Bogotá, Colombia -Edición: 724

 Fecha: Domingo 24-11-2024

 

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

El chocolate: un placer que trasciende el tiempo

Por: Fernando Zarama Pardo

 

Desde las antiguas civilizaciones mesoamericanas hasta las vitrinas de las chocolaterías más exclusivas, el chocolate ha sido un protagonista indiscutible de nuestra historia. Más que un simple alimento, este manjar representa cultura, tradición y placer. Cada bocado es un viaje sensorial que despierta emociones, activa recuerdos y une corazones.

La leyenda dice que el cacao fue un regalo divino, ofrecido por los dioses a los humanos para llenar sus vidas de energía y vitalidad. Los mayas y aztecas veneraban al cacao, convirtiéndolo en una bebida ceremonial que simbolizaba poder y sabiduría. Aunque en ese entonces su sabor no tenía nada de la dulzura que conocemos hoy, ya era considerado un auténtico tesoro.

Cuando el cacao llegó a Europa, su historia dio un giro fascinante. Los europeos lo endulzaron con azúcar y miel, transformándolo en una delicia reservada para la aristocracia. Con el tiempo, la industrialización lo llevó a las masas, convirtiéndolo en el producto democrático que conocemos hoy: un dulce accesible y al mismo tiempo, una joya gourmet.

 

 

El chocolate no es solo sabor. Es ciencia, arte y hasta un poco de magia. Sus beneficios para la salud –si se consume con moderación– son casi tan reconfortantes como su sabor. Los antioxidantes que contiene pueden mejorar la circulación y proteger el corazón. Además, ¿quién no se siente más feliz después de un pedacito de chocolate? No es casualidad: estimula la producción de serotonina, la hormona de la felicidad.

Pero detrás de su dulzura también hay desafíos. La industria del cacao enfrenta dilemas éticos relacionados con el comercio justo y la sostenibilidad. En nuestras manos está consumir productos que respeten a los agricultores y al medio ambiente. Después de todo, el chocolate es más disfrutable

 

 

 

cuando sabemos que cada mordisco contribuye a un mundo mejor.

 

Así que, la próxima vez que te regales un trozo de chocolate, detente un momento y piensa en su viaje. Desde la semilla del cacao en una selva tropical hasta tu paladar, hay siglos de historia, esfuerzo humano y pasión encapsulados en un solo bocado.

Porque el chocolate no es solo un alimento, es un puente entre culturas, una pausa en la rutina y una experiencia que merece ser saboreada.

 

Y tú, ¿ya le diste un momento de gloria al chocolate hoy?

 

DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel Parra Arias

 

LA NAVIDAD ACTUAL SOSTENIDA A BASE DE TRUCOS QUE LE PERMITE DISFRUTAR DE UNA CÓMODA VIDA ARTIFICIAL

 

Debemos reconocer aunque nos duela que los cambios del mundo actual no son solo los relacionados con el espectro climático que se está acelerando y las modas que en las damas cada día son más reducidas en centímetros arriba de la rodilla robando la gloriosa expectativa que otrora alimentara la imaginación.

Me refiero al tema de una festividad que afortunadamente hasta el momento es patrimonio de ricos y pobres con mayor receptibilidad de los segundos, que así sea usando figuras de cartón y la degustación de manjares sencillos no por ello cejan en celebrar estas conmemoraciones.

La navidad al parecer y según las indiscreciones de algunos historiadores están basadas en premisas no del todo ciertas al acomodarlas al nacimiento de Jesús en tenor cristiano/católico, en una fecha inapropiada, aunque lo de las fechas sea demasiado difícil de confrontar.

Algunos amigos míos en plan acelerado de alicoramiento aprovechan esta oportunidad para fijarse en pequeños detalles discordantes como el pesebre del orbe católico recreado con amor y entusiasmo por niños y mayores un tanto fuera de lugar en cuanto a la armonía arquitectónica de esta recreación.

Alegan sin el peso de una investigación exenta de la injerencia de almíbares alicorados que el 99% de los pesebres del mundo (no se de donde obtienen estos datos) tiene serias inconsistencias si se
 

 

 

desea recrear con fervor histórico el nacimiento del niño Dios.

 

Poniéndose odiosamente serios (pesados diríase en España) alegan que no ven por que tienen que existir ovejas de tamaños discordantes, “rastrojeando” (según Wikipedia), en mañanas estivales en una época como la de diciembre cuando gran parte del mundo está bajo la tiranía de heladas tempestades y por ende los campos están más pelados que un maestro mal pensionado.

 

En cuanto a la actitud ecléctica de los arquitectos familiares que disponen el pesebre con pueblitos de cartón con construcciones modernas como edificios de 30 pisos y vías en las que compiten vehículos de diversos tamaños y colores sobre cintas asfaltadas de papel plateado que ya quisieran algunos de nuestros municipios, así como visitantes del recién nacido niño ataviados con vestimentas variopintas que no pegan con ninguna celebración, pues parece que no hay remedio y cada quien arma su pesebre como le dá la reverenda gana en coordinación con el poder económico destinado para tal efecto.

Mejor dejar las cosas así y lo mejor: dedicarse a disfrutar de las festividades que tanto apasionan a los chicos especialmente por la expectativa de regalos llegados a la medianoche con origen aparentemente desconocido para unos pocos.

 

Creo que no debemos seguir retando al espíritu de la navidad que en el siglo XIX, visitó a Ebenezer Scrooge, personaje dictado por la imaginación del inigualable Charles Dickens, para castigar a quienes no creen en la bondad de esta época mágica y continúan sin sonrojarse dando prelación a su vicio de atesorar dinero; por ello trajo al mundo a los tres fantasmas más impresionantes de esas míticas épocas, el de las navidades pasadas, el de las navidades actuales y el de las futuras con duras lecciones para aquellos sin corazón que no miran a los más desvalidos en tan significativa circunstancia.

 

 

Y como conclusión la navidad que se acerca de todas maneras merece todo el respeto y el olvido momentáneo de muchos compromisos considerados como inviolables para mirar hacia nuestras familias y personas que sin pertenecer a nuestro entorno familiar les esperan momentos tan tristes como los del resto del año. ¡Feliz Navidad para cuando llegue ese feliz momento!

 

 

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