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Uno, dos y tres

Por: Edgar Cabezas
La sociedad colombiana necesita
consolidar tres políticas públicas de manera prioritaria para garantizar
el buen vivir de las multitudes ciudadanas: educación, salud y
alimentación. La educación tiene por finalidad formar personas para la
ciencia y la sabiduría. La salud es el bien fundamental de las personas
y de los hábitats que ocupan y, la alimentación, que es el mecanismo
mediante el cual las personas restituyen la energía que se gasta al
trabajar o por el simple hecho de vivir.
La ciencia se organiza cómo institución, en ministerios de ciencia e
instituciones adscritas. Proporciona, además, el método de investigación
para el desarrollo y acumulación de conocimiento a cargo de empresas
privadas y públicas con laboratorios y tecnologías de punta aplicados a
las cadenas productivas económicas. La ciencia genera la modelación de
las creencias y actitudes hacia el universo y la humanidad porque su
saber, al ser transmitido en lenguaje popular, aclara dudas y
preconceptos de ignorancia al pueblo y educa a los individuos para
mantener mente abierta.
Principal ocupación del científico es
indagar y hallar cómo hacer las cosas, mientras que la del ingeniero
consiste en hacerlas; la de los economistas, administradores y
contadores es asignar eficazmente los recursos, ejecutarlos
eficientemente y auditarlos: los médicos, biólogos, bacteriólogos
aseguran la salubridad del territorio y los artistas generan los
contenidos culturales arraigados en las costumbres e idiosincrasias
populares. Entre todos ellos trabajan para patrones, con colegas y con
la intención de beneficiar el interés social, porque la finalidad de la
ciencia y los científicos es la de cumplir con los indicadores del
bienestar.
La salud es un estado de bienestar
físico, mental y social en entornos con condiciones y ambientes
salubres. El objetivo principal del sistema nacional de salud es
fortalecer los sistemas de salud basados en la Atención Primaria de
Salud. La atención primaria en salud se percibe en Colombia como la
educación que de manera preventiva responsabiliza a las personas para
que protejan su salud a partir de hábitos en la manera de pensar,
sentir, consumir y desechar.
Todos los municipios de Colombia deberían crear mesas de trabajo para
fomentar diálogos vinculantes con relación a la propuesta de la doctora
Carolina Corcho que impulsa charlas saludables para un país enfermo
mental, social y ambientalmente, en el que la salud no se vea como el
gran negocio de la enfermedad, sino como lo que es, un derecho
fundamental universal.
Un sistema de alimentación y productos agropecuarios, piscícolas y
forestales, es un sistema en el que las cadenas productivas de alimentos
en fresco y procesados se cosechan y se transforman para consumo humano
con objeto de saciar el hambre y la sed que a lo largo de la historia
humana han permanecido como necesidades insatisfechas para buena parte
de la población humana, y, los residuos y subproductos se utilizan como
forraje para ganado, como abono o fertilizante mientras
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los empaques nutren la economía de la
reutilización y el reciclaje.
Sin embargo, en el intento de
alimentar a las multitudes de la población humana, las cadenas
productivas de mano con las industrias químicas, farmacéuticas y de
maquinaria envenenan y destruyen a la naturaleza y a la salud de las
personas. Es así que en el esfuerzo de combatir las plagas y las malezas
para salvar las cosechas que la alimentan, la humanidad se ha convertido
en el mayor agente contaminante.
Educación, salud y alimentación, son
políticas públicas de permanente reforma y mayor asignación de
presupuesto y de personas capacitadas.
CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
El Budha y el Mundo: Una Visión Más Allá
del Sufrimiento
El budhismo, una de las prácticas de
vida más antiguas del mundo, ofrece una perspectiva única sobre la
experiencia humana. Para un budhista, el mundo no es un lugar ajeno o
hostil, sino el escenario donde se desarrolla la vida. Sin embargo, la
visión budhista del mundo se distingue por un profundo entendimiento de
la naturaleza del sufrimiento y un camino para trascenderlo.
Una de las enseñanzas centrales del budismo es la de las Cuatro Nobles
Verdades: la vida es sufrimiento, el sufrimiento tiene una causa, es
posible poner fin al sufrimiento y existe un camino para alcanzar esa
liberación. Esta visión puede parecer pesimista a primera vista, pero en
realidad es un llamado a la comprensión y a la transformación.
