Bogotá, Colombia -Edición: 749

 Fecha: Miércoles 22-01-2025

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

 

No es solo la pereza

 

En el debate sobre los males que aquejan a Colombia, la pereza se ha señalado con frecuencia como un factor corrosivo. Sin embargo, el problema no es la pereza en sí, sino su peligrosa mutación: la viveza. Este fenómeno cultural, tan enraizado como mal comprendido, funciona como un reactivo químico que, al mezclarse con nuestra base social, genera efectos destructivos y profundiza las fracturas de nuestra identidad colectiva.

La viveza, como una forma distorsionada de astucia, busca siempre el atajo. Se centra en el objetivo final, ignorando los medios empleados para alcanzarlo. En una sociedad con una moral tan deteriorada, esta actitud termina erosionando los valores fundamentales. "El fin justifica los medios" se convierte en un lema perverso que justifica la corrupción, la violencia y el individualismo. El colombiano, al alcanzar su meta —sea esta riqueza, poder o reconocimiento—, frecuentemente se encuentra solo, defendiendo un trono construido sobre el sufrimiento y las oportunidades negadas a otros.

 

Esta dinámica genera un círculo vicioso de desconfianza y fragmentación. Los políticos se culpan mutuamente, los ciudadanos desconfían del sistema y entre sí, y la sociedad entera parece haber olvidado que forma parte de un proyecto común llamado Colombia. En este contexto, la viveza no solo afecta las relaciones interpersonales, sino que también obstaculiza el desarrollo colectivo, perpetuando un malestar cultural que se manifiesta en la corrupción, la inequidad y la apatía.

 

El verdadero desafío de Colombia no es erradicar la viveza de un plumazo —una tarea utópica—, sino transformar su enfoque hacia el proceso. La construcción de un país requiere aprender a valorar cada paso, a disfrutar del camino y a respetar a quienes lo transitan. Esto implica sustituir la lógica del atajo por una ética del esfuerzo colectivo, donde el progreso no sea individual, sino compartido.

En última instancia, lo que mata a Colombia no es la pereza, sino la incapacidad de apreciar los medios como tan importantes como los fines. Es hora de abandonar el espejismo de los “edificios de ensueño” construidos sobre bases inestables y apostar por un proyecto de país que valore tanto el proceso como el destino. Solo así podremos redescubrir el sentido de comunidad y construir un futuro basado en la cooperación y la integridad.

 

 

La batalla de los sordos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Hay sordera física y sordera psicológica, ambas impiden escuchar lo que se dice. Pero la sordera física se remedia con signos que palen la situación. Un sordo de oídos no puede escuchar ningún sonido, pero percibe las vibraciones de los sonidos y de las cosas e intuyen lo que está pasando a su alrededor, porque están alertas con su sexto sentido.

Por lo general los políticos son sordos psicológicos, porque ellos escuchan lo que quieren escuchar y lo que les conviene. La razón es muy simple, ellos siempre están rodeados de adoradores que les están hablando y señalando lo que deben hacer y cómo aprovechar cualquier terreno donde ellos se metan. Lo importante aquí es ganar seguidores y votos.

El problema nace cuando ellos se montan en la caravana del poder y ahí se vuelven sordos psicológicos porque ellos solo se escuchan a sí mismos para no perder el poder sobre los demás. Ellos son el poder que una multitud les concede o les presta mientras ella recibe buenos beneficios.

Al comienzo todo funciona de maravillas, porque quien está en el poder cree que se las sabe todas y que solo es dar órdenes y que se hagan las cosas. Pero una sociedad no funciona como una granja agrícola donde hay peones y los pueden ubicar en cualquier barricada para que duerman y convivan mientras se cosecha.

Una sociedad es un bordado en un tapete donde hay que manejar colores, espacios, figuras y balance de todo el conjunto para que tenga su hermosura, para que otros transiten sobre él sin pensar que lo van a estropear.

Históricamente los empoderados del poder que han sido sordos psicológicos han terminado mal, pero muy mal. El cuadro es deprimente cuando lo miramos. Pero sin embargo lo vemos que se repite una y otras vez como en el caso de Venezuela.

Todos estos individuos se creen que fueron elegidos por fuerzas extraterrestres para gobernar el mundo, y ese cuarto de hora se agota tarde que temprano. Aunque todo regla tiene su excepción y estos terminan sus días entronizados en el poder hasta que se mueren de vejez o enfermedades. Aquí hay que hacer un estudio más profundo para entender qué es lo que realmente hicieron para sostenerse en el poder.

Hay cosas que pasan en los países que hacen que sea muy latente lo que está pasando, y se perciba en el ambiente cuando no hay esa estabilidad que emana

 

 

de quien gobierna y que no sabe cómo manejar o se teje un tapete. Lo que pasa es que todo termina mal y siempre terminan afuera y en el peor de los casos asesinados.

 

50 MIL MUERTOS NO SE OLVIDAN
Crónica #1038

Por: Gustavo Alvarez Gardeazábal
 

Audio: https://youtu.be/zdOAW4PF5ok


No se sabe quién resultó más bruto, si los palestinos de Hamás o los judíos de Netanyahu. Haber cometido el atropello imbécil contra el kibutz y el festival de música juvenil, matando y secuestrando casi que a la topa tolondra, sin prever la reacción voluminosa y despiadada de los afectados, le resultó costando a los palestinos casi 50 mil muertos, en su mayoría mujeres y niños y la destrucción de por lo menos la mitad de las edificaciones que se apretaban en la franja de Gaza.

Al Israel haber desencadenado como retaliación la más furiosa venganza hasta volverla un genocidio, terminó otorgándole no solo al primer ministro y a su gabinete, sino al pueblo judío, el remoquete universal e indeleble de criminales de guerra.

Hamás no consiguió con su guerra provocada algo más que una ratificación de su criterio terrorista, pero sobre todo perdió las cabezas visibles de su organización y desgastó inmisericordemente la imagen de pueblo sin tierra para quedarse con el diploma de pueblo masacrado por bruto.

Israel, por culpa de Netanyahu y sus extremistas, borró con su manera de hacer la guerra la imagen de pueblo perseguido pero inteligente, ganada con su sacrificio horroroso en el holocausto y su capacidad de resiliencia, para quedarse con el reconocimiento universal de crueles, despiadados y peligrosos.

De paso, Hamás perdió el liderazgo dentro de los palestinos y el ejército israelí demostró que no era tan capaz como se creía pues solo pudo encontrar al centenar de rehenes únicamente cuando se los entregaron a la hora de la tregua.

Todavía no se ha juzgado la tremenda equivocación del servicio secreto judío de no haber previsto la andana de horror y sangre de octubre del 2023.

Menos que el mundo valore hasta donde los perdedores de la contienda han sido los clérigos siniestros y malvados que gobiernan Irán.

Fueron 50 mil muertes estúpidas que la historia no olvidará.

El Porce enero 22 del 2025

 

 

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