Bogotá, Colombia -Edición: 298

Fecha:  Viernes 04-03-2022

 

 

Página 10

 

   submit

Columnista

 

 

 

OTRO CUENTO PEREGRINO ó

EL CUENTO DE MARGALIDA

 

Por Jotamario Arbeláez

Para Juanita Humar

 

 

"Ella le contestó con un verso

de Vinicius de Moraes:

El amor es eterno mientras dura".

 

Adoro los cuentos de locos, donde cualquier cosa puede pasar. Los leo de adelante hacia atrás, y cuando termino, los comienzo por el final. Incluso tengo entre mis compromisos una novela por prologar, Las Tres Clepsidras, de Gino Facio, un amigo que en su tiempo fue una eminencia, nos organizaba las fiestas más deslumbrantes y a quien le llegó una época de viudez paranoica que le sumió el cerebro. Los lectores de las editoriales me la devuelven por interpuesta persona, pensando que soy su calmo autor, pero que puedo convertirme en loco furioso ante su negativa de publicación.

            Soy tan inofensivo que suelo asistir a cocteles, a presentaciones de libros. Traspaso columnas macedónicas de guardaespaldas y me instalo en las salas con dos dedos de hielo salpicados de escocés. En la última oportunidad Kataraín me obsequió uno de los primeros ejemplares de los Doce Cuentos Peregrinos, del Judío Errante de nuestra literatura.

            Era tal mi calentura con el libro bajo el sobaco que me dirigí solo a un motel y le pagué pieza por una hora para darle la primera tarascada. Allí me leí el prólogo con un brandy barrigoncito. Por él supe que se trataba de temas tomados de aquí y de allí, perdidos y vueltos a recuperar, transformados en ignición pura al contacto con la poesía. Al ver que no llegaba nadie, ni conmigo ni detrás de mí, el administrador del establecimiento me pidió por el teléfono interno que por favor me retirara, pues se reservaban el derecho de admisión de fetichistas con objetos. Debió pensar que era un enajenado sexual. Recuerdo que al salir echó una mirada compasiva a la magnífica edición de la Oveja Negra, que a decir verdad continuaba prácticamente virgen.

            Al llegar a casa, mi juvenil esposa dijo que me tenía una gran noticia. Pero era tal mi excitación con el libro que me hice el de la oreja gacha ante lo que adivinaba, seguramente el fruto de las oraciones de mamá. Le pedí que se quitara los tapones de las orejas, dijera un número, y se dispusiera a escuchar mi lectura de una de las 12 rosas de la carátula. Dijo 5 resignada con una mano. "Sólo vine a hablar por teléfono" fue la azarosa respuesta del índice.

            Se trataba en realidad de María de mi corazón, cambiada de título. Era mi cuento preferido del Monstruo. Las veces que he estado ante García Márquez me han temblado las piernas y se me ha acusado la afasia. Pero juro que esa historia que publicó en su columna de El Espectador la guardo recortada en mi billetera, entre una foto con Gonzalo Arango y las tarjetas de crédito. Creí pertinente hacer a mi joven consorte una introducción previa. Este cuento, le dije, es una nota periodística, que pasando por guion se convirtió en película. Lo leo cada vez que me siento solo de una sola sentada. Y la película la vi dos veces a pesar de ser mexicana.

            Como mi novilla callaba a medida que se le iban abriendo los ojos, me dio por rematarla con esta fábula.

 

   

 

Has de saber, gacela mía, que cuando apareció por primera vez este cuento (que enseguida gozarás corregido y aumentado, según el prólogo), la actriz Margalida Castro -a quien amo y respeto- se regó por los cuatro vientos con una acusación temeraria, que milagrosamente no creyó ni la prensa, seguramente en vista de sus antecedentes mentales. Ella salía de una clínica de reposo de las múltiples donde ha entrado, y declaró que esa historia era plagio de un capítulo vivido de su novela inconclusa Camisa de Fuerza", el capítulo "La Zarina", que le había contado su compañera de celda Catalina la Grande -la loca lúcida-, uno de los cinco "que le había adelantado al Gabo para que viera la posibilidad de escribirme un prólogo". Que el contacto se había hecho a través de Guillermo Angulo. Y dele que no le ha dado, el caso es que el prenobel le había "robado su tema"[1]. Cada loco con su ídem, pensamos todos en Colombia. En este pueblo no hay ladrones. Margalida delira. Margalida la de la flauta. Pronto dejó la cantaleta y se fue con su música a otra clínica.


 

[1] En verdad que Gabo si cuenta, en su columna María de mi corazón (5-5-81) que la historia era "un episodio de la vida real... que le contaron muchos años antes en Barcelona". Nota del 2001.

 

 

Para evitar que mi cortejable cónyuge se durmiera entre su piyama antes de entrar en materia, saqué del preámbulo el nombre de Miguel Ángel Asturias, quien declaró en pleno delirio de la envidia que Cien Años era un plagio de Balzac, y lo único que hizo fue promover la venta de unos cuantos ejemplares enhuesados de La Búsqueda de lo Absoluto, quedando como un absoluto cuero de vaca, y desprestigiado a tal punto que ya ni en su país se le lee, ni su señor presidente. No se puede atacar a Gabo. Atacar a Gabo es escupir al cielo. Borges murió sin Nobel, Mejía Duque se hundió en el olvido y Vargas Llosa no huele la Presidencia.