La Impermanencia y el Apego
Los budhistas reconocen que todo en el mundo está sujeto al cambio y a
la decadencia. Nada es permanente. Esta comprensión de la impermanencia
los lleva a soltar los apegos a las cosas y a las personas. Al
desapegarse, los budhistas experimentan una mayor libertad y paz
interior.
El Amor Compasivo y la No Violencia
Otro aspecto fundamental del budhismo es el cultivo del amor compasivo y
la práctica de la no violencia. El amor compasivo se extiende a todos
los seres sintientes, independientemente de su relación con nosotros. La
no violencia, tanto física como mental, es una expresión de este amor
compasivo.
Un Camino hacia la Felicidad
Al cambiar su visión del mundo y cultivar cualidades como la sabiduría,
la compasión y la no violencia, los budhistas buscan alcanzar un estado
de liberación llamado nirvana.
El nirvana no es un lugar al que se va después de la muerte, sino un
estado de paz y felicidad que puede experimentarse en esta vida.
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El Budismo en el Mundo Moderno
Las enseñanzas de Budha siguen siendo relevantes en el mundo moderno. En
un mundo marcado por la incertidumbre y el sufrimiento, el budhismo
ofrece un camino hacia la paz interior y la felicidad. Al practicar la
mindfulness, la meditación y otras técnicas budhistas, las personas
pueden desarrollar una mayor resiliencia y bienestar.
En conclusión, el budhismo invita a todos a cuestionar sus creencias y a
buscar un significado más profundo en la vida. Al comprender la
naturaleza del sufrimiento y al cultivar cualidades positivas, podemos
transformar nuestra experiencia del mundo y encontrar una mayor paz y
felicidad.
Mi País el Tinto #4

Por: Rubén Darío Varela Hurtado
Mi país inundado de artistas callejeros
Para
todos los gustos y de todos los colores, con esta frase podemos
describir a la cantidad de artistas ambulante que a diario observamos en
las calles de nuestro país, de todas las edades, los géneros musicales.
A muchos de ellos los encontramos con flautas y marimbas, otros con
tambores y maracas, otros hasta con bafle, micrófonos y equipos de
sonido.
En mi País del Tinto nos cautivamos viendo a cantantes vestidos hasta
con corbata, trajes de franela, adornados con sombrero, plumas,
lentejuelas, capas, máscaras. Son artistas del rebusque, unos con un
magnífico talento y otros no tanto, pero al fin y al cabo artistas que
con su voz se buscan el pan diario en las calles, haciendo honor a su
don y destreza.
Muchos de ellos lo hacen por necesidad, otros por estilo de vida, unos
son viajeros que cargan una mochila al hombre repleta de ilusiones y
tendencia gitana, habidos de conocer decenas de plazas de pueblos y
calles culturales para cautivar así al público con su violín, trompeta,
flauta o maraca o simplemente su voz.
Algunos de ellos realmente son un ejemplo de vida y de superación que
hacen arte a pesar de sus limitaciones físicas como por ejemplo Jair, un
artista de orígenes indígenas que diariamente se ubica en el inicio del
puente que conecta a Ciudad Victoria con la Avenida Circunvalar,
deleitando a los transeúntes con su arte.
Pereiranos y extraños se quedan perplejos observando como este Valente
artista, quien carece de ambas manos, a diario se las ingenia para coser
hermosas manillas con sus pies y con suma cautela con el dedo pulgar
logra insertar su aguja en las shakiras y elaborar así manillas
coloridas de diversos estilos.
Así es mi País del Tinto, un territorio de valientes en donde el arte
también es una herramienta de rebusque y en donde el talento se
convierte quizás más efectiva, diplomática y admirable para vencer la
adversidad. ¡Qué mi País del Tinto siga inundado de arte porque también
se concibe como una forma de sobrevivencia en una sociedad poco
equitativa!
Mi País del Tinto seguirá siendo testigo de fascinantes historias de
vida de artista que ven en las calles una oportunidad de vida, y no solo
colombianos, sino también extranjeros que emigran a nuestro territorio a
expresar todo su talento en las calles colombianas.
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