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CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica
El Fluir de la Vida y las Cuatro Nobles
Verdades
"La infancia pasa, la juventud la
sigue, la vejez la reemplaza, la muerte la recoge."
Esta sencilla frase encapsula una profunda verdad sobre la condición
humana: la impermanencia. Cada etapa de nuestra vida, marcada por
cambios y transformaciones, nos acerca inexorablemente a la muerte. Esta
realidad, aunque a menudo evitada o negada, es uno de los pilares sobre
los que se construye la filosofía budhista.
Las Cuatro Nobles Verdades
Para comprender mejor esta frase a la luz del budhismo, debemos recurrir
a las Cuatro Nobles Verdades, el corazón de las enseñanzas de Budha.
Estas verdades son:
* El sufrimiento es inherente a la existencia (dukkha): La vida está
marcada por el sufrimiento, ya sea físico, emocional o mental. El
envejecimiento, la enfermedad y la muerte son ejemplos claros de este
sufrimiento.
* El origen del sufrimiento es el deseo (samudaya): El deseo, entendido
como apego a las cosas impermanentes, es la raíz del sufrimiento.
Anhelamos la juventud eterna, la salud perfecta y la felicidad
inmutable, pero estos deseos son la fuente de nuestra insatisfacción.
* El cese del sufrimiento es posible (nirodha): El sufrimiento puede
cesar cuando liberamos los apegos que lo causan. Al alcanzar el nirvana,
experimentamos una liberación completa del sufrimiento.
* El camino hacia el cese del sufrimiento es el Noble Óctuple Sendero (magga):
Este sendero es un conjunto de ocho prácticas que conducen a la
liberación del sufrimiento, incluyendo la sabiduría, la ética y la
concentración.
La frase y las Cuatro Nobles Verdades
La frase "La infancia pasa, la juventud la sigue, la vejez la reemplaza,
la muerte la recoge" ilustra perfectamente la primera Noble Verdad: el
sufrimiento es inherente a la existencia. El envejecimiento y la muerte
son inevitables, y el apego a la juventud y la vida nos causa
sufrimiento.
Al mismo tiempo, la frase nos recuerda la segunda Noble Verdad: el
origen del sufrimiento es el deseo. Deseamos que las cosas permanezcan
igual, que la juventud dure para siempre, que la muerte no nos alcance.
Sin embargo, este deseo es la raíz de nuestro sufrimiento.
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¿Cuál es el mensaje para nosotros?
Esta profunda reflexión nos invita a:
* Aceptar la impermanencia: Todo en la vida es temporal. Al aceptar esta
realidad, podemos liberarnos del sufrimiento causado por el apego.
* Cultivar la atención plena: Vivir el momento presente, sin aferrarnos
al pasado ni preocuparnos por el futuro, nos permite apreciar la belleza
de cada instante.
* Desarrollar la compasión: Comprender que todos los seres experimentan
el sufrimiento nos lleva a cultivar la compasión hacia nosotros mismos y
hacia los demás.
* Buscar la sabiduría: La sabiduría nos permite ver las cosas con
claridad, sin ilusiones ni apegos.
En última instancia, la frase nos recuerda que la vida es un viaje, y
que cada etapa tiene su belleza y sus desafíos. Al abrazar la
impermanencia y cultivar las cualidades mencionadas, podemos encontrar
paz y felicidad incluso en medio del sufrimiento.
DE AQUÍ Y DE ALLÁ

Por: Otoniel Parra Arias
EL PREPOTENTE DONALD TRUMP Y EL NUEVO TRAJE DEL EMPERADOR
Preocupan los acontecimientos nacionales y del orden mundial bajo la
batuta de nuevos y viejos líderes que sin preguntárselo a nadie (para
eso los eligieron: para decidir omnímodamente), cada día se reflejan más
en antiguas leyendas y fábulas que los retratan dejándolos ante la
opinión con sus auténticos trapitos íntimos, así ellos quieran seguir
simulando estar cobijados por la alta costura de la verdad y la
justicia.
Una de las fábulas o cuentos, es el de Hans Cristian Andersen: “El traje
nuevo del emperador”, que critica deliciosamente el ridículo de los
poderosos que abducidos por su narcisismo, invadido de fallas humanas de
vanidad y orgullo, sin embargo se levantan cada mañana desde sus tronos,
enceguecidos y listos a apabullar a sus gobernados más los integrantes
del vecindario.
En una fanfarronería en la que envuelven sin ningún problema decisiones
absolutas, pero absolutamente injustas y duras que por lo regular, en la
necesidad de demostrarse a así mismos y al mundo que los ve, que están
poseídos por la verdad y amor a todos los seres humanos, precipitan
decisiones no siempre acordes con el clamor global de las gentes sobre
libertad y derechos humanos.
En el cuento de Andersen, publicado en 1837, el rey está tan intoxicado
de vanidad y narcisismo que ya no le para bolas a nadie y considera que solo sus
propias reflexiones son válidas para lo que va a decidir cada día, así los más
decentes le recomienden
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que no vaya por esos caminos que
sumirán al pueblo en esclavitud y muerte.
Por eso un día decide que él está poseído de una presencia serena que no
le obliga a llevar ningún atuendo por enjoyado que sea y por lo tanto va
aparecer ante sus súbditos totalmente desnudo montado en su hermoso
caballo imperial para recibir el saludo del respetable, sin temor a
ridículo alguno.
Tal es su prepotencia y pedantería basadas en su poder que puede enviar
a las mazmorras a quienes se atrevan a criticarlo e incluso quitar su
cabeza a los más osados en recriminarle algo.
El miedo que infunde este soberano es más que respeto y la gente le
espera temerosa a la vera del camino para aplaudirlo y adularlo,
felicitándolo por “su nuevo traje de emperador”, que en la realidad deja
a la luz del día sus vergüenzas íntimas.
¿Pero quién quiere correr el riesgo de perder la cabeza por una frase
crítica expresada en el lugar y tiempo equivocados? Pues nadie, porqué
la vida está primero.
Así en medio de una salva ininterrumpida de aplausos y alabanzas va
orondo en medio de la multitud hasta que un niño inocente de cinco años
lo señala y grita que el rey va desnudo y ahí termina el encantamiento.
Eso parece ocurrir a Donald Trump, quien en su segundo mandato se
muestra tan imponente y petulante en la refrendación de su poder sin
límites y por ello ha decidido salir ante su pueblo y el mundo
expectante con “el nuevo traje del emperador” que muy pronto ha sido
aplaudido y reverenciado, aunque sus gordezuelas vergüenzas íntimas
sobresalgan y asusten a todos. Convencido de que no tiene necesidad de
arroparse con el ajado edredón de los derechos humanos y el respeto a
los demás países ahora va tan campante, así pavoneándose rumbo a la
reunión con Putin en la que espera como lo está haciendo con el resto
del planeta, consumir a Ucrania y sus riquezas, bajo su amenaza siempre
a la mano de “lo toma o aténgase a las consecuencias”, fórmula que ya
ejecuta en Gaza y otras latitudes.

¿Aparecerá entonces el niño de cinco años que lo descubra en su desnudez
mental y moral que ya es preocupante?
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