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EDITORIAL
Cómo
compleja la cosa ¿No?
Colombia es un país sumamente particular. La particularidad
colombiana empieza desde que en la Constitución se auto inscribe
como laica, pero los devotos abundan por doquier, mismos devotos
que en ciertas posiciones juzgan a diestra y siniestra, increpan
y calumnian, mientras esparcen la palabra del señor por nuestro
hermoso país - bueno para nadie es un secreto, que si de
chismosos se trata, las abuelitas católicas y demás la tienen
clara, que entre juicio y desquicio avalan el poder del señor en
el mundo- Bueno, el chisme es algo completamente normal y hasta
interesante cuando de estudiar la imaginación y la capacidad de
pervertir una información se trata cuando se desea hacer del
chisme un poco más interesante.
Pero, que el chisme sea un
acto cultural es algo sumamente hilarante. Sin embargo, cuando
vemos que más allá del chisme también hemos articulado la
violencia como un acto cultural- decimos- como periódico, es
totalmente absurdo ver la normalización de los asesinatos, de
los cuales, cada uno es por mucho más absurdo que el otro, es
decir, inaudible, es pensarse la posibilidad de asesinar a una
mujer embarazada, pero sucedió, no obstante, aún más absurdo, es
ver como un joven asesina a su tío porque le gana la partida en
la playstatión, es decir, entendemos lo frustrante que puede ser
perder una partida una y otra vez contra una misma persona, pero,
en serio la vida en Colombia se volvió algo tan simple, como
para perderla solo por un juego, o incluso para asesinar alguien
que ni siquiera ha tocado el mundo en sí…
Más, que se puede esperar de
una sociedad en donde el maltrato infantil es básicamente algo
normal, tan normal que a veces se les pasa la mano, como fue el
caso en Risaralda mismo caso que mando a su propia hija a la UCI,
es decir esta nueva regeneración que idea tiene de la vida, y
del respeto hacia la misma, en donde fue que la generación
pasada fallo, claramente, se vino culpando de la violencia
juvenil al constante influjo de series de narcos y de sicarios
que rodearon la crianza de esta generación de adultos jóvenes,
pero seguro, no es que esto haya sido la única razón ¿Dónde
fallaron o fallamos? si queremos sobrevivir como una sociedad de
la vida, que en cada elección de presidente y demás cargo
público habla de la búsqueda de paz y mejor vivir, deberíamos
resolver en donde se falló, porque sino nos espera una
generación de jóvenes traumados con poca conciencia de la vida,
y ahí sí; cómo compleja la cosa ¿No?
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Sociedades en extinción

Por: Zahur Klemath
Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Las sociedades son
cuerpos orgánicos que existen igual que un organismo vital, que
viven dependiendo el tratamiento que se den a sí mismas o a su
condición genética.
Todo es circunstancial en razón de sí, pero en relación a una
sociedad todo está relacionado a su manejo intrínseco, o la
conducta de quienes están al frente de ellas.
Colombia es un territorio que podría decirse es el paraíso que
todos buscaban en la antigüedad, y que hoy está colonizado por
bárbaros invasores. Estos no entienden de nada, y se creen los
dueños de todo, sin pensar cómo vivir a la altura de lo que hay,
ni hacer daño a la misma naturaleza.
Colombia sigue siendo de colones mediocres que creen que
quitándole al otro lo que tiene, envidiando la prosperidad del
otro, no dejando por último no dejando que los demás prosperen,
van a lograr alcanzar lo que nunca tuvieron.
Esa ignorancia y falta de razonabilidad mantiene al margen a
todos y viviendo como miserables en medio de la riqueza. Esto
deja muchas circunstancias indeseadas que hace que la gente huya
de esos territorios en busca de mejores oportunidades. Y todo
esto es dado por el mal manejo de quienes asumen las riendas de
los Estados, elegidos por sociedades sin experiencia en la
elección que terminan eligiendo a estos farsantes.
