Bogotá, Colombia -Edición: 709

 Fecha: Domingo 20-10-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Derecho universal

 

Dos mil quinientos millones de años de la aparición del homo sapiens sobre la faz de la tierra, y tan sólo hasta hace 5000 años apareció la escritura. Con este evento, la oralidad y gestualidad de los millones de años anteriores quedarían reducidos a la categoría de la prehistoria. Las tribus originarias analfabetas dispersas por continentes e islas tuvieron que adaptarse como lo hacen todas las especies de animales y plantas, en principio encontrando un lugar sobre el suelo en el que la luz del día junto con el agua les posibilitará crecer como individuos y multiplicar su especie.

El lenguaje con sus signos y significantes implícitos en las palabras que designan el mundo como artificio de los tiempos del origen o de la creación del mundo, poco a poco ha ido incorporando en la comprensión la sabiduría implícita en todas las lenguas que constituyen los idiomas del mundo, para qué sirven. Además, se ha originado un común acuerdo entre ellos respecto del territorio que ocupan y la forma en la que se administra el poder por parte de las autoridades.

En la actualidad el proyecto de la historia escrita se compila en el ordenamiento verbal que crea un orden mundial supranacional de obligatorio cumplimiento para los Estado-nación, el cual es traducido a los diferentes idiomas para que se conozca y se aplique en todos los espacios que ocupan las multitudes de la diversidad étnica y cultural planetaria. Es el proyecto de la humanidad que aunque es una sola mantiene diferencias epistemológicas o de pensamiento con la finalidad de apreciar la relevancia del ser humano y su diversidad cultural y espiritual.

La ciudadanía perteneciente a la mujer, el hombre y los no binarios, lo que se conoce también como las nuevas feminidades, masculinidades y diversidad de género en la que los roles asignados a cada uno de los miembros de la familia para la producción y su reproducción se traslapan y se comparten haciendo que las mujeres ocupen labores tradicionalmente masculinas y los hombres ocupen funciones tradicionalmente femeninas, y no por ello, la expresión corporal y emocional de los no binarios sea vista con prejuicio o estigmatización.

Esta multitud ciudadana constituye una ciudadanía universal libre, y es una obligación de la globalidad del mundo del mercado y en especial de las fuerzas productivas nacidas del trabajo obrero y campesino, otorgarle a cada mujer, hombre y no binario la ciudadanía planetaria y la respectiva renta monetaria para que todas las personas sin distingo de sexo, credo, ideología y etnia tengan acceso a la libre movilidad y a los bienes y servicios que la revolución industrial provee.

Los bienes terrenales de la humanidad están ahí en tiempo y espacio, sólo hay que tomar posesión de ellos, disfrutarlos, conservarlos y restaurarlos, para que la reproducción y generación de los activos patrimoniales del capital natural en los territorios estén presentes a perpetuidad y sostengan con voluntad y alegría el jardín florido y musical de la vida.

El concierto de las Naciones Unidas debe esforzarse en transformar lo existente desde el marco de lo existente, y un primer paso es el que el Consejo de Seguridad de la ONU acepte en la realidad política que la paz y la seguridad sólo son posibles si las grandes potencias militares nucleares trabajan juntas sin sospechas ni reservas a favor de la paz y, por el momento, constituyan un mundo multipolar en que el pez más grande no se coma al más chico.

 

 

 

La riqueza de un país está afincada en el espíritu emprendedor de sus ciudadanos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Los imperios en el pasado se solidificaban por el espíritu guerrero y emprendedor del líder y de su habilidad para organizar sus ejércitos y todo su entorno administrativo. La fuerza bruta, la habilidad en el manejo de las armas y su capacidad de estratega llevaban al líder a conquistar extensos territorios y su riqueza. Todo funcionó bien de esta manera hasta la segunda guerra mundial.

Pero con el nacimiento el 4 de julio de 1776 de los Estados Unidos se abrió una nueva era en el desarrollo de la economía, tecnología y bienestar humano. Pero todo no se quedó ahí. La gente huía de Europa a norte América en la búsqueda de tener una oportunidad de poder realizarse y vivir una vida fuera del manoseo de los reyes y principados que absorbían toda la productividad del ser humano.

Norte América abrió caminos y puertas para que la mente pudiera expresar y crear todo lo que se anidaba en el intelecto de esta nueva sociedad. Aquí todo era posible, pero a la vez también había desmanes que no se podían controlar por la libertad que en la constitución se acuñaba.

