Bogotá, Colombia -Edición: 711

 Fecha: Viernes 25-10-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Los olvidados

 

En medio de una sociedad cada vez más desconectada y centrada en sus propios problemas, hemos olvidado a una parte crucial de nuestra población: los adultos mayores. Mientras los jóvenes se sumergen en su propio mundo y los adultos buscan alcanzar sus metas personales, los ancianos que no tuvieron la suerte de conseguir un empleo estable o formar un patrimonio significativo han quedado marginados, viviendo en condiciones precarias. Esta realidad, aunque incómoda, es innegable.

 

El destino de muchos adultos mayores refleja una sociedad que ha privilegiado a unos pocos y dejado de lado a aquellos que solo intentaron sobrevivir. Durante años, estos adultos trabajaron incansablemente, sin acceso a seguridad social o la posibilidad de un retiro digno. Ahora, cuando necesitan estabilidad, se encuentran excluidos del mercado laboral. Son considerados "demasiado viejos" para obtener un empleo bien remunerado, y la falta de un título académico o conexiones solo agrava su situación. Es fácil juzgarlos y decir que no ahorraron, que malgastaron sus ingresos, pero la verdad es que vivieron en una sociedad que nunca les ofreció una verdadera oportunidad de proyectarse a futuro.

 

Esta crisis, más allá de ser un problema económico, es un problema de salud pública. Muchos de estos adultos mayores viven al borde de la pobreza y, sin recursos para acceder a servicios médicos o de bienestar, recurren a opciones desesperadas como los préstamos ilegales, conocidos como "gota a gota". Estos prestamistas, que operan al margen de la legalidad, se aprovechan de la vulnerabilidad de los ancianos, imponiéndoles tasas de interés abusivas y sumiéndolos aún más en la miseria.

 

La falta de regulación y control sobre estos prestamistas plantea serias dudas sobre la procedencia de su dinero y sobre quién está detrás de este lucrativo negocio. Lo más preocupante es que esta práctica ha sido normalizada en muchos sectores, especialmente entre los vendedores ambulantes, quienes, en muchos casos, dependen de estos préstamos para sobrevivir. Los adultos mayores, sin otra opción, se convierten en las víctimas perfectas de un sistema que los exprime.

Esta realidad no solo debería alertarnos sobre la situación de nuestros ancianos, sino también sobre el fracaso de nuestra sociedad en proteger a los más vulnerables. No podemos seguir ignorando esta crisis invisible que afecta a quienes dieron su vida por el país, solo para ser olvidados en su vejez.

 

 

 

 

Hablemos de Democracia

 

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 
Hablamos de democracia como si ella fuera el camino correcto para alcanzar todos los beneficios que el ser humano espera encontrar a través de esta vía electoral.


Suena bonito este vocablo que se repite en cada discurso como bandera para alcanzar el bienestar de todos, pero si raciocinamos y lo descuartizamos para mirar su interior, encontramos el cáncer que se esconde dentro del establecimiento y que corroe la dinámica con que debía funcionar para bien de toda la sociedad.


Lo que antes fue bueno para los ciudadanos por su condición evolutiva y su estándar de vida, hoy va en contra vía a su modo de vida y a los alcances de su intelecto. La corrupción que nace con la democracia y el poder centrado en los elegidos impiden el sano desarrollo del bienestar social.


No es fácil comprender y asimilar la condición humana en la que hoy estamos viviendo. Cada uno de nosotros pertenecemos a un estado evolutivo genéticamente que nos ubica en una realidad emocional e intelectual diferente de nuestro vecino más cercano. Esto hace que nos vamos agrupando en círculos que gravitamos en un universo que nos permite vivir en el caos renovándonos cada día.


Los ciudadanos están en el arco iris representado en el color que simboliza su grado de evolución. Esto hace que cada nación se mueve bajos estándares propios de sus conciudadanos y atienden las órdenes y mandatos de quienes han elegido. Aquellos que se sienten desprotegidos y no encajan emigren en la búsqueda de armonizar en otro sitio que les brinde el bienestar que no han encontrado.


La democracia está interpretada según el sitio y la sociedad donde ella predomina, ella funciona según las creencias que se han venido estableciendo. Pero en esencia es la elección de gobernantes para que gobiernen a los electores. Y en ese proceso nace la corrupción porque sin ella no hay democracia. La democracia es el principio de una monarquía con visos de libertad y autonomía ciudadana hasta que el gobernante decide la dictadura. El pueblo elige para que los gobiernen y los sometan a lo que los elegidos decretan para bienestar del establecimiento al que ellos pertenecen y es el pueblo el que los sostiene por no conocer otra vía de subsistir.


