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EDITORIAL
Derecho
universal
Dos mil quinientos millones de
años de la aparición del homo sapiens sobre la faz de la tierra,
y tan sólo hasta hace 5000 años apareció la escritura. Con este
evento, la oralidad y gestualidad de los millones de años
anteriores quedarían reducidos a la categoría de la prehistoria.
Las tribus originarias analfabetas dispersas por continentes e
islas tuvieron que adaptarse como lo hacen todas las especies de
animales y plantas, en principio encontrando un lugar sobre el
suelo en el que la luz del día junto con el agua les
posibilitará crecer como individuos y multiplicar su especie.
El lenguaje con sus signos y significantes implícitos en las
palabras que designan el mundo como artificio de los tiempos del
origen o de la creación del mundo, poco a poco ha ido
incorporando en la comprensión la sabiduría implícita en todas
las lenguas que constituyen los idiomas del mundo, para qué
sirven. Además, se ha originado un común acuerdo entre ellos
respecto del territorio que ocupan y la forma en la que se
administra el poder por parte de las autoridades.
En la actualidad el proyecto de la historia escrita se compila
en el ordenamiento verbal que crea un orden mundial
supranacional de obligatorio cumplimiento para los Estado-nación,
el cual es traducido a los diferentes idiomas para que se
conozca y se aplique en todos los espacios que ocupan las
multitudes de la diversidad étnica y cultural planetaria. Es el
proyecto de la humanidad que aunque es una sola mantiene
diferencias epistemológicas o de pensamiento con la finalidad de
apreciar la relevancia del ser humano y su diversidad cultural y
espiritual.
La ciudadanía perteneciente a la mujer, el hombre y los no
binarios, lo que se conoce también como las nuevas feminidades,
masculinidades y diversidad de género en la que los roles
asignados a cada uno de los miembros de la familia para la
producción y su reproducción se traslapan y se comparten
haciendo que las mujeres ocupen labores tradicionalmente
masculinas y los hombres ocupen funciones tradicionalmente
femeninas, y no por ello, la expresión corporal y emocional de
los no binarios sea vista con prejuicio o estigmatización.
Esta multitud ciudadana constituye una ciudadanía universal
libre, y es una obligación de la globalidad del mundo del
mercado y en especial de las fuerzas productivas nacidas del
trabajo obrero y campesino, otorgarle a cada mujer, hombre y no
binario la ciudadanía planetaria y la respectiva renta monetaria
para que todas las personas sin distingo de sexo, credo,
ideología y etnia tengan acceso a la libre movilidad y a los
bienes y servicios que la revolución industrial provee.
Los bienes terrenales de la humanidad están ahí en tiempo y
espacio, sólo hay que tomar posesión de ellos, disfrutarlos,
conservarlos y restaurarlos, para que la reproducción y
generación de los activos patrimoniales del capital natural en
los territorios estén presentes a perpetuidad y sostengan con
voluntad y alegría el jardín florido y musical de la vida.
El concierto de las Naciones Unidas debe esforzarse en
transformar lo existente desde el marco de lo existente, y un
primer paso es el que el Consejo de Seguridad de la ONU acepte
en la realidad política que la paz y la seguridad sólo son
posibles si las grandes potencias militares nucleares trabajan
juntas sin sospechas ni reservas a favor de la paz y, por el
momento, constituyan un mundo multipolar en que el pez más
grande no se coma al más chico.
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La riqueza de un país está
afincada en el espíritu emprendedor de sus ciudadanos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Los imperios en el pasado se
solidificaban por el espíritu guerrero y emprendedor del líder y
de su habilidad para organizar sus ejércitos y todo su entorno
administrativo. La fuerza bruta, la habilidad en el manejo de
las armas y su capacidad de estratega llevaban al líder a
conquistar extensos territorios y su riqueza. Todo funcionó bien
de esta manera hasta la segunda guerra mundial.
Pero con el nacimiento el 4 de julio de 1776 de los Estados
Unidos se abrió una nueva era en el desarrollo de la economía,
tecnología y bienestar humano. Pero todo no se quedó ahí. La
gente huía de Europa a norte América en la búsqueda de tener una
oportunidad de poder realizarse y vivir una vida fuera del
manoseo de los reyes y principados que absorbían toda la
productividad del ser humano.
Norte América abrió caminos y puertas para que la mente pudiera
expresar y crear todo lo que se anidaba en el intelecto de esta
nueva sociedad. Aquí todo era posible, pero a la vez también
había desmanes que no se podían controlar por la libertad que en
la constitución se acuñaba.