Lo que hoy vemos en el concierto mundial tiene raíces en estas tierras que aman y odian al mismo tiempo.
Una bancada de seres humanos ha evolucionado y se han alejado de la gran multitud que aún permanece suspendida en el tiempo y lo único que ha pasado en ellos es que se han añejado por razones de naturaleza. Estos son los que mantienen el establecimiento y continúan creyendo en la superioridad de fuerzas intangibles que mueven el universo.

Nada shará que sea posible que ellos cambien, porque no hay nada que cambiar y hay que aprender a vivir con ellos como las mascotas del sistema. Aquí no es de hablar de estratos sociales como sucede en muchos países, ni de clases sociales como se plantea en ciertos movimientos políticos. La realidad es que somos una sola clase humana, con diferentes matices, a la cual nos mueve nuestros propios instintos y pasiones en la búsqueda de la felicidad. Felicidad que solo existe en nuestra imaginación.

Cuando una sociedad se integra y comienza a funcionar como un equipo que quiere ganar su propio espacio es cuando todas las fuerzas humanas se van integrando como las moléculas del cuerpo humano. Y es aquí cuando la prosperidad se comienza a ver en todos los sentidos. Ya esto está demostrado en el pasado y sigue siendo demostrable.

Hoy en día son las sociedades las que hacen grandes a las ciudades y los países, porque ellas son las que van imponiendo su ritmo a lo que ellas quieren llegar y ser. Los políticos retrasan la prosperidad con su voracidad económica.

Los grandes edificios, los centros comerciales, toda la infraestructura de embellecimiento de una ciudad están hechas por personas que ponen su empeño en colocar esos monumentos. Pero los políticos son los que al final, destruyen todo en la búsqueda de impuestos y bienestar para ellos.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Reseña de Brisas del Atardecer de Gustavo Páez Escobar
editada por La Serpiente Emplumada

 

Audio: https://www.spreaker.com/episode/que-lee-gardeazabal-brisas-del-atardecer-de-gustavo-paez-escobar-24-02-2024--58802655

 

Antes de estudiar Letras en la Universidad del Valle aprendí a leer cuentos, muy tradicionales y decimonónicos por cierto, en los libros de Adel López Gómez y Euclides Jaramillo Arango, escritores del antiguo Caldas.

El hada madrina de mis primigenios pasos literarios, Otto Morales Benítez, me enganchó personalmente con este par de autores y mantuve, con los dos hasta sus muertes, más de una conversación o un variado cruce de cartas mientras aprendía más de la naturaleza del cuento y lo comparaba con los fundamentos constructivos que identificaba en Cortázar y en todos los cuentistas universales que me devoré.

 

Esos mismos elementos identificatorios del buen cuento lo ha tenido espaciadamente a lo largo de su vida Gustavo Páez Escobar a quien conocí personalmente en casa de Euclides en Armenia, cuando Páez ejercía su profesión de banquero en el Quindío.

Desde entonces he seguido sus pasos y fui lector de sus escarceos literarios, sus cuentos y su columna semanal en El Espectador, que mantuvo hasta cuando cumplió los 80 años.

 

Jubilado en la tranquilidad del deber cumplido, ha editado ahora este libro donde reúne cuentos de distintos momentos de su vida, encabezados por ese cuento maestro del Sapo Burlón, a quien acolitan otros de tan excelsa calidad como Humo y la Copa Rota.

Casi todos los relatos que incluye en esta antología son hechos en el perfeccionismo del lenguaje tradicional, con la mesura delicada para dosificar la tensión, ajustar la verosimilitud y verter personajes apoyándose en la descripción física y la metáfora eficaz.

Leerlo entonces resulta revivir una Colombia que ya pasó, en donde el humor era decente, la sociedad no la había descarriado la traquetería y el futuro se miraba con alegría y no con el pesimismo de hoy.

Para muchos de mi generación será un placer reencontrarse con el cuento clásico de nuestros paisajes campesinos. Para mi una oportunidad de añorar todo lo que Gustavo Páez y yo y muchos alumnos de las escuelas campesinas del país andino aprendimos de la sabia pluma de Euclides Jaramillo Arango, sus plataneritos y sus juegos infantiles.
 

 

 

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