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EDITORIAL
Subjetivo
La experiencia mental humana
es una pulsión biológica insana. La humanidad esta enferma desde
su génesis y necesita terapia para sus males carentes de cura.
Por el momento la inteligencia colectiva no tiene remediación
para la razón que justifica y garantiza la defensa de la vida
mediante mecanismos violentos que desencadenan muerte. La
humanidad es violenta por naturaleza, en un planeta de
naturaleza violenta.
El cosmos tiene gravedad imperceptible que causa disturbios en
las oscilaciones de las ondas de resonancia de las voces que
entonan himnos al heroísmo marchando al ritmo de la banda de
guerra. Himnos incrustados en el inconsciente de las personas de
buena voluntad o mala voluntad que disfrutan con la estética
desgarrada de la guerra. La guerra es la enfermedad planetaria,
la humanidad en estado de guerra no es una variable, es la
constante de esa ecuación.
La enfermedad de la guerra se ha hecho hueso, carne, sangre,
secreciones, vida y muerte. También produce contenidos respecto
de la verdad y la mentira, su argumentación es dualista lo que
permite juzgar los actos individuales y sociales bajo el prisma
del bien y el mal. Esta lógica maniaca engendra seres condenados
a vivir el infierno en la tierra, acompañados de argumentos y
comportamientos bruscos.
Cuerpos y palabras maltratados por los creadores de los
contenidos de textos sagrados y profanos, en esencia creadores
de la cultura asesina, verdugos de toda epistemología escrita y
pensada por los confines territoriales que ocupa la humanidad y
que conducen la memoria compulsiva del carro fúnebre de los
pueblos, perturbando la mente inquieta y discriminadora de la
humanidad, lo que se expresa mediante la exigencia de venganza y
castigo desproporcionados.
En la guerra, por supuesto, existe una cadena de mando
constituida por superiores y subalternos y los que dan las
ordenes quedan eximidos de las atrocidades que cometen los
subalternos. La Gu maldad debe de estar amparada por el derecho
humano internacional. Pero aquí en verdad a la razón se debe
identificar quienes son los superiores y quienes los subalternos
en la guerra planetaria que por diferentes motivos se libra en
la primera línea de los campos de batalla.
Los que dan la orden de la guerra son los Estados imperiales
productores de armas de destrucción masiva, las otras naciones
con sus mandatarios y sus pueblos son subalternos. Existe una
conciencia perteneciente a una pretendida superioridad en el
sujeto imperial y una conciencia de inferioridad en la
conciencia del sujeto perteneciente a un Estado subalterno. En
la actualidad el modelo de mercado global no ha suprimido las
enfermedades esclavas, serviles y explotadas que acomplejan la
existencia de una especie que se considera de orden superior.
Colombia es un Estado Nación subalterno en el concierto de las
Naciones Unidas. Sus élites sociales, económicas, políticas,
sindicales, étnicas, son élites sumisas al poder imperial que
las mantienen a costa de matar a los líderes sociales que
defienden la integridad territorial y el buen vivir de su
comunidades ante la avanzada ofensiva de la maquinaria
extractivista. La relación de oprimido opresor engendra
resentimiento, envidia y venganza.
Esta enfermedad atávica de la violencia en Colombia tiene que
ser analizada en el diván psiquiátrico y ha de ser atrapada y
encerrada en una botella sellada por un corcho femenino que
impida que sus hijos vayan a la guerra. Lo cual tiene que ver
con la salud mental y corporal de las mujeres y hombres del país,
y evidentemente con Carolina presidenta. Porque si la ciudadana
Carolina Corcho no se postula como precandidata presidencial a
las elecciones de 2026, alguien tendrá que postularla, para que
su interés no se vea originado por una mente egocéntrica.
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Se avecinan tiempos vividos que
solo la historia los almacena

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Con la elección del Sr. Donald
Trump a la presidencia de Estados Unidos la historia del país no
será la misma. En un mes que va corrido ya se siente la presión
de lo que viene después de su posesión como uno de los hombres
más poderosos en el mundo político y económico.
Ya comenzó a sentirse el tsunami que viene en todos los
estamentos públicos y privados de la nación. Algo que jamás se
había sentido en los 250 años de existencia de la nación.
Los demócratas como partido perdedor de las elecciones
comenzaron a mover todas sus fichas en la administración para
blindarse y proteger el país de lo que posiblemente se viene en
esta nueva administración del Sr. Trump.
