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EDITORIAL
No es solo
la pereza
En el debate sobre los males
que aquejan a Colombia, la pereza se ha señalado con frecuencia
como un factor corrosivo. Sin embargo, el problema no es la
pereza en sí, sino su peligrosa mutación: la viveza. Este
fenómeno cultural, tan enraizado como mal comprendido, funciona
como un reactivo químico que, al mezclarse con nuestra base
social, genera efectos destructivos y profundiza las fracturas
de nuestra identidad colectiva.
La viveza, como una forma distorsionada de astucia, busca
siempre el atajo. Se centra en el objetivo final, ignorando los
medios empleados para alcanzarlo. En una sociedad con una moral
tan deteriorada, esta actitud termina erosionando los valores
fundamentales. "El fin justifica los medios" se convierte en un
lema perverso que justifica la corrupción, la violencia y el
individualismo. El colombiano, al alcanzar su meta —sea esta
riqueza, poder o reconocimiento—, frecuentemente se encuentra
solo, defendiendo un trono construido sobre el sufrimiento y las
oportunidades negadas a otros.
Esta dinámica genera un
círculo vicioso de desconfianza y fragmentación. Los políticos
se culpan mutuamente, los ciudadanos desconfían del sistema y
entre sí, y la sociedad entera parece haber olvidado que forma
parte de un proyecto común llamado Colombia. En este contexto,
la viveza no solo afecta las relaciones interpersonales, sino
que también obstaculiza el desarrollo colectivo, perpetuando un
malestar cultural que se manifiesta en la corrupción, la
inequidad y la apatía.
El verdadero desafío de
Colombia no es erradicar la viveza de un plumazo —una tarea
utópica—, sino transformar su enfoque hacia el proceso. La
construcción de un país requiere aprender a valorar cada paso, a
disfrutar del camino y a respetar a quienes lo transitan. Esto
implica sustituir la lógica del atajo por una ética del esfuerzo
colectivo, donde el progreso no sea individual, sino compartido.
En última instancia, lo que mata a Colombia no es la pereza,
sino la incapacidad de apreciar los medios como tan importantes
como los fines. Es hora de abandonar el espejismo de los
“edificios de ensueño” construidos sobre bases inestables y
apostar por un proyecto de país que valore tanto el proceso como
el destino. Solo así podremos redescubrir el sentido de
comunidad y construir un futuro basado en la cooperación y la
integridad.
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La
batalla de los sordos

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Hay sordera
física y sordera psicológica, ambas impiden escuchar lo que se
dice. Pero la sordera física se remedia con signos que palen la
situación. Un sordo de oídos no puede escuchar ningún sonido,
pero percibe las vibraciones de los sonidos y de las cosas e
intuyen lo que está pasando a su alrededor, porque están alertas
con su sexto sentido.
Por lo general los políticos son sordos psicológicos, porque
ellos escuchan lo que quieren escuchar y lo que les conviene. La
razón es muy simple, ellos siempre están rodeados de adoradores
que les están hablando y señalando lo que deben hacer y cómo
aprovechar cualquier terreno donde ellos se metan. Lo importante
aquí es ganar seguidores y votos.
El problema nace cuando ellos se montan en la caravana del poder
y ahí se vuelven sordos psicológicos porque ellos solo se
escuchan a sí mismos para no perder el poder sobre los demás.
Ellos son el poder que una multitud les concede o les presta
mientras ella recibe buenos beneficios.
Al comienzo todo funciona de maravillas, porque quien está en el
poder cree que se las sabe todas y que solo es dar órdenes y que
se hagan las cosas. Pero una sociedad no funciona como una
granja agrícola donde hay peones y los pueden ubicar en
cualquier barricada para que duerman y convivan mientras se
cosecha.
Una sociedad es un bordado en un tapete donde hay que manejar
colores, espacios, figuras y balance de todo el conjunto para
que tenga su hermosura, para que otros transiten sobre él sin
pensar que lo van a estropear.
Históricamente los empoderados del poder que han sido sordos
psicológicos han terminado mal, pero muy mal. El cuadro es
deprimente cuando lo miramos. Pero sin embargo lo vemos que se
repite una y otras vez como en el caso de Venezuela.
Todos estos individuos se creen que fueron elegidos por fuerzas
extraterrestres para gobernar el mundo, y ese cuarto de hora se
agota tarde que temprano. Aunque todo regla tiene su excepción y
estos terminan sus días entronizados en el poder hasta que se
mueren de vejez o enfermedades. Aquí hay que hacer un estudio
más profundo para entender qué es lo que realmente hicieron para
sostenerse en el poder.
Hay cosas que pasan en los países que hacen que sea muy latente
lo que está pasando, y se perciba en el ambiente cuando no hay
esa estabilidad que emana
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de quien gobierna y que no sabe cómo manejar o se teje un tapete. Lo que pasa es que todo termina mal
y siempre terminan afuera y en el peor de los casos asesinados.
50 MIL
MUERTOS NO SE OLVIDAN
Crónica #1038

Por:
Gustavo Alvarez Gardeazábal
Audio:
https://youtu.be/zdOAW4PF5ok
No se sabe quién resultó más bruto, si los palestinos de Hamás o
los judíos de Netanyahu. Haber cometido el atropello imbécil
contra el kibutz y el festival de música juvenil, matando y
secuestrando casi que a la topa tolondra, sin prever la reacción
voluminosa y despiadada de los afectados, le resultó costando a
los palestinos casi 50 mil muertos, en su mayoría mujeres y
niños y la destrucción de por lo menos la mitad de las
edificaciones que se apretaban en la franja de Gaza.
Al Israel haber desencadenado como retaliación la más furiosa
venganza hasta volverla un genocidio, terminó otorgándole no
solo al primer ministro y a su gabinete, sino al pueblo judío,
el remoquete universal e indeleble de criminales de guerra.
Hamás no consiguió con su guerra provocada algo más que una
ratificación de su criterio terrorista, pero sobre todo perdió
las cabezas visibles de su organización y desgastó
inmisericordemente la imagen de pueblo sin tierra para quedarse
con el diploma de pueblo masacrado por bruto.
Israel, por culpa de Netanyahu y sus extremistas, borró con su
manera de hacer la guerra la imagen de pueblo perseguido pero
inteligente, ganada con su sacrificio horroroso en el holocausto
y su capacidad de resiliencia, para quedarse con el
reconocimiento universal de crueles, despiadados y peligrosos.
De paso, Hamás perdió el liderazgo dentro de los palestinos y el
ejército israelí demostró que no era tan capaz como se creía
pues solo pudo encontrar al centenar de rehenes únicamente
cuando se los entregaron a la hora de la tregua.
Todavía no se ha juzgado la tremenda equivocación del servicio
secreto judío de no haber previsto la andana de horror y sangre
de octubre del 2023.
Menos que el mundo valore hasta donde los perdedores de la
contienda han sido los clérigos siniestros y malvados que
gobiernan Irán.
Fueron 50 mil muertes estúpidas que la historia no olvidará.
El Porce enero 22 del 2025
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