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Siempre tienes la razón!
Durante largos años sabemos de personas que pretender hacerles
creer a otros que son dueños de la razón, no hay nada más errado
que eso, es por que en cada cabeza hay un mundo, dicho popular
en los años 70, donde escuchábamos a los abuelos y padres de la
época, tampoco es menos cierto que es muy posible que algunos
callen para dejar a otros obtener el beneficio del protagonismo
colectivo o individual.
Querer tener razón y demostrar que otra persona no está en lo
cierto es algo que llena de alegría a cualquier ser humano, sin
embargo en ocasiones esto resulta algo comprometedor y por demás
causa posibles molestias. El problema se presenta cuando ninguno
de los que opinan, tiene la razón, debido al poco conocimiento
de la estrategia de saber escuchara. No es lo mismo “tener
razón” que “llevar razón”, los términos son totalmente adecuados
según la ocasión y la temática que se tenga.
Es por ello que tener razón es algo objetivo, una tarea difícil:
es el resultado de investigación, conocimiento y lógica de una
temática en particular o conocimientos adquirido por
experiencias propias. Sin embargo, llevar razón es más
subjetivo, más humano, allí se impone la percepción sobre la
realidad, que se expresa en distintos sentidos de la humanidad
propiamente dicha. En una discusión se puede llevar razón sin
tenerla y ganar un debate a pesar de presentar argumentos
equívocos, también es posible tener razón y aún así no llevarla,
lo que conlleva a perder una disputa que debió haber ganado, en
muchas ocasiones sucede lo propio por no dejarse involucrar en
una disputa sin sentido, con otra persona que no aceptará.
En el libro "El arte de tener razón", Arthur Schopenhauer, donde
estable un total de 38 estratagemas para llevar razón,
independientemente de que uno esté, o no, en lo cierto. El autor
se excusa diciendo que quien discute no combate en pro de la
verdad, sino de su tesis, por tal motivo, su objetivo es dar las
armas para ganar un debate o discusión. Dicho de otro modo, el
filósofo sostiene una posición que parece correcta para ocultar
sus verdaderas intenciones… desde el principio nos introduce una
de sus estrategias para que no critiquemos su obra que, a todas
luces, se basa más en llevar la razón que en tenerla.
El ser humano es una máquina de creencias. Muchas de las cosas
que percibe a través de los sentidos, las programa mentalmente
para repetirlas una y otra vez como una letanía, hasta
apropiarse de ellas. Pertenencia que defenderá ferozmente y si
no se consigue apoyo, confrontará para obtenerlo. El ego de las
personas es un mosaico variado que incluye creencias ideológicas
inquebrantables, aquellas por las que es muy probable que llegue
hasta perder amigos, siempre que considere tener razón. Es
prudente recordar que, es derecho de todos tener opiniones
propias, verdades propias y también predilecciones, las cuales
identifican y definen al individuo. Sin embargo, ninguno de esos
aspectos debiera secuestrar el pensamiento hasta el punto de
asumir que, su verdad, es la única verdad que importa.
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Obsolescencia programada

