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EDITORIAL
¿Rotación
sin rumbo?
La estabilidad en un gobierno
no solo depende de su capacidad de ejecución, sino también de la
coherencia y solidez de su equipo de trabajo. En el caso del
gobierno colombiano actual, su administración ha estado marcada
por una inusitada rotación ministerial, con 42 ministros en dos
años y medio, y la expectativa de nuevos cambios en el gabinete.
Este fenómeno plantea una pregunta clave: ¿se trata de una
estrategia de renovación constante o de una falta de rumbo claro
en la gestión del país?
El hecho de que un presidente cambie ministros no es inusual.
Sin embargo, la velocidad y frecuencia con la que se han
producido estos movimientos en el actual gobierno han generado
incertidumbre, tanto dentro de la administración como en la
opinión pública. Si bien comandante en jefe ha defendido estas
decisiones como necesarias para mejorar la ejecución de su
programa progresista, la realidad es que los constantes ajustes
han evidenciado grietas en su equipo y dificultades para
consolidar un gabinete estable y eficaz.
Un gobierno que cambia ministros con tanta frecuencia enfrenta
múltiples desafíos. Primero, se genera una sensación de
improvisación que afecta la confianza de los ciudadanos y de los
sectores económicos. Segundo, la continuidad de las políticas
públicas se ve amenazada, pues cada nuevo ministro trae consigo
su propia visión y, en ocasiones, deshace lo avanzado por su
predecesor. Tercero, la alta rotación refleja dificultades en la
selección de perfiles idóneos, lo que podría indicar un problema
de liderazgo o de gestión de equipo por parte del presidente.
Por otro lado, los cambios también pueden verse como un intento
del gobernante por fortalecer su administración, removiendo
funcionarios que no cumplen con las expectativas o que generan
conflictos internos. Sin embargo, cuando la rotación se
convierte en una constante, el efecto es contrario: en lugar de
transmitir dinamismo, proyecta inestabilidad y falta de
dirección.
Con 18 meses restantes de mandato, la administración colombiana
actual enfrenta un momento crucial. Si el presidente desea
consolidar su legado y garantizar la continuidad de su proyecto
más allá de 2026, necesita un equipo cohesionado y eficiente.
Para ello, es fundamental que los próximos nombramientos
ministeriales respondan a criterios de idoneidad y estabilidad,
en lugar de ajustes apresurados motivados por presiones
políticas o crisis internas.
En última instancia, la historia juzgará si esta incesante
rotación fue una estrategia efectiva o un síntoma de debilidad
gubernamental. Lo cierto es que, a estas alturas, la estabilidad
del gabinete no solo es un reto, sino una necesidad
impostergable para la gobernabilidad del país.
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Los impuestos son el derecho a
la pernada de los políticos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Pagar impuestos es un compromiso que se le ha
creado a todos los seres humanos y ellos ven esta obligación
como algo natural en la vida cotidiana. A pesar que hemos
evolucionado a unos niveles que jamás los seres humanos habían
vivido en tal evolución, seguimos actuando como borregos que van
al matadero sin siquiera cuestionarse si esta obligación debe
mantenerse o cambiar el término.
Los impuestos nunca han sido un derecho que
tienen quienes los recaudan, ha sido una extorsión de quien los
impone porque de ellos se lucran quienes los manejan y no
realmente quien los paga.
Hablar sobre este asunto en términos históricos,
habría que escribir miles de páginas para al final, darles razón
a quienes los cobran actualmente.
El impuesto hoy día es un derecho a la pernada que tienen los
políticos para sobrevivir de lo que recolectan de los ciudadanos
que lo pagan. Porque si ese dinero que se recauda fuera a ir a
los propósitos que se suponen que deben ir, ya no sería
impuestos sino una contribución que cada ciudadano haría para
beneficio de toda la sociedad y para sí mismo en el futuro y
tiempos difíciles.
Ese dinero jamás debería parar en manos de los políticos, porque
ellos no representan a la sociedad, sino a su grupo político y
su entorno familiar. Los intereses aquí son desfigurados a lo
que la sociedad piensa y donde deberían ir. El Estado no son los
políticos, es la sociedad porque es ella quien la integra y
quien sostiene el Estado y establecimiento.
Los impuestos son una imposición, una extorsión porque si no los
pagas terminas en la cárcel y esto ha sido histórico.
Siempre el Estado se ha encontrado corto de dinero y quienes lo
manejan recurren a todo tipo de artimañas para imponerlos y así
vivir en mejores condiciones de quien los paga.
Cuando un administrador del bien social sabe cómo organizar la
sociedad y recoger no impuestos sino regalías de los negocios
que este hace con otros Estados y empresas para que se
enriquezca el Estado logra un superávit para el Estado y grandes
beneficios para la sociedad y esto se llama autonomía del Estado
y la sociedad. |
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UN PAR DE BERRACAS
Crónica #1050

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://youtu.be/8GzsBlWuOoI
El grotesco episodio dado el lunes pasado por el
gabinete presidencial a más de inusitado sirve para convencer a
unos y otros que el gobierno de Petro no solo es flojo y
desarticulado, sino que se retuerce en el veneno de la
incapacidad del presidente para ordenarlo y administrarlo.
Ingeniarse un espectáculo televisivo para recuperar imagen
podría haber sido una idea genial del marketing político, pero
al olvidarse que el gabinete había quedado fracturado con los
nombramientos, por lo menos polémicos, de Laura y Benedetti,
resultó ser una soberana estupidez.
Como tal se prestó para que más de uno de los
abogados seguidores de estas crónicas me recordaran la vigencia
de la ley 63 de 1923 que salvaguarda el accionar del gabinete
ministerial y que implícitamente asegura que sus sesiones estén
cubiertas por la reserva.
Y también, para darnos cuenta de que tanto doña Susana, la
ministra del Medio Ambiente, como doña Francia la vicepresidente
y ministra de Igualdad, son un par de berracas. Haber tenido la
entereza de decirle al presidente Petro, delante los ojos de los
50 millones de colombianos televidentes, que los nombramientos
de Laura y Benedetti son una vergüenza para cada una de ellas
dos y que no se sentirán sino pisoteadas si insiste en sentarlas
en esa mesa de la Casa de Nariño, coloca a ambas muy por encima
de sus colegas ministros y muy, pero muy arriba de la flojera
presidencial.
Oír la entereza con que juzgan la equivocación de
Petro de hacer esos nombramientos y, además la verticalidad
conque afirman que no renunciarán, es decirle a Petro que si es
tan berraco como ellas, que las eche.
A la señora Mohamad puede expulsarla del gabinete
pero a la vicepresidente sólo puede destituirla como ministra
pero no como su reemplazo en la eventualidad que esta crisis lo
lleve a hacer lo único que puede sacarlo del atolladero:
renunciar a la primera magistratura.
El Porce, febrero 7 del 2025
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