 

Comencé pues a leerle a mi tierna costilla la historia de María de la Luz (de paso se me escurrió una lágrima por mi María de las Estrellas) Cervantes, interna por equivocación en un asilo de locas donde llegó a pedir prestado un teléfono porque se había varado en la carretera. A estas alturas del relato mi media naranja estaba completamente despierta, casi que en estado de alerta, había apagado el televisor y servido Oporto con galleticas. Y llegó el

   

momento crucial de la literatura de locos, cuando en la evocación narrativa del regreso a su marido de una de sus escapadas infieles, abro comillas, ella se le rindió sin condiciones. Saqué pecho, subí el tono de voz y la clavé con los ojos. "¿Y ahora hasta cuándo?, le preguntó él. Ella le contestó con un verso de Vinicius de Moraes: El amor es eterno mientras dura".

            Mi adorado tormento se desclavó de mi mirada. Se incorporó, humillada y ofendida en el hueso de su credulidad lírica, y con una lágrima en cada ojo me hizo el reproche del descubrimiento: "Farsante, ¿no fue con ese verso que me conquistaste a mí?".

            El verso es mío, atiné a contestar dubitativo. Esas líneas no estaban en mi recorte. Ella se dirigió al teléfono, tal vez a pedir la ambulancia con los loqueros de la Clínica Monserrat. Vino un taxi.

            El verso merece ser de Vinicius de Moraes, no lo dudo. Como también sé que los mejores versos de cada lengua se escapan de sus autores para hacer parte de la parla del pueblo. El caso es que esa frase se me atravesó hace muchos años en un reportaje. Como Gonzalo Arango la subrayó, la integré luego en un poema y luego en una columna periodística acerca del amor del que nada sé. No me preocupó tanto la actitud de mi futura examante haciendo maletas. ¿Con qué cara voy a salirle ahora -pensé- a Jorge Valencia Jaramillo quien ha proclamado en la revista Pluma que se trata del mejor verso de amor de la poesía colombiana? ¿Y cómo voy a recoger de los tocadores de las fans mis opúsculos con esa dedicatoria?

            Como sospecho que García Márquez es más infalible que el Papa, he tomado el asunto con serenidad nadaísta. Y mientras retorna mi agraviada pero juro que no engañada cónyuge de casa de su madre con algunas onzas más de barriga (¿tal vez al leer esta nota?), estoy entregado con lupa a las obras completas en portugués de Vinicius. Y no sólo eso, también estoy escuchando sus canciones interpretadas por Ellis Regina, que me traduce al Oporto con galletitas la bella Malena Santillán[2].

            Pienso con todo, que confundir a Vinicius de Moraes con Jotamario Arbeláez (así no valga la consonancia), equivale a no distinguir el culo de las témporas, según la retumbante frase de Salinger en el capítulo segundo de El Guardián entre el Centeno. ¿O es acaso de García Márquez?  

 

EL TIEMPO, 1992


 

 

 


[2] El caso es que antes del regreso de mi embarazada pareja, Malena encontró el verso en litigio al final de uno de los sonetos principales del inmortal Vinicius. No se refería propiamente a la eternidad sino al infinito, o sea que hacía más énfasis en el tamaño que en lo perenne. "Pueda decirme del amor (que tuve) / Que no sea inmortal puesto que es llama / Pero sea infinito en cuanto dure". Muy bien, había que dársela por ganada al inexorable novelista. Pero, ¿cómo perder el verso que me había dado tantas ínfulas? Había que hacerle un retoque mínimo para habilitarlo en un sentido diferente. Y lo hallé. Bastaba repetir un sonido. El del verbo final, convirtiéndolo en adjetivo. Me quedó inmejorable y original: "El amor es eterno mientras dura dura". Gracias a Gabo. (Postdata del autor.  2001)

 

 

 

 

 

   

 

   

 

 

Página 10

http://www.zahurk.com/

http://www.netdigitalnews.com/

http://www.unitednetworkradio.com/

 http://thenewyorkpress.com/

 http://www.lavozdenewyork.com/

 http://www.eldiariodenewyork.com/

 http://www.lavozdenewjersey.com/

 https://www.elimparcial.com.co/

 http://www.lavozdepereira.com/

 http://www.noticias5.com/

 http://www.bogotainradio.com/

 http://eldiariodepuertorico.com/

 http://www.lavozdepuertorico.com/

https://www.noticiasliterarias.com/

http://www.lavozdelavirginia.com/

http://www.digitalbook.us/

http://www.azupress.com/

 http://2ez2play.com/

 http://www.idbms.org/

 

http://www.blue-browser.com/

http://bookjuggling.com/

 http://www.loslibrosdigitales.com/

 http://www.bibliotecaklemath.com/

http://www.diccionarioklemath.com/dictionario/

   http://www.lavozderisaralda.com/

 http://www.magazinliterario.com/

© 2020-2021 - Noticias5 - La idea y concepto de este periódico fue hecho en  Online Periodical Format© (OPF) es un Copyright de ZahurK.

    Queda prohibido el uso de este formato (OPF) sin previa autorización escrita de ZahurK

Suscribirse gratis