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El papel del
telescopio Vera C. Rubin
Para resolver el misterio del Planeta Nueve, los astrónomos depositan ahora sus
esperanzas en el Observatorio Vera C. Rubin, una instalación de última
generación que comenzará a operar en 2025. Ubicado en Chile, el telescopio Rubin
está equipado con la cámara digital más grande del mundo y se espera que realice
un mapeo completo del cielo cada pocas noches, lo que permitirá a los astrónomos
detectar objetos distantes y tenues como nunca antes.
Batygin considera que el telescopio Rubin podría ser la herramienta definitiva
para confirmar la existencia del Planeta Nueve. “Si el telescopio encuentra el
planeta, sería una conclusión increíble para nuestra búsqueda”, declaró. El
telescopio también ayudará a descubrir nuevos objetos en el Cinturón de Kuiper,
lo que permitiría validar las teorías actuales o incluso revelar patrones hasta
ahora desconocidos.
¿Un cambio en la
concepción del sistema solar?
Aunque el Planeta Nueve sea descubierto, algunos científicos prefieren adoptar
una postura cautelosa. La astrónoma Renu Malhotra, de la Universidad de Arizona,
señaló que aún se han observado muy pocos objetos en el Cinturón de Kuiper para
hacer afirmaciones concluyentes. Con más observaciones, se podría determinar si
las agrupaciones orbitales observadas son realmente significativas o si solo se
deben a limitaciones en los datos actuales.
Encontrar un planeta
oculto no solo alteraría la concepción del sistema solar, sino que también
permitiría a los científicos comprender mejor otros sistemas planetarios y los
numerosos exoplanetas similares que se han encontrado en la galaxia. Según
Malena Rice, de la Universidad de Yale, descubrir un planeta de este tipo
ayudaría a extrapolar información valiosa sobre los exoplanetas que rodean
estrellas distantes y cuyas características solo se conocen de forma limitada.
Un final, o un nuevo comienzo

Si el Planeta Nueve
existe, su descubrimiento abriría un “nuevo capítulo” en la historia de la
astronomía, permitiendo a los científicos explorar en detalle un planeta en el
sistema solar exterior. Pero incluso si las búsquedas no dan resultados, la
búsqueda misma ya ha tenido un impacto: los astrónomos han aprendido que el
sistema solar es un lugar mucho más complejo y dinámico de lo que se creía.
Con el Observatorio Vera C. Rubin listo para operar el próximo año, los próximos
descubrimientos podrían finalmente responder a la pregunta que ha intrigado a
generaciones de científicos. ¿Hay otro planeta en nuestro sistema solar? Si la
respuesta es afirmativa, podríamos estar a punto de presenciar uno de los
hallazgos más importantes de nuestra época.
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Por primera
vez en siglos, la búsqueda de un planeta oculto en el sistema solar
podría llegar a su fin. ¿Realmente existe un noveno planeta que los
astrónomos aún no han visto? La respuesta podría estar más cerca que
nunca.
Nuestro sistema solar, que durante años se estudió con nueve planetas,
quedó reducido a ocho en 2006 cuando la Unión Astronómica Internacional
(UAI) reclasificó a Plutón como planeta enano. La decisión, encabezada
por astrónomos como Mike Brown, cambió el panorama del sistema solar.
Pero ahora, la posibilidad de que otro planeta, llamado Planeta Nueve o
Planeta X, esté esperando ser descubierto en las vastedades del espacio
podría revertir este cambio y devolver al sistema solar su noveno
planeta, aunque no en la forma que muchos imaginaron.

Desde hace
más de una década, científicos y astrónomos han planteado la existencia
de un cuerpo celeste desconocido en el Cinturón de Kuiper, una región
repleta de objetos helados más allá de Neptuno, donde el propio Plutón
orbita. Aunque el Planeta Nueve nunca ha sido observado directamente, su
presencia es una hipótesis cada vez más respaldada por el comportamiento
peculiar de otros cuerpos en esta región, los cuales parecen estar
influenciados por un objeto invisible y masivo. Este hipotético planeta
sería una "supertierra", con una masa entre cinco y siete veces la de
nuestro planeta, y tardaría entre 10,000 y 20,000 años en completar una
órbita alrededor del Sol.
