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EDITORIAL
Unidad
En la actualidad la humanidad
planetaria está convocada a la unidad, a la superación de las
diferencias existentes en las relaciones sociales de producción,
los conflictos suscitados entre el trabajo asalariado y el
capital, las regulaciones arancelarias y proteccionistas que
defienden la base productiva de los países que dominan el
mercado, la producción, distribución y comercialización de las
armas y su uso por parte de los agentes del estado, de la
sociedad civil y de los ejércitos insurreccionales o las mafias
que gobiernan el mundo.
Principios éticos como los de respeto por la diferencia y la
tolerancia a la igualdad y libertad de los demás, a sus formas
de ser, pensar, actuar o a sus opiniones políticas o religiosas,
han permitido a que los planificadores especializados en
orientar a la sociedad civil a través de las entidades públicas
y privadas desarrollen metodologías con enfoque territorial que
consisten en identificar cuáles son las necesidades de apoyo que
requiere la base productiva especializada en cada territorio.
De igual forma se han desarrollado metodologías con enfoque
diferenciado que enfatizan las necesidades que demandan las
poblaciones de las multitudes ciudadanas por edad, sexo y género
en el contexto de las sociedades nacionalistas, patriarcales,
homofóbicas, xenofóbicas y segregacionistas, para que la
igualdad con base en la dignidad de las personas les permita
superar la violencia y discriminación de las que son víctimas, y
puedan gozar de la plena garantía de los derechos humanos
fundamentales.
En las contradicciones que entorpecen la unidad de los
contrarios, aparece una nueva forma de confrontación entre las
concepciones que de vieja data tienen enemistada a la humanidad
por las epistemologías idealistas y materialistas de la
historia, creacionista o evolucionista de la vida, afirmadores y
negacionistas del cambio climático, que chocan con el uso de la
materia y la energía derivada del uso extractivista de los
elementos de la naturaleza y los pasivos ambientales que ha
dejado el trabajo asociado al capital.
De igual manera, como buen seguidor del modelo imperial
greco-romano orientado por la constitución política de los
Estados Unidos en la expansión del imperio de la democracia,
donde las multitudes ciudadanas son el poder constituyente
soberano, les corresponde a ellos llevar los beneficios de la
democracia a través de las fuerzas productivas existentes
sobrepasando los limites de su basto territorio, ya que su
espacio vital está constituido de manera global por todas las
plataformas continentales y oceánicas a las que mediante la
guerra, han de estar sometidas a la democracia imperial y su
promesa de paz.
A tal misión autoimpuesta se oponen de manera contundente de
manera comercial y militar otras naciones de dominación imperial
multipolar, a saber, Rusia, China, India o Brasil. Es ello lo
que genera la gran desunión humana. La realidad política demanda
una solución, así que ha llegado la hora de que la historia de
la humanidad se abra a la multiculturidad, en la que las
mujeres, hombres y no binarios que ocupan los diferentes
territorios sean eficientes gestores de paz, para que los
señores de la guerra no avancen con su distopia nuclear.
Construir murallas de la infamia para impedir el ingreso de
migrantes y expulsar inmigrantes, lo mismo que batallar contra
la producción, comercialización y consumo de narcóticos son
guerras perdidas, puesto que fomentan la corrupción tipificada
en trata de personas y enriquecimiento ilícito violento propios
de la codicia. Amanecerá y veremos como es que Donal Trump
responderá y le responderán sus conciudadanos ante el llamado de
unidad para la solución de las contradicciones existentes.
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La guerra de los patrones

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Todos somos ricos y todos somos pobres según las
circunstancias. La riqueza es una expresión que se utiliza para
enaltecer algo que está más allá de lo común, y algunos
quisieran estar en esa posición.
La evolución humana nos separó y nos dio a cada uno un puesto en
el arco iris. Por mucho que deseemos estar en otra esfera,
siempre estaremos en el lugar que la madre naturaleza nos
asignó. Aquí es donde nace el problema individual, porque unos
siempre van a estar en su hábitat, aunque no hagan nada por
cambiarlo.
En la búsqueda del poder se establecen
herramientas que permiten ilusionar a los más simples para que
produzcan y elaboren todo tipo de elementos que van a enriquecer
a los señores que manipulan en nombre del bienestar social. Todo
funciona aparentemente con normalidad porque la capacidad de
raciocinio es simple, y el medio a su vez es igual.
El patrón nace cuando el más fuerte y hábil subyuga a los demás.