Hablar en detalle sobre este tema sería un trabajo largo por lo
que se avecina. Los cambios que ya se están dando en la
economía, en emigración, en bienestar familiar y la persecución
que se ve venir, está creando temores que jamás en la historia
de la nación se habían visto. La emigración de nacionales a
otros países ya comenzó, al igual que el retiro de dinero e
inversión en propiedad raíz en otros países con el fin de
proteger los capitales económicos.
Los hombres más ricos del mundo están vendiendo gran volumen de
sus acciones de la bolsa de valores. Hay un sentimiento
preocupante en el gobierno por lo que ve venir y está asegurando
antes que salga que los programas estatales y federales estén
asegurados y los están firmando para que cuando llegue el nuevo
gobernante puedan continuar. Como el Social Security, vivienda y
trabajos de infraestructura.
Más de 11 millones de personas serán deportadas y el coste de
esto será de billones de dólares y las consecuencias que esto
implica en el movimiento de todas estas personas. Millones de
familias se verán afectadas porque uno u otro de la familia no
es residente y aun con hijos nacidos en Estados Unidos serán
sacados del país y el nuevo gobierno pretende no darles la
nacionalidad a los niños nacidos en el país.
Vendrá otro problema por la falta de mano de obra y quienes
realmente dirijan el país, esto está creando una división y unos
temores que jamás se habían sentido.
Quienes pretenden llegar y cruzar la frontera antes que se
posesione Donald Trump se van a encontrar igual que en el
comienzo de la era Nazi con el acorralamiento de judíos, negros,
gitanos y disidentes políticos.
No será fácil lo que se aproxima por lo que podemos ver y sentir
en la formación del nuevo gabinete que se está montando. Por
suerte los demócratas salvaron que no fuera mayoría republicana
el manejo de la justicia. Hay mayoría de jueces demócratas e
independientes.
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QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Mapamundi del Imperio
De Harold Kremer
Editado por Deriva
Audio:
https://youtu.be/hjpzGX-adzY
Siempre había creído que Harold Kremer iba a ser
el novelista que Buga pedía a gritos. Me ilusioné con algunos de
sus primeros pinitos pero terminé despechado. Hasta esta semana,
cuando me di cuenta que el equivocado era yo.
Harold Kremer no es un novelista de kilates. Es un narrador de
minicuentos absolutamente avasallador. Ese género, que pocos
desarrollan en nuestro país y muy pocos en América Latina con la
capacidad, finura y rotundez de Kremer, lo dice él en su epílogo
al alimón con Guillermo Bustamante, su compañero en la increíble
revista Ekuóreo, que sale por redes cada semana repleta de
minicuentos: Un minicuento no es un chiste, pero puede manejar
el humor.
No es un poema en prosa, pero se aproxima al haiku. Debe ser
breve, no mayor a 1.200 caracteres y se apoya más en lo
implícito que en lo explícito.
En este Mapamundi del Imperio, la cátedra está sentada y
respaldada con historias y anécdotas bugueñas, tan pendejas pero
tan chistosas, tan inverosímiles pero tan verídicas como los
inmensos tejidos de crochet que hacían las nietas del presidente
Sanclemente.
En este libro hay animismo a borbotones, espejos
y judíos. Por sus páginas se pasea el fantasma de Clarice
Linspector y de otros menos conocidos.
Hay jaguares y suicidas. Va de la realidad
imaginada a la crueldad que abofetea, siempre con Buga y el
Parque Cabal en el trasfondo. Como son relatos tan breves pero
tan golpeantes, se pueden leer en cualquier orden porque no hay
hilo conductor narrativo sino una cascada provocativa de los que
uno no sabe si es filosofía barata o sabiduría ancestral.
Hay uso y abuso de la paradoja pero con tanta gracia que resulta
lo mismo la crueldad que la felicidad. Hebreo o filisteo.
Rimbombante como los muchachos del puente de La Victoria, este
libro tiene dos ventajas opuestas: va ensimismando al lector o
lo convierte en esclavo del vicio oculto.
Aplaudirlo es poca cosa. Abrirle calle de honor es mi deber como
testigo esperanzado de la calidad literaria que exudan los 131
minicuentos agrupados como el rosario de pepas de chambimbe que
vendían los redentoristas de Buga a los fieles del Milagroso
haciéndoles creer que eran las lágrimas de San Pedro.
El Porce, noviembre 24 del 2024
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