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No al silencio cómplice
Muchas personas ven el silencio como la presencia de soledad,
incluso esto pueden llegar a generar estados de ansiedad o
depresión para algunos. Una de las primeras cosas que hacemos al
entrar al vehículo, es prender la radio, si vamos caminando
conectamos los auriculares al teléfono celular para escuchar la
música de nuestro playlist preferido, al llegar a casa
encendemos el televisor, siendo esto posiblemente un rechazo al
silencio.
Cada día nos envolvemos de varios dispositivos electrónicos,
buscando estimulación visual y auditiva, y no solamente
recurrimos a ellos de un modo de entretenimiento, sino que
llegan a ser parte de nuestras actividades cotidianas, es decir,
mientras nos duchamos, cocinamos, limpiamos, hacemos deporte,
entre otras, siempre nos acompaña un ruido externo. Ahora me
pregunto: ¿Qué pasaría si no le tenemos temor al silencio, sino
más bien aprendemos a conocer su valor? Posiblemente lo
dejaríamos de ver como un enemigo.
Nos perturba el silencio ya que esto en cierta forma nos hace
entrar en contacto con nosotros mismo, con ese yo interno que
deseamos mantener quieto durante todo el día, nos limitamos a
escuchar nuestra voz interna, a reconocer nuestras heridas que
deseamos mantener ocultas.
Tenemos claro que cuando el silencio hace acto de presencia,
este está acompañado de voces internas que hace florecer nuestra
parte oscura, el conflicto es que no lo queremos aceptar como
nuestras. Es muy probable que todo esto se deba a nuestro
entorno, nuestra cultura, en la sociedad en la que estamos
presente que nos enseña a estar conectados con el ruido externo
y no con el interno.
Considero un poco necesario cambiar estos hábitos, inclusos en
las nuevas generaciones, donde se deben estimular a desarrollar
y explorar el autoconocimiento, el desarrollo personal, la
meditación, la aceptación de la voz interna, para de esta forma
reconocer, aceptar y evaluar todas esas cosas que llevamos
guardadas, llegando a generar ansiedad, tristeza, rabia y miedo.
El silencio está denigrado y siempre se ha visto como algo
negativo, incluso se llegan a tener pensamientos de cuando una
persona esta callada, se deba a que está enfadada, ofendida,
triste o ausente, se ve al silencio como un acto de soledad y
vacío, emociones negativas, cuando esto no tendría que ser así,
al final son simples prejuicios.
Es momento de practicar el silencio, conectarnos con nuestros
temores, heridas y deseos, permitirnos conocernos, sanarnos y
volver a nosotros. Debemos tener la oportunidad de descubrir
nuestras necesidades, emociones y opiniones, de recuperar
nuestra fuerza y nuestra voz interior. Debemos conocernos y
aceptarnos.
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Solo tú puedes llenar tus vacíos, curar tus heridas y vencer tus
miedos. Solo tú puedes trabajar por tus sueños y objetivos.
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¡Buenos días familia!
Guerra de asesores

Por: Zahur Klemath Zapat
Esta es la edición 283 de Noticias5
de hoy Viernes 28 de enero de 2022.
Como todas las
empresas para que funcionen en este mundo industrializado necesita de
asesores que le indiquen al jefe como dirigir la empresa. Lo mismo pasa
con las campañas políticas para que se vean los resultados. Esto no es
nada nuevo.
Tanto el de
derecha como el de izquierda han contratado quienes los asesoren en esta
campaña política y así lograr un volumen de votos que los catapulte en
la casa de Nariño.
Aquí no es de
asesores, alianzas, bultos de dinero o señalar quién es el más corrupto.
El problema fundamental es cómo van a sacar al país de la violencia y el
crimen organizado que el mismo establecimiento manipula con impuestos y
toda esa parafernalia delictiva que se mueve tras bambalinas en el
congreso y que toda la nación paga para que el país siga de rumba.
De donde van a
sacar dinero para que el país funcione sin apretar al ciudadano, y como
van a eliminar tantos impuestos que no dejan que la sociedad viva
decentemente como en cualquier sociedad civilizada. Hay tantas cosas
buenas que se pueden realizar en este país, pero se necesita mentes que
realmente respeten y amen a Colombia e integren a toda la nación con una
bandera libre de colores políticos y que se pueda ondear para que todos
se sientan orgullosos de hacer parte de esta gran nación.
¿Dónde está
ese personaje que todos buscamos?
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CRÓNICA GARDEAZÁBAL #340
El peligro de guardar en la nube

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio
https://www.spreaker.com/user/8676384/2022-01-27-06-09-07-computer-record
Cuando los seres humanos dejaron la edad de piedra y
constituyeron, que se sepa, la primera civilización real en
Babilonia, lo hicieron a la par que se inventaron la escritura.
Existen testimonios arqueológicos de las tabletas de arcilla
donde los habitantes de esas entonces boscosas llanuras del
Tigris y el Eufrates dejaron impresos lo que se llama la
escritura cuneiforme. Debieron entonces archivarlas en lo que
serían las primeras bibliotecas o sacar copias de ella para
enviar a los sátrapas que administraban las provincias.
Siglos después los egipcios (o acaso ellos lo hicieron primero)
usaron los jeroglíficos para montar el alfabeto que miles de
años después lograrían traducir los arqueólogos de las
pirámides. Lo pintaron en sus lozas graníticas y algunos creen
que fueron también los primeros en usar el papiro como
antecedente del papel para imprimir la sapiencia.
Dos mil años más tarde surge el pergamino en el envés de los
cueros para dejarlos a la posteridad y se afirma que en la China
hacia el 200 DC se inventan el papel proveniente de la corteza
de los árboles, el cáñamo y los sobrantes de paños. Desde ese
entonces habíamos guardado la sabiduría y los relatos de cada
tiempo presente en el papel, hasta que llegaron en el siglo 20
las grabaciones magnetofónicas, los disquetes, los cassetes y
los cd. Paralelos a todo ello se fueron creando más bibliotecas,
los archivadores y las vasijas de barro como en el Mar Muerto o
de metal como en Harvard para guardar lo impreso.
Con el vértigo de las dos últimas décadas y la cultura del
computador hemos abandonado el papel, convertido en dinosauros
las bibliotecas y las hemerotecas y digitalizado cada vez más el
conocimiento impreso. Sin embargo la modernidad ha traído la
desconfianza y como ya no hay ni betamax ni VH ni aparatos donde
reproducir los casets ni los disquetes y las computadoras ya no
traen las ranura para meter los cd, y no se sabe cuándo dejarán
de ser leídas las memorias digitales, el mundo tiene que apelar
otra vez a los libros y los impresos o usar el archivador
universal: la llamada nube. Allí dizque cabe todo hasta la
eternidad. El peligro es que las biblioteca pueden ser nuestras,
de los herederos o del estado para los públicos de siglos y
siglos, pero la prodigiosa nube es propiedad de los monstruos
que se han adueñado del mundo y si por alguno de sus caprichos
totalitarios quieren no dejar entrar a la tal nube o borrar lo
que allí hemos guardado, las generaciones del futuro quizás no
tengan historia ni recuerdos y volverán a cometer las
estupideces como los babilónicos con su torre de Babel.
El Porce, Enero 27 del 2022
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