Lo que hoy vemos en el concierto mundial tiene raíces en estas
tierras que aman y odian al mismo tiempo.
Una bancada de seres humanos ha evolucionado y se han alejado de
la gran multitud que aún permanece suspendida en el tiempo y lo
único que ha pasado en ellos es que se han añejado por razones
de naturaleza. Estos son los que mantienen el establecimiento y
continúan creyendo en la superioridad de fuerzas intangibles que
mueven el universo.
Nada shará que sea posible que ellos cambien, porque no hay nada
que cambiar y hay que aprender a vivir con ellos como las
mascotas del sistema. Aquí no es de hablar de estratos sociales
como sucede en muchos países, ni de clases sociales como se
plantea en ciertos movimientos políticos. La realidad es que
somos una sola clase humana, con diferentes matices, a la cual
nos mueve nuestros propios instintos y pasiones en la búsqueda
de la felicidad. Felicidad que solo existe en nuestra
imaginación.
Cuando una sociedad se integra y comienza a funcionar como un
equipo que quiere ganar su propio espacio es cuando todas las
fuerzas humanas se van integrando como las moléculas del cuerpo
humano. Y es aquí cuando la prosperidad se comienza a ver en
todos los sentidos. Ya esto está demostrado en el pasado y sigue
siendo demostrable.
Hoy en día son las sociedades las que hacen grandes a las
ciudades y los países, porque ellas son las que van imponiendo
su ritmo a lo que ellas quieren llegar y ser. Los políticos
retrasan la prosperidad con su voracidad económica.
Los grandes edificios, los centros comerciales, toda la
infraestructura de embellecimiento de una ciudad están hechas
por personas que ponen su empeño en colocar esos monumentos.
Pero los políticos son los que al final, destruyen todo en la
búsqueda de impuestos y bienestar para ellos.
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Reseña de Brisas del Atardecer
de Gustavo Páez Escobar
editada por La Serpiente Emplumada
Audio:
https://www.spreaker.com/episode/que-lee-gardeazabal-brisas-del-atardecer-de-gustavo-paez-escobar-24-02-2024--58802655
Antes de estudiar Letras en la Universidad del
Valle aprendí a leer cuentos, muy tradicionales y decimonónicos
por cierto, en los libros de Adel López Gómez y Euclides
Jaramillo Arango, escritores del antiguo Caldas.
El hada madrina de mis primigenios pasos literarios, Otto
Morales Benítez, me enganchó personalmente con este par de
autores y mantuve, con los dos hasta sus muertes, más de una
conversación o un variado cruce de cartas mientras aprendía más
de la naturaleza del cuento y lo comparaba con los fundamentos
constructivos que identificaba en Cortázar y en todos los
cuentistas universales que me devoré.
Esos mismos elementos identificatorios del buen
cuento lo ha tenido espaciadamente a lo largo de su vida Gustavo
Páez Escobar a quien conocí personalmente en casa de Euclides en
Armenia, cuando Páez ejercía su profesión de banquero en el
Quindío.
Desde entonces he seguido sus pasos y fui lector de sus
escarceos literarios, sus cuentos y su columna semanal en El
Espectador, que mantuvo hasta cuando cumplió los 80 años.
Jubilado en la tranquilidad del deber cumplido,
ha editado ahora este libro donde reúne cuentos de distintos
momentos de su vida, encabezados por ese cuento maestro del Sapo
Burlón, a quien acolitan otros de tan excelsa calidad como Humo
y la Copa Rota.
Casi todos los relatos que incluye en esta antología son hechos
en el perfeccionismo del lenguaje tradicional, con la mesura
delicada para dosificar la tensión, ajustar la verosimilitud y
verter personajes apoyándose en la descripción física y la
metáfora eficaz.
Leerlo entonces resulta revivir una Colombia que ya pasó, en
donde el humor era decente, la sociedad no la había descarriado
la traquetería y el futuro se miraba con alegría y no con el
pesimismo de hoy.
Para muchos de mi generación será un placer reencontrarse con el
cuento clásico de nuestros paisajes campesinos. Para mi una
oportunidad de añorar todo lo que Gustavo Páez y yo y muchos
alumnos de las escuelas campesinas del país andino aprendimos de
la sabia pluma de Euclides Jaramillo Arango, sus plataneritos y
sus juegos infantiles.
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