Bogotá, Colombia -Edición: 725

 Fecha: Miércoles 27-11-2024

 

 

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TECNOLOGÍA-CIENCIA

 

 

 

Preocupación en la Estación Espacial Internacional: desgasificación en módulo ruso genera alarma breve

 

 

 

 

podría posponerse hasta 2025, en un contexto donde las tensiones geopolíticas y las prioridades nacionales podrían influir significativamente.

La ISS no solo es un laboratorio orbital, sino también un reflejo de los desafíos tecnológicos y humanos que plantea la exploración espacial. Cada módulo, sistema y componente enfrenta presiones extremas, desde temperaturas que oscilan entre los 121 y 158 grados Celsius bajo cero, hasta la exposición continua a radiación cósmica.

 

El incidente del módulo Poisk y la nave Progress 90 subraya la importancia de los protocolos de seguridad y los sistemas de respuesta ante contingencias en el espacio. Aunque el olor inusual fue rápidamente contenido, este tipo de situaciones pone en evidencia la necesidad de contar con sistemas más avanzados para monitorear y mitigar posibles problemas. Además, enfatiza la relevancia de la cooperación entre las agencias espaciales para garantizar la seguridad de las tripulaciones y la sostenibilidad de las misiones en el espacio profundo.

 

 

Este evento también plantea interrogantes sobre los materiales utilizados en las naves espaciales y su comportamiento en condiciones extraterrestres. La investigación en esta área es clave para el desarrollo de futuras misiones a largo plazo, como las proyectadas para explorar la Luna, Marte y más allá.

Mientras tanto, los cosmonautas y astronautas continúan su trabajo en la ISS, donde cada día es un recordatorio de la fragilidad y la resiliencia humana frente a las adversidades del cosmos. Aunque el olor inusual ya es cosa del pasado, este episodio se suma a la historia viva de una estación que, en sus más de dos décadas de operación, ha sido testigo de innovaciones, desafíos y logros sin precedentes en la exploración espacial.

 

La Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) vivió un episodio inusual el fin de semana pasado cuando un módulo ruso tuvo que ser cerrado temporalmente debido a un extraño olor proveniente de la nave de carga Progress 90. Aunque la situación fue controlada rápidamente, el incidente pone en el foco los desafíos inherentes a la convivencia humana en el espacio y a la operación de tecnologías en un entorno tan extremo.

El olor, reportado por los cosmonautas rusos a bordo de la ISS, estaba acompañado de la presencia de pequeñas gotas que observaron dentro del módulo. Según la NASA, el origen más probable de estas anomalías fue la desgasificación de materiales al interior de la nave Progress 90, descartando la implicación de combustibles como el dimetilhidrazina asimétrica y el tetróxido de nitrógeno, altamente tóxicos pero comunes en naves espaciales. El comunicado oficial destacó que no hubo peligro para la tripulación, lo que permitió abordar el problema sin mayores contratiempos.

 

 

La desgasificación es un fenómeno frecuente en el espacio, donde las condiciones extremas de radiación y temperatura afectan los materiales fabricados en la Tierra. Estos, al salir de la atmósfera terrestre, pueden liberar gases atrapados durante el proceso de manufactura. En este caso, aunque el evento fue breve, requirió medidas inmediatas: los cosmonautas cerraron la escotilla que conecta el módulo Poisk con el resto de la estación y los controladores en tierra activaron equipos para purificar el aire.

En palabras de Kelly O. Humphries, jefe de noticias del Centro Espacial Johnson de la NASA, el procedimiento fue ejecutado con normalidad, disipándose el olor en poco tiempo. Esto permitió reanudar las operaciones de transferencia de carga desde la nave Progress 90, que transportaba cerca de tres toneladas de alimentos, combustible y suministros.
 

El incidente, sin embargo, resalta la vulnerabilidad de la infraestructura espacial ante contingencias. La nave Progress 90,

 

 

que llegó a la estación el 21 de noviembre tras ser lanzada desde el cosmódromo de Baikonur en Kazajistán, es parte de una serie de vehículos esenciales para el reabastecimiento de la ISS. Estas naves, aunque altamente confiables, operan en un entorno donde incluso pequeñas fallas pueden generar preocupaciones significativas.

Aunque la calidad del aire se mantuvo en niveles normales gracias a los sistemas de monitoreo avanzados de la estación, este tipo de situaciones no son del todo inusuales. A lo largo de los años, los módulos rusos en la ISS han enfrentado otros desafíos. Uno de los casos más notorios es el del segmento Zvezda, que ha tenido una fuga de aire persistente. Esta anomalía ha obligado a que se utilice principalmente para almacenar carga, limitando su funcionalidad plena.

La ISS, que lleva operativa desde el año 2000, es un esfuerzo conjunto de cinco agencias espaciales principales: la NASA, Roscosmos (Rusia), la Agencia Espacial Canadiense, la Agencia Espacial Europea y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial. Desde su inauguración, ha albergado a tripulaciones rotativas de más de 20 países, funcionando como un laboratorio científico y un símbolo de cooperación internacional.

 

Sin embargo, el futuro de esta colaboración no está exento de incertidumbres. Mientras que la NASA ha proyectado operaciones en la ISS al menos hasta 2030, Roscosmos solo ha confirmado su participación hasta 2028. Los reportes sugieren que una decisión definitiva sobre su continuidad

 

 

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