creen que van a redimir a
pecadores que no tienen salvación, porque ya nada los salva.
Jamás serán seres de bien. Porque no lo conocen y porque sus
vidas han estado en la parte negativa de la vida.
Miro desde afuera y trato de tener fe de que algo va pasar para
bien, pero no veo la
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salida del túnel ni vehículos que la crucen
buscando salvar lo que queda. Simplemente hay un túnel por donde
todos estamos transitando sin que nos veamos los unos a los
otros. Simplemente transitamos pensando que quizás en un futuro
todo cambie.
Pero es solo una ilusión como si fuera un espejismo en el
desierto.
QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
La realidad es absolutamente
efímera
de Cecilia Caicedo Jurado
Editado por Klepsidra
Audio:
https://www.youtube.com/watch?reload=9&app=desktop&v=KvJnv33KJ30
Este libro tuve que leerlo dos veces.
Inicialmente creí que se trataba de una olvidada estructura de
espejos implementada para narrar una consulta psiquiátrica. Pero
cómo me causó inquietud, volví a leerlo con cuidado y no en vano
porque Cecilia Caicedo es una profesora emérita de la
Tecnológica de Pereira, ensayista y narradora consumada y su
último texto lo había aplaudido en estas notas.
No estaba equivocado. Es un libro novedoso sobre un problema
eterno: el hombre al que declaran loco y que seguramente no lo
era. Partiendo de la base admitida que han sido muy pocos los
locos de verdad que después de una cura de reposo escriben sobre
su locura, la narración se le toma desde distintos ángulos y en
17 breves fotografías verbales oímos las versiones del paciente
psiquiátrico, de su cruel y despiadada terapeuta, de su primera
novia y de sus mujeres, de sus amigos y socios y de don Pedro
Manrique, que bien puede ser el noble castellano o una tomadura
de pelo de la narradora.
Entre todos ellos construyen la historia del desquiciamiento del
personaje, mirándose uno al otro a través de un espejo
invisible, pero sin dejarlo salir del encierro del hospital
psiquiátrico donde lo han sepultado en vida mas por incapacidad
de la terapeuta que dizque lo ha tratado que por su crisis
sicológica.
Poco a poco el libro va volviéndose una denuncia contra esa
clase de tratamientos o una diatriba contra los prejuicios de
las clases sociales que separan en gustos y gastos pero no en
amores, más como es tanta la historia que podría desencadenarse,
17 breves relatos resultan pocos aunque dejan un gran sabor a
literatura renovada, a capacidad descriptiva y a pecadillos
provincianos que vuelven a veces presumida la prosa.
Un libro para internarse sabiamente en la demencia ajena. Para
entender la injusticia de los loqueros y juzgar sin condenar a
esa rama de la medicina tan subvalorada como quisquillosa,
llamada psiquiatría. Una novela corta meritoria. Aplausos.
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