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Eichmann:
lecciones de crueldad para un mundo cada día más banal

Por: Guillermo Navarrete Hernandez
“…en efecto, un país se considera tanto más desarrollado cuanto más
sabias y eficientes son las leyes que impiden al miserable ser demasiado
miserable y al poderoso ser demasiado poderoso.”. (Primo levi, 1947, p.
96)
Hay hechos históricos de los que la humanidad jamás debe dejar de
recordar por su propio bien y que hacen parte del devenir cainesco, tal
vez parte de su propio mal. Hace 60 años, el 31 de mayo de 1962, murió
en la horca el señor Adolf Eichmann, un criminal de guerra, que
comandaba toda la logística para conducir judíos, gitanos, comunistas y
personas con discapacidad de todas las nacionalidades de la Europa
invadida por el ejército alemán e, incluso, ayudado por algunos
regímenes como el de Benito Mussolini en Italia, hacia los campos de
concentración en donde se produjeron una serie de crueles
acontecimientos, desde la anonimización al borrar por completo la
identidad de los cautivos y reemplazarla por un número tatuado en el
antebrazo, pasar por la tortura sistemática en términos de una profunda
indignidad, hasta la muerte, igual de cruel, en cámaras de gas o
camiones adaptados para provocar el deceso de quienes conducían a tan
oscuro viaje. Hechos que relata Primo Levi en su trilogía de libros
dedicados a dichos campos de aniquilación.
Dicho teniente Coronel que se enlistó en año 1932 en las SS, un cuerpo
élite fundado por Adolf Hitler en 1925, cuyo comandante fuera el poco
celebre Heinrich Himmler y que tenía inicialmente la misión de proteger
a los líderes del partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, lo describe
Hannah Arendt (1963), como un ser opacado por las frustraciones
producidas durante su existir, desde no poder culminar su “bachillerato
superior” hasta la imposibilidad de ascender a un cargo militar superior
al que ostentó hasta 1945, cuando el régimen alemán perdiera la guerra.
Como muchos criminales nazis, Eichmann después de haberse escapado del
campo de concentración destinado a integrantes de las SS, donde había
sido recluido por soldados norteaméricanos, y permanecer oculto durante
4 años en un bosque a 50 millas de Hamburgo, huyó a Argentina donde se
refugió haciéndose pasar por un simple trabajador de una fábrica de la
Mercedes Benz, bajo el nombre de Ricardo Klement, quien fue descubierto
por agentes de la Mossad, agencia de inteligencia Israelí, y después de
un espectacular operativo, raptado y conducido a Jerusalén, donde fue
procesado y hallado culpable. De estos acontecimientos se realizó la
interesante película “Operación Final”, la que recomiendo ver.
El Juicio contra este criminal que culminó el 11 de diciembre de 1961
con sentencia condenatoria, fue descrito por Hannah Arendt contratada
por el periódico New Yorker norteaméricano para dicho propósito y que
también se materializó en el libro “Eichmann en Jerusalén”, del cual
extraigo la mayor parte de los hechos aquí consignados. De tal estudio
surgió la expresión “la banalidad del mal”, referida a que personas
comunes y corrientes pueden cometer los más execrables crímenes al
amparo de normas y procedimientos burocráticos que enmarcan el actuar de
un régimen, sin reflexionar sobre sus actos y de las consecuencias que
de estos se pueden derivar. Pero que también puede ser el de aceptar los
crímenes de otros como legítimos con la excusa de la necesaria seguridad
propia, así muchos inocentes sean víctimas de tan nefasta política
estatal.
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“My President”

Por: Edgar Cabezas
Cuando se vota para elegir al presidente de Colombia se vota por elegir
al ciudadano que representa el símbolo de la unidad nacional y, a su
vez, se le otorga el poder de ser el jefe de Estado, jefe de Gobierno y
jefe de la administración pública. El presidente tiene que conocer y
someterse a la Constitución que es la ley superior a todas las leyes,
por eso tiene que ser un estadista, lo que significa que debe estar
versado sobre los siguientes títulos constitucionales: los principios
fundamentales; los derechos, las garantías y los deberes; de los
habitantes y del territorio; de la participación democrática de los
partidos políticos; de la organización del Estado; de la rama
legislativa; de la rama ejecutiva; de la rama judicial; de las
elecciones y de la organización electoral; de los organismos de control;
de la organización territorial; del régimen económico y de la hacienda
pública: y, de la reforma de la Constitución y sus disposiciones
transitorias. Quien no sepa de todo esto no puede ser presidente, porque
la ignorancia no exime de responsabilidad.
Siendo el castellano el idioma oficial de Colombia, el Presidente tiene
que ser una persona impecable con el lenguaje verbal y corporal. Debe
abstenerse del uso de palabras que ofenden y degradan la condición
humana y de amenazas de muerte contra la vida de sus opositores. Además
de aparentar ser honesto en público, también ha de serlo en privado
manifestando en sus actuaciones serenidad, templanza y paciencia para
saber coordinar en su condición de jefe de gobierno y en representación
de la rama del poder ejecutivo la política de complementariedad y
subsidiaridad democrática con las otras dos ramas del poder público: la
legislativa y la judicial.
Gustavo Petro en la actualidad reúne las condiciones de carácter,
criterio y sabiduría indispensables que se requieren para ser presidente
de Colombia porque él es un estadista que conoce perfectamente el
Estado. Su formación profesional incluye entre otras, la especialización
en hacienda pública cuya prioridad es la inversión y la productividad
del capital en el gasto social y ambiental requeridos para la igualdad y
equidad con plenas garantías de libertad, autonomía política y
territorial, autosuficiencia alimentaria. Es él quien mejor sabe cómo
implementar la política de transición energética. Gustavo Petro no
pertenece a la empresa privada de Colombia que asaltó y ahora tiene
secuestrado al Estado en su propio beneficio.
Para la ciudadanía que reiteradamente dice estar arrepentida por haber
votado por corruptos e ineficientes gobernantes, Gustavo Petro es la
alternativa y la solución a la frustración de elegir siempre a los
mismos criminales con sus mismas costumbres corruptas. Gustavo Petro
está formado en ciencias económicas, es un líder de las causas sociales
y ambientales, garantista de los derechos