Por: Hernán Riaño
En los últimos días se conoció, por varios medios de
comunicación, como ha venido sucediendo en los últimos años, que
varios teléfonos celulares serán descontinuados por sus
fabricantes y no volverán a tener ni actualizaciones ni soporte
técnico. Lo mismo sucede con aplicaciones (software),
computadores, sistemas operativos y en general con todos los
equipos tecnológicos.
Nos hemos acostumbrado a ese manejo de multinacionales que hacen
lo que quieren con el consumidor, no lo respetan y lo obligan a
ser totalmente dependiente de ellos y a seguir invirtiendo
dinero eternamente en las compras de sus productos, lo llamativo
es que los compradores lo hacen con gusto, cada que sale un
modelo nuevo de celular o computador, hay que cambiar el
“viejito” (de algunos años), porque “ya no le sirve” el que
tiene. Generalmente las diferencias de esos nuevos equipos con
los anteriores no son sustanciales sino, en muchos casos,
cosméticas, no determinantes en su funcionamiento.
Pero el que no quiere cambiar su equipo se ve obligado a hacerlo
a pesar que esté funcionando perfectamente y supliendo sus
necesidades. Algunos fabricantes les quitan funciones o los
vuelve lentos (multinacionales han sido obligadas a indemnizar a
sus compradores por esta maniobra (1)). Unos productores de
software, (como es el caso de una mensajería), deciden
unilateralmente no volver a prestar servicio en algunos modelos
de celulares (2) o en determinados tipos de sistema operativo, y
con esa maniobra los sacan del mercado.
Si el producto deja de funcionar, no hay quien lo arregle o su
reparación sale mas cara que comprar uno nuevo, por lo que el
consumidor prefiere deshacerse de el botándolo a la basura y
comprar otro.
Vamos a analizar es la responsabilidad social de los fabricantes
en el manejo de lo que es conocido como “basura electrónica”. El
ciudadano no sabe el manejo final de los residuos, en muchos
casos peligrosos, como es el caso de muchas baterías y de otras
partes difíciles de degradar. Pareciera que la mayoría de los
países no tienen planes eficientes para el reciclaje de esos
productos, la acumulación en zonas no aptas o preparadas para su
disposición están trayendo una nueva tragedia ambiental (3). Ya
hasta se habla de “otra pandemia” por la falta de programas para
reciclarlos eficientemente (4). En nuestro país va en ascenso la
producción de este tipo de desechos (5). En Colombia está la ley
1.672 de 2.013 que definió los residuos peligrosos, su impacto
en la salud y el ambiente, quienes están haciendo el
reaprovechamiento son algunas ONG y empresas particulares
dedicadas, pero con muy poca cobertura aún, si no se ha logrado
la eficiencia con los residuos ordinarios, ¿que estará pasando
con los electrónicos? ¿cuántos equipos dañados u obsoletos van a
los rellenos sanitarios de Colombia? (6).
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Algunos fabricantes no están asumiendo compromisos serios, y en
muchos casos ninguno, para poder eliminar o por lo menos mitigar
las consecuencias de esa acumulación de residuos, su afán de
lucro está llevando al mundo a otra tragedia igual o más grave,
a la de otros desechos, que están invadiendo el planeta pocos a
poco sin que los humanos lo evitemos.
En el mundo moderno todo tiene obsolescencia programada, esa es
la “moda”. Todo menos la mayoría de nuestros políticos, que
cuando dejan de ser “funcionales” delegan sus cargos a sus hijos
y así para toda la eternidad. Quienes podemos declararles la
obsolescencia a esos personajes somos los ciudadanos, eligiendo
a quienes respondan por las verdaderas necesidades del país, no
a las ellos. Lo más grave es que no hay forma de reciclarlos
para sacar algún beneficio para el país.
¡Buenos días familia!
Entre palos y piedras

Por: Zahur Klemath Zapata
Nos morimos para renacer como energía
Esta es la edición 270 de Noticias5 de hoy miércoles 29 de
diciembre de 2021.
Estamos haciendo el último recorrido a un año que termina para
dar inicio a otro ciclo en la rueda de la vida.
¿Qué nos espera este nuevo año del 2022? Lo mismo que el 2021,
pero con una experiencia que nos ha quedado incrustada en
nuestra memoria y sentimientos. Y ese conocimiento que hemos
recibido a palo limpio nos va a ser más dueños de nuestro
destino y no dejarlo a manos de otros que nos ofrecen pan y
panela y un rincón para vivir mientras ellos viven de nuestro
trabajo diario y la imposición de impuestos.
Hay dos candidatos con luz propia a la presidencia de Colombia,
uno ilumina como una vela encendida en la caverna en que vive,
sin saber por dónde está la salida, y a su vez pensando que
peleando como estudiante va a llegar a ser director del colegio.
El otro, con la experiencia de los años vividos y conocedor de
los juegos de malabares de los estudiantes apunta con su
linterna de diez mil lumis el camino correcto a seguir para
desembarazarse de tanta corrupción en la que está atascado el
país. No unidos corruptos con corruptos y mercaderes con
prestamistas.
Este año ya termina, y el voto en blanco apunta a acabar con un
congreso que al desaparecer el país montara sus propias
estructuras para avanzar y recoger lo que le corresponde en cada
cosecha de lo que realmente le corresponde. Y así se sentirá que
si es dueño de un pedazo de Colombia y se sentirá orgulloso de
ser colombiano.

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