Estas situaciones de mal manejo de la cosa pública o el Estado
son como una verruga que aparece en el cuerpo y poco a poco va
creciendo, y se convierte en un cáncer que tarde o temprano hace
metástasis. Por eso se ha visto en Europa como han nacido y
desaparecido países, y América Latina no ha estado exenta de ese
síndrome social.
Colombia necesita sacudirse o tener buenos médicos que le
diagnostiquen la enfermedad que tiene, la hospitalicen para
hacerle el tratamiento que le impida una muerte segura, y que
pueda restablecerse de la quimioterapia y demás tratamientos que
le pongan.
Posiblemente esto que se está diciendo sea confuso para muchos
por la inexperiencia en el manejo de la política o la economía
de un país. Pero, aquellos que pasaron por las universidades más
prestigiosas saben de qué se está hablando y que es lo que hay
que hacer.
Colombia tiene gente muy preparada en todos los niveles que
pueden administrar y dirigir el país. Pero para eso se necesita
organización social y ganas de hacer las cosas bien. De lo
contrario seguirán viviendo como criminales que son, tal cual el
Estado colombiano los ha colocado. Porque él es el mayor creador
del crimen organizado.
Cada ciudadano es un criminal, un
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estafador, un
delincuente o un infractor bajo las leyes que existen en el país.
Porque nadie puede decir que no ha cometido
ninguno de los delitos a los que el Estado los obliga a cumplir.
Por ejemplo, el pago de impuestos o darle a alguien algo para
que agilice o haga cualquier favor.
Ya es tiempo de visitar al doctor para que formule lo que hay
que hacer, espero que sea solo un antiparasitario para tomar
todos los colombianos.
LA CAÍDA DE LAS
CÁRCELES SIRIAS
Crónica
#1022

Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal
Audio: https://youtu.be/iy4-hCvilh8
La caída el fin de semana del régimen de Al-Assad le está
destapando al mundo una verdad que ni las más detectivescas
organizaciones de derechos humanos se habían atrevido a
denunciar, la de que las cárceles de la familia Assad albergaron
durante más de 40 años templos de tortura y ratoneras de
venganza.
Los rebeldes sirios liderados por el grupo islamista HTS al
capturar ciudad tras ciudad en el camino a Damasco, no solo
obligaron a Bashar al-Assad a huir del país, sino que abrieron
las puertas de las prisiones del régimen, en las que dicen
haber desaparecido más de 100.000 personas durante casi 14 años
de guerra civil y otro tanto desde cuando su padre se proclamó
dictador hace casi medio siglo.
Muchos de los prisioneros se les ve salir frágiles y demacrados,
recibidos por familiares que lloraban y no tenían idea de que
seguían vivos.
La prensa parisina, donde tanto alabaron al dictador sirio,
cuenta que algunos de esos prisioneros luchaban por comprender
que Assad se había ido.
The Guardian en Londres afirma que algunos estuvieron detenidos
e incomunicados por tanto tiempo que ni siquiera habían oído lo
que había sucedido al fundador de la crueldad, Hafez Al Assad,
que murió en 2000.
Lo más terrible, empero, lo presentó la televisión italiana. Se
ve salir a mujeres con sus niños pequeños detenidos en celdas
mínimas, verdaderamente inhumanas.
La pregunta es por qué el mundo tan curioso de estos días solo
vió a los sirios que huían de su guerra y se amontonaban en las
fronteras de los países europeos intentando ser recibidos y
nadie nos contó de las atrocidades del país desde donde huían.
La guerra permite todo, desde el silencio hasta el olvido.
Curiosamente ningún periodista acucioso de Paris o Londres hurgó
en los rostros de la tragedia que llegaron pidiendo asilo para
ayudar a denunciar el atropello.
Assad vivirá ahora en Moscú y ni la Corte Penal Internacional lo
interrogará.
El Porce, diciembre 11 del 2024
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