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Los tres
mandamientos

Por: Agustín Perozo Barinas
«¿No tienes enemigos? ¿Es que
jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?»
Santiago Ramón y Cajal
En este mundo poscovid, opaco, fraudulento, marcial y depredador, si
preguntamos a cualquier ciudadano algo simple como: «¿Te gusta la
política?», constataríamos sin sorpresa alguna que la mayoría responde
con un rotundo «No».
No importa el conocido argumento de que al que no le gusta la política
está condenado a ser gobernado por los que sí les gusta y la ejercen.
Rodrigo Mayorga escribió: «Criticar a un candidato es sin duda legítimo
en democracia; lo complejo es cuando el cuestionamiento a un político
particular se traspasa luego a los políticos en general y, rápidamente,
pone en entredicho a la política como esfera de acción».
Si no aceptamos la legitimidad de nuestros políticos como tampoco de
nuestro sistema político que los engendra, entonces, por deducción,
estamos siendo defraudados. Nos imponen una farsa.
El problema con la política, ya sin fronteras, pues al presente las
políticas nacionales dependen de la gran política global, es que
necesariamente no responde al bienestar humano ni a su hábitat
planetario. Es un aparejo del sistema financiero mundial y de
estructuras de poder del llamado «primer mundo».
La palabra poder viene del latín vulgar *posere, y este de 'posse, potis',
y este de la raíz indoeuropea *poti- (amo, dueño, déspota), que dio en
griego πόσις (posis = esposo, potestad). Varias palabras nos llegaron de
'posse', que incluyen: Poderoso - Que tiene mucho poder. Poderío -
Dominio, imperio.
El verbo 'poseer' (tener algo bajo su poder) viene del latín 'posidere',
compuesto con 'potis' y 'sedere' (estar sentado), propiamente ‘sentarse
como amo en un lugar’. De ahí: posesión, posesivo, poseído, poseedor,
desposeer.
Pues bien, sabemos que la gran
mayoría de la población mundial no está empoderada y en gran proporción,
está desposeída.
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El poder propiamente dicho
(económico e ideológico) descansa en el gran capital, el mismo señalado
por sus espectaculares especulaciones financieras, por su engañoso
dinero fiduciario o exnihilo (se argumenta que el dinero inconvertible
tiene la ventaja de ser más controlable y el gobierno emisor puede
gestionar de forma más fiable la oferta de crédito, la liquidez, los
tipos de interés y el control de la devaluación); por su perversa
creación masiva de deuda, por su impulso depredador con la
sobreexplotación de recursos naturales, con el extractivismo minero, con
los hidrocarburos, etc., y este, en esencia, procura beneficios,
rendimientos, utilidades... por ejemplo, en armamentos.
Como cualquier mercancía, el material bélico se hace obsoleto en el
tiempo. Tarde o temprano debe ser consumido para reponer inventarios. La
inmensa inversión en tecnología, materias primas, otros materiales,
procesos, instalaciones, entrenamiento, etc., explica claramente el
colosal negocio que envuelve esas operaciones. ¿Cómo se consumen los
armamentos? Simple, muy simple: en guerras y prácticas de guerra.
Los que hemos usado armas de fuego cortas, las llamadas "extensión de tu
puño", conocemos esa efímera sensación de poder mítico y tronador al
disparar ('efímera' porque cuando se acaban las balas la situación
cambia dramáticamente). Estos artefactos no sirven para ninguna otra
cosa que no sea matar. No puedes hacer ni surcos para la siembra con los
mismos. Ni educar, ni sanar, ni alimentar, ni abrigar; solo matar... y
generar ganancias a sus fabricantes. ¿Proteger? Sí y no... depende de
las circunstancias.
La guerra entre Ucrania y Rusia nos hace pagar un alto precio por un
conflicto ajeno a nuestros intereses. La invasión fue una decisión
político-militar rusa contra la insinuación de Ucrania de buscar
pertenecer a la OTAN, sumado a ataques en el este ucraniano; al menos lo
que creemos saber hasta ahora. Es un conflicto que detonó en el 2014
durante una revuelta antirrusa, Rusia se anexionó Crimea y comenzó la
guerra del Donbás. Decía Confucio que quien oye una sola campana corre
el riesgo de quedarse sordo.
Habría que consultar a rusos y ucranianos sobre este párrafo que nos
presenta el Centro de Análisis de Política y Prospectiva de Chile: «El
problema del espacio y del poder es un problema geopolítico desde el
momento en que reconocemos que todo espacio humanamente determinado es
objeto de alguna forma de poder que tiene lugar en él y a través de él,
y de que el poder encuentra en los espacios y territorios –en los
espacios territorializados- su ámbito principal de ejercicio, sus arenas
donde se despliega».
Así, también tenemos la
perversidad política en nuestros países: el poder no es para servir,
sino
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para servirse, y donde el fin
justifica los medios. En el año 2020, justo con la pandemia covidiana en
sus inicios, en la República Dominicana se eligió un presidente
abanderado de la caduca consigna de "El cambio" y de la persecución de
corruptos impunes que rehuían (y rehuyen) a auditorías forenses
independientes... estos mismos que al presente negocian sus espacios
políticos sin ser procesados judicialmente, dos años después.
En todas las instancias de poder todo es un acotejo a favor de intereses
políticos y económicos. Y la mano que mueve la cuna, el poder
financiero, lo apaña, hábilmente. Están destruyendo instituciones,
algunas ya casi inoperantes, dejando tras de sí un bagazo de sociedad.
Si aún tiene dudas, siga observando con juicio crítico... también a
usted le llegará en su momento el pesado fardo de ese poder
mefistofélico, similar al Soneto LV de Pablo Neruda:
"Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto, asedian día y noche la
miel de los felices y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros: la
desdicha atraviesa la paz de los dormidos; el dolor sube y baja y acerca
sus cucharas y no hay hombre sin este movimiento, no hay natalicio, no
hay techo ni cercado: hay que tomar en cuenta este atributo".
La protervia de estos políticos se somete a los tres siguientes
mandamientos cardinales. Ni usted, ni yo, ni otro ciudadano, mucho menos
la humanidad, somos de valor humano para ellos; somos solo agentes
utilizables y descartables para sus propósitos e intereses:
Primer mandamiento: La política es el arte de lo posible.
Segundo mandamiento: En política se hace lo que conviene.
Tercer mandamiento: La política se nutre de realidades.
¿Cuáles son nuestras fuerzas políticas representativas? Y, mucho más
importante, ¿representativas de qué? Seguro no de algo digno como
aquella frase de Jorge Gaitán: «Más vale una bandera limpia y solitaria
en una cumbre, que mil banderas tendidas en el lodo».
Para concluir, como uno de los tantos que nos ilusionados con la canción
«Imagine» de John Lennon en la década de los setenta del siglo pasado,
comparto una reflexión de Antoine de Saint-Exupéry: «Si queremos un
mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia
al servicio del amor».
Autor del libro sociopolítico La Tríada II en Librería Cuesta.
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