Este siente que los demás lo respetan y lo siguen. Pero, hoy en
día las cosas han cambiado sustancialmente, aunque las raíces
sigan siendo las mismas.
Hoy en día, ese patrón aparece en diferentes
circunstancias porque ya no son los mismos escenarios. El dinero
da ese poder, sin importar quién es el personaje. Ya no se trata
de violencia, sino del poder adquisitivo que ejerce quien es más
rico en términos económicos.
El patrón básicamente ya no es un individuo, es
una corporación, una entidad o un conglomerado corporativo quien
controla todo: la bolsa, telefonía, internet, banca,
comunicaciones, medicina y aplicaciones. Los demás invierten en
ellos para hacer parte de ese poder.
Los políticos son unos parásitos mantenidos por estos grupos a
quienes hacen lobby en el Congreso. A esto se suma la
democracia, que, aliada con la corrupción, se convierte en el
patrón de los patrones. Aquí no hay “Illuminati”, ni “los sabios
de Sion”, ni toda esa literatura que ha creado grupos
imaginarios que rigen o controlan el mundo.
El mundo lo controla la corrupción nacida de la democracia,
unida con los políticos de turno y las grandes corporaciones.
Los individuos solo sirven y actúan según donde estén ubicados,
por el tiempo que existan o sean serviles al propósito de ese
momento.
En esta era, una minoría es su propio patrón y lucha por
sobrevivir a las economías que otros imponen para mantener el
ritmo de la economía mundial.
Al ser humano lo están obligando a trabajar como esclavo de sus
propios gustos y libertades. De esta manera, él se siente a
gusto pagando por su recreación y por todos aquellos que lo
hacen ver importante ante
los demás. Por eso, paga en exceso por cosas
banales que otros construyen y
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producen masivamente para llenar la autoestima
del individuo.
Es difícil bajarse de esta montaña rusa cuando ya casi todos
están montados y creen que lo están haciendo bien.
QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Mary English
De Patricia Diaz Daza
Editada por Periscopio
Audio:
https://youtu.be/aT-v8LZkhQg
La leyenda de la inglesa Mary English ha
trascendido hasta nuestros días porque fue, desde el comienzo de
la Guerra de la Independencia, un chisme bogotano adobado de
envidias políticas, resentimientos y frustraciones católicas,
pero en especial porque se volvió mito en la pacata sociedad
rola, cuando ella no había pensado todavía morirse.
Esta inglesa, que llegó a Colombia como esposa de uno de los
coroneles de la Legión Británica que vino a acompañar a Bolívar,
y muere en su hacienda cacaotera de Cúcuta donde vivió encerrada
los últimos 30 años de su vida, le sirve a Patricia Diaz para
montar una novela, probablemente muy desfasada para hoy, pero
llena de la gracia infinita de las novelas decimonónicas de la
Gran Bretaña, en donde la autora ha vivido.
En otras palabras, la nutrida historia de la
viuda de English y amante de uno y otro inglés residenciado a
principios de 1820 en Bogotá, está contada con facilidad pero en
un molde olvidado, casi victoriano, y con una estructura interna
tan caduca que a veces hace naufragar al lector en vericuetos
innecesarios.
Como la narración transcurre en dos planos
reales, la que cuenta la propia señora English y la que narra
desde un convento de Pamplona su ama de llaves, vuelta la novia
de Cristo, no una monja cualquiera, la diferencia que establece
el contrapeso (muy usado en Inglaterra desde Dickens) en vez de
colaborarle al lector, lo arrincona sin consideración.
Mas como la suavidad narrativa es abrumadora, el par de
versiones de lo vivido se engrandece nostálgicamente con la
leyenda que crece desde Bogotá pero estalla como volcán en
Cúcuta, en donde la señora sienta sus reales con su nuevo marido
(o con quien posa de tal) y monta la legendaria Hacienda
cacaotera de Pescadero que ni él, ni ella ni la ama de llaves
saben administrar pero que los vuelve famosos en toda la
comarca.
El personaje central de la novela debería ser, tanto en la vida
real como en la novela, una mujer despiadada, agresiva y
provocadora sexualmente, pero la monja que narra desde el
convento se encarga de aminorar la fuerza pecaminosa del
personaje y a la señora English no le queda tiempo, en las 367
páginas del libro, de asomarse al espejo y mirarse a sí misma.
El Porce, noviembre 10 del 2024
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