Bogotá, Colombia -Edición: 714

 Fecha: Viernes 01-11-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Un futuro verde para Colombia

 

La bioeconomía, que significa gestionar los recursos naturales de manera responsable para garantizar la sostenibilidad, representa una oportunidad única para Colombia. En un contexto donde el cambio climático y la pérdida de biodiversidad demandan acciones urgentes, la bioeconomía se alza como un modelo que prioriza el respeto por la naturaleza y busca satisfacer las necesidades humanas minimizando el impacto ambiental.

 

A diferencia de los modelos económicos tradicionales, que en gran medida dependen de la extracción de combustibles fósiles y otros recursos no renovables, la bioeconomía apuesta por un desarrollo que limite las emisiones de carbono y la explotación intensiva de la tierra. Así, requiere un cambio en los hábitos de consumo y en la forma en que concebimos la energía y los productos básicos. En lugar de depender del petróleo y el gas, es crucial avanzar hacia fuentes de energía renovable y sostenibles.

Colombia tiene una ventaja en este camino, al contar con una gran diversidad biológica y un conocimiento ancestral en las prácticas de manejo ambiental. La sabiduría de los pueblos indígenas y rurales, sumada al avance científico y tecnológico, podría llevar al país a implementar soluciones bioeconómicas innovadoras y sostenibles. Al adoptar prácticas como la agroecología, la silvicultura sostenible, y otras actividades productivas de bajo impacto, Colombia podría construir un modelo económico respetuoso de la biodiversidad y alineado con los principios de la bioeconomía circular.

 

Sin embargo, esta transición hacia la bioeconomía también requiere voluntad política y una transformación en las corporaciones y el Estado. La bioeconomía no implica un rechazo total de las estructuras actuales, sino que las impulsa a integrar prácticas de cuidado ambiental y justicia social. Las empresas y el gobierno tienen el desafío de asegurar que las actividades económicas contribuyan al “buen vivir,” promoviendo un entorno libre de contaminantes y generando bienestar sin comprometer los recursos de las futuras generaciones.

 

Colombia tiene la oportunidad histórica de sembrar el “árbol de la vida” a través de la bioeconomía, plantando un futuro sostenible que una la tecnología moderna y la sabiduría ancestral. Para que este árbol crezca fuerte y fructífero, necesitamos abandonar la economía basada en el consumo excesivo y optar por una que respete los límites del planeta. La bioeconomía, si se implementa de forma integral, puede llevarnos a un modelo de prosperidad inclusiva y responsable, en armonía con el entorno y la humanidad.

 

 

 

La neutralidad nos permite vivir en cordialidad con todos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Tardé muchos años en entender porque debía ser neutral y asumir una posición que me permitiera vivir tranquilamente en este mundo tan convulsionado.

Comencé a leer a edad muy temprana por un impulso que nacía de mis inquietudes en conocer de todo. Vi a mi madre leer y leerle a mi padre novelas, libros de historias más otros de personajes. Esto me estimuló y creó en mí un apetito voraz por la lectura.

 

Uno de mis maestros, Roberto Rivas, una vez me dijo cuando paso por el lado de mi pupitre, Oye Zapata deberías comenzar a leer los griegos que ahí está la raíz de la historia de la humanidad. Estas palabras me llamaron la atención, y en verdad por ahí comencé. No me canse de leer a los griegos hasta que descubrí la literatura latina y fue como si el bosque se hubiera encendido.

Con la lectura y el conocimiento a temprana edad nace la arrogancia interna y como si el viento ventilara, lo lanza a uno a actuar como un extravagante intelectual al mundo de los iletrados. Muchos lo admiran y una gran multitud lo rechaza. Solo aquellos que navegan por esos mismos lodazales se empantanan con uno.

Así conocí a la mayoría de intelectuales de este continente con los que compartí la misma arrogancia. Es una vida entre muchas cosas y nada, sobre todo porque en América Latina cuando yo crecía era muy analfabeta y no se podían dar los lujos que uno se da en Norte América.

En una de mis viajes por Sudamérica, estando en el Perú, conocí a Chabuca Granda, Yo estaba loquito haciendo todo tipo de espectáculos para llamar la atención. Un día me encontré con Chabuca y ella me tomó del brazo y me dijo “vamos a almorzar”. En el almuerzo me explico sobre la fama y lo que rdys implicaba, además me dijo que no me preocupara que mi camino ya estaba marcado y que, aunque hiciera por hacer lo más relevante, no iba a cambiar. “Cuídate de la fama” fue lo último que me dijo.

 

Al poco tiempo comencé a concentrarme en mi mundo filosófico y a escribir y desarrollar toda esa filosofía que hoy me persigue como hijos y nietos y yo medio escondido como un anónimo más.

 

Ser neutral no es fácil, hay muchas tentaciones que lo impulsan a uno a confrontar las cosas que pasan en el mundo, eso implica revolcarse con todo el mundo en discusiones que nunca cambiará

 

 

 

nada. Pero uno estará en medio de la discusión como otro abanderado de ideas que solo duraran lo que duran las emociones.

 

REQUIEM POR EL GEA
Crónica #997

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=b8ZlP2uU97A

 

El más grande ejemplo que le han dado a Colombia de lo que puede ser capaz la unidad y el entusiasmo regionales, el GEA, Grupo Empresarial Antioqueño, se ha ido disolviendo vertiginosamente en asambleas extraordinarios de socios o en comunicados de junta directivas de las empresas que en algún momento lo constituyeron.

Creado inicialmente como el Sindicato Antioqueño, gracias a la mano prodigiosa de José Gutiérrez Gómez, esta asociación abstracta, fruto más de la astucia y la fe paisas, en pocos años terminó convertida en el GEA y con una fórmula, creo que japonesa, usaron (y quizás hasta abusaron) del enroque entre accionistas de las empresas para consolidarlo y volverlo influyente.

Aunque la historia podrá contar que el GEA se disolvió como consecuencia de la jugada bursátil del Grupo Gillinsjy, que se quedó finalmente con Nutresa e hizo estallar en mil pedazos al antiguo sindicato, seguramente más de un historiador de Eafit tendrá que detenerse, sin señalamientos personales a la ética antioqueña, en la avaricia y la ambición que llevó a la equivocación por parte de sus controlantes de amarrar dividendos.

Y tampoco olvidarse del efecto bumerang del gobierno Petro contra las EPS que dejó maltrecha la estrella de Sura.

Ahora se han forjado dos frentes diferentes para constituir la sucesión de ese empeño sin igual. A la cabeza del uno estará el roble primigenio del grupo Argos, a quien todavía alumbra la sapiencia nonanegaria de don Adolfo Arango.

Por el otro los cerebros sumatorios de Bancolombia, que como castillo medieval ha resistido la tentación de los infieles y los avatares de la envidia.

Habrá que estar muy atentos a la evolución que estos dos nuevos colosos tomen y a las variaciones que ello generará en la aristócrata sociedad de encumbrados antioqueños y, obviamente, en la economía colombiana.

Son nuevos tiempos y deberán surgir nuevas fórmulas. ¡Buen viento y buena mar!

El Porce, noviembre 1 del 2024

 

 

 

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