El Cinturón de Kuiper y la hipótesis del Planeta Nueve
El Cinturón de Kuiper es un inmenso anillo de cuerpos helados que se
extiende hasta 50 veces la distancia entre el Sol y la Tierra. Dentro de
esta región, Plutón y otros cuerpos similares, como Eris, se consideran
planetas enanos, y muchos de estos objetos muestran órbitas que parecen
estar agrupadas en una misma dirección. Konstantin Batygin y Mike Brown,
astrónomos del Instituto de Tecnología de California (Caltech), fueron
de los primeros en sugerir que esta agrupación podría deberse a la
influencia gravitacional de un planeta masivo que aún no ha sido
detectado.
Batygin y Brown empezaron a investigar la existencia del Planeta Nueve
en 2014, inspirados por el trabajo de Scott Sheppard y Chadwick
Trujillo, quienes identificaron un extraño patrón en las órbitas de
algunos objetos transneptunianos —cuerpos celestes ubicados más allá de
la órbita de Neptuno—, que parecía indicar la presencia de un planeta
invisible. Aunque la teoría ha ganado adeptos, también ha enfrentado
escepticismo: algunos científicos sostienen que el comportamiento
orbital de estos cuerpos podría explicarse por otras fuerzas, como la
marea galáctica, una combinación de influencias gravitacionales de
estrellas distantes en la Vía Láctea.
Evidencias crecientes y una “pistola humeante”
A lo largo de los años, Brown y Batygin han
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publicado varios
estudios defendiendo la existencia del Planeta Nueve,
con la intención de demostrar que su hipótesis es sólida. En
uno de sus estudios más recientes, publicado en The Astrophysical Journal
Letters, los científicos examinaron el comportamiento de varios cuerpos helados
que, por algún tipo de perturbación, se han acercado más a la órbita de Neptuno
antes de ser expulsados del sistema solar. Según Batygin, la existencia de un
planeta desconocido sería la explicación más sencilla y plausible para estos
fenómenos.
Para probar esta teoría, el equipo de Caltech ha realizado simulaciones que
muestran cómo un sistema solar sin el Planeta Nueve no puede explicar la
agrupación observada en las órbitas de estos objetos. La hipótesis del Planeta
Nueve encaja de forma convincente, creando lo que Batygin llama una “pistola
humeante” en favor de su existencia. “Es algo asombroso y obvio en
retrospectiva”, comentó Batygin, quien se ha convertido en uno de los defensores
más fervientes de esta teoría.
Otras teorías y la posibilidad de un “super-Plutón”
No todos los astrónomos están convencidos de que el Planeta Nueve sea una
supertierra como lo describen Batygin y Brown. Un estudio publicado en agosto de
2023, liderado por Patryk Sofia Lykawka de la Universidad Kindai de Japón,
propone la existencia de un planeta más pequeño, con una masa de entre 1.5 y 3
veces la de la Tierra. Según Lykawka, este objeto podría ser una “Tierra helada”
o un “super-Plutón”, un planeta enano con características similares a las de
Plutón, pero con una masa mayor.
Esta teoría plantea que un planeta más pequeño podría explicar igualmente las
anomalías en las órbitas de los objetos del Cinturón de Kuiper, aunque de una
forma diferente a la propuesta por Batygin. Al describirlo como un “planeta del
Cinturón de Kuiper”, Lykawka intenta diferenciar su hipótesis de la del Planeta
Nueve, argumentando que ambos modelos, aunque similares, se basan en
alineaciones orbitales distintas.
Otras teorías menos
convencionales sugieren que el comportamiento inusual de los cuerpos en el
Cinturón de Kuiper podría deberse a la presencia de un agujero negro primordial,
una reliquia del Big Bang que habría sido capturada por la gravedad del Sol. Sin
embargo, estas ideas son difíciles de probar y representan hipótesis que quedan
al margen de la comprensión actual de la ciencia.
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