Bogotá, Colombia -Edición: 751

 Fecha: Domingo 26-01-2025

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TECNOLOGÍA-CIENCIA

 

 

 

Ráfagas de radio misteriosas: Un paso más cerca de resolver el enigma cósmico

 

 

 

 

Por otro lado, la ubicación de FRB 20240209A desafía las expectativas. Se había asumido que las FRB se originan en regiones activas dentro de galaxias con formación estelar. Sin embargo, esta ráfaga parece proceder de un entorno "muerto". Los investigadores creen que podría haberse generado en un denso cúmulo de estrellas o incluso por la fusión de dos estrellas de neutrones.

El futuro de la investigación

El avance tecnológico en telescopios como CHIME y el telescopio espacial James Webb promete revolucionar la comprensión de las FRB. Estos instrumentos permitirán identificar más ráfagas, rastrear sus orígenes y analizar patrones que podrían revelar sus mecanismos de formación.

Uno de los retos principales es determinar si las FRB se agrupan en categorías específicas según sus galaxias anfitrionas o si cada ráfaga es verdaderamente única, como un "copo de nieve" cósmico. La Dra. Vishwangi Shah, autora principal de uno de los estudios recientes, planea utilizar el telescopio James Webb para investigar si existen cúmulos de estrellas cerca de las ubicaciones de estas ráfagas.

El profesor Bing Zhang, de la Universidad de Nevada, destacó que los resultados actuales proporcionan "evidencia convincente" de que algunas FRB se originan en las magnetosferas de magnetares. Sin embargo, también subrayó que queda mucho por descubrir sobre el "cómo" de estos eventos.

Un misterio que redefine el universo

El estudio de las FRB no solo ofrece una ventana a los procesos más extremos del cosmos, sino que también podría transformar la comprensión de la dinámica universal. A medida que los astrónomos profundizan en los detalles de estas misteriosas explosiones, están desentrañando pistas que podrían conectar fenómenos aparentemente dispares, como la evolución de galaxias antiguas y los procesos internos de estrellas de neutrones.

 

 

Aunque el enigma de las ráfagas rápidas de radio está lejos de resolverse por completo, cada nuevo descubrimiento representa un paso adelante en la comprensión del cosmos. Como dijo el investigador Ryan Mckinven: "Cada FRB que logramos rastrear es una ventana al pasado del universo y una oportunidad para comprender cómo funciona en sus niveles más profundos".

El universo sigue ofreciendo sorpresas, y las FRB son un recordatorio de cuánto nos queda por aprender sobre los misterios que se esconden más allá de las estrellas.

 

Desde su descubrimiento en 2007, las ráfagas rápidas de radio (FRB, por sus siglas en inglés) han desconcertado a los astrónomos por su origen y naturaleza. Estos destellos extremadamente breves de ondas de radio, que liberan una energía equivalente a la que emite el Sol en un día completo, podrían contener las claves para desentrañar algunos de los mayores misterios del universo. Ahora, cuatro nuevos estudios han arrojado luz sobre este fenómeno, al localizar el origen de dos ráfagas particularmente intrigantes que, aunque similares en apariencia, provienen de entornos radicalmente diferentes.

 

 

La detección de dos historias fascinantes
 

Con el apoyo del radiotelescopio Canadian Hydrogen Intensity Mapping Experiment (CHIME), un equipo internacional de científicos identificó dos ráfagas de radio cuyas historias resaltan la diversidad de estos eventos cósmicos. Una de ellas, denominada FRB 20221022A, fue rastreada hasta un entorno caótico y magnéticamente activo cercano a un magnétar, un tipo de estrella de neutrones densamente magnetizada. La otra, conocida como FRB 20240209A, provino de las afueras de una galaxia antigua, muerta y casi vacía de estrellas, a más de 2.000 millones de años luz de distancia.

El descubrimiento de estas dos FRB demuestra que estas señales, aunque aparentemente similares, pueden originarse en condiciones muy diferentes. Este hallazgo amplía la comprensión de los astrónomos sobre los posibles mecanismos detrás de estos pulsos enigmáticos.
 

El caso de FRB 20221022A: Una explosiva cercanía

FRB 20221022A fue detectada por primera vez en 2022 y duró apenas 2,5 milisegundos. Sin embargo, su emisión polarizada y su brillo llamaron la atención de los investigadores. La ráfaga mostraba un patrón de emisión curvado, lo que sugería que la fuente estaba girando rápidamente. Esto llevó a los científicos a sospechar que podría provenir de un magnétar.

Al rastrear la señal, descubrieron que provenía de una galaxia ubicada a 200 millones de años luz de distancia. Investigaciones posteriores revelaron que el origen estaba en la magnetosfera del magnétar, una región intensamente magnética a unos 10.000 kilómetros de la estrella. Para dimensionar este logro, los

 

 

astrónomos compararon la precisión necesaria para localizar esta fuente con medir la anchura de una hélice de ADN en la superficie de la Luna.

 

Este descubrimiento también es un hito importante porque confirma que las FRB pueden generarse en las inmediaciones de magnetares, objetos celestes con los campos magnéticos más intensos conocidos en el universo. La energía almacenada en estos campos magnéticos puede reconfigurarse de manera que se libere en forma de ondas de radio.

FRB 20240209A: La sorpresa de una galaxia muerta

Mientras los astrónomos analizaban la diversidad de las FRB, se encontraron con otra ráfaga inesperada en 2024. FRB 20240209A no solo fue una emisión aislada, sino que produjo 21 pulsos adicionales a lo largo de varios meses. Lo más sorprendente fue su origen: las afueras de una galaxia antigua y masiva donde apenas hay formación de estrellas.

El equipo utilizó telescopios complementarios para localizar con precisión el lugar exacto del estallido, a unos 130.000 años luz del centro de la galaxia. Este hallazgo plantea preguntas sobre cómo pueden producirse eventos tan energéticos en regiones donde no hay estrellas activas ni procesos dinámicos evidentes.

 

El rompecabezas de las ráfagas de radio

Los científicos han debatido durante mucho tiempo sobre los posibles orígenes de las FRB. Las dos teorías predominantes sugieren que estas ráfagas podrían generarse bien cerca de las estrellas de neutrones, en entornos altamente magnetizados, o bien a mayores distancias, impulsadas por ondas de choque.

En el caso de FRB 20221022A, el "centelleo" detectado en la luz emitida apoyó la hipótesis de un origen cercano, dentro de la magnetosfera del magnétar. Este efecto de centelleo se produce cuando la luz pasa a través del gas interestelar, y su intensidad está relacionada con el tamaño de la región emisora. La Dra. Kenzie Nimmo, investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), comparó el centelleo observado con el brillo de las estrellas en el cielo nocturno, indicando que la fuente debía ser extremadamente compacta.

 

 

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