Si podemos entender nuestra autonomía y libre albedrío al que hemos llegado, podemos evaluar lo que sucede a nuestro entorno y distinguir que es lo que nos beneficia y que es lo que beneficia al elegido. Al final de ese camino están unos pocos observando como la gran mayoría mantiene el establecimiento sin darse por entendidos de la realidad en la que viven.


En la democracia tú eliges a tu verdugo a tu señor y dueño, aceptando sus leyes y ordenes como si él fuese una potestad que todo lo puede hacer.


Al final se rebelan contra el establecimiento y contra quienes lo administran. Para liberarse de la carga de impuestos y restricciones que decretan para beneficio de ellos.


En el montaje y después debe existir corrupción para poder balancear la inversión hecha para ser elegidos al cargo que se ha aspirado. Luego continúa la corrupción para mantener en armonía la cosa política y las infraestructuras que se han desarrollado y que solo benefician a quienes las administran.


Pero lo que verdaderamente concierne a la sociedad, como las cosas básicas, ellas serán atendidas en segunda mano porque no
generan dividendos económicos a los políticos. Solo los negocios que se

 

 

 

establecen  a través del mercado de salud, medicina y educación son los que se atienden regularmente.

 

Sostener ejércitos e infraestructuras es más beneficioso y rentable para el establecimiento que propiciar bienestar social.


Cuando votas, votas como un inocente con la esperanza que las cosas van a salir bien, pero eso jamás sucederá.


A través de los impuestos el establecimiento existe. Los políticos y sus asociados se benefician del caudal de dinero que recibe el Estado.


La abstención de votantes crece en cada elección porque el pueblo ha venido entendiendo el juego y el por qué la democracia existe. Y seguir ese juego es someterse a una esclavitud democrática donde el ciudadano no es el que se beneficia.
Hay que replantear la dirección hacia dónde vamos y establecer una directriz que permita que el pueblo o ciudadanos puedan beneficiarse por lo que están pagando en impuestos sin tener que mendigar por lo ya pagado.


Lo que aquí se necesita son administradores de los bienes sociales para que cada uno reciba lo que tiene derecho del bienestar social.

 

NOS ESTAMOS ACABANDO
Crónica #992

 

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal


Las cifras sobre el descenso vertical del número de nacimientos en Colombia puede significar para los historiadores del futuro el punto de giro de un país que cambió la esperanza por el pesimismo.

La incapacidad para haber podido entender desde hace 10 años lo que significaba el éxodo de colombianos, llevó a ocultar la magnitud del fenómeno y las consecuencias sobre el ritmo de vida económica.

La manía bogotana de explicar las remesas como una derivación del pitufeo de los narcotraficantes colombianos, los llevó a negarse a admitir que esa plata que cada mes llegaba para sostener hogares era fruto del sudor de millones de colombianos y no de las trapisondas de los capos.

Pero cuando la cifra pasó de los 11 mil millones de dólares y alcanzó a ser más que el producido por la exportación de varios de nuestros productos, hasta en los Andes y en Raddar tuvieron que aceptar la realidad y empezar a mirar con otros ojos.

Quizás todo no pase de ser admitido como una expresión del pesimismo que nos ha ido creciendo y que hoy nos lleva a acomodarnos y a no ser capaces de atrevernos a enfrentar las caducas oligarquías o las copiadas maquinarias que han sostenido el sistema y que ahora han pretendido promulgar el cambio.

El hecho entonces de no querer tener hijos es la expresión de un país que ya no tiene esperanza y prefiere resistir yéndose a buscar lo que encontraron los que ya se fueron.

Pocos se han metido a hurgar las motivaciones que millones de compatriotas tuvieron para irse del país. Para muchos las razones expuestas pueden ser disculpas. Pero los que nos quedamos aquí.

Los que no tenemos miedo de pensar en voz alta y nos atrevemos decir que estamos mal gobernados y que dejamos de ser una república democrática para ser un escaparate lleno de cajones donde solo caben los contratos y los contratistas, tenemos que ser muchos más para ayudar a encontrar de nuevo la esperanza.

El Porce, octubre 25 del 2024

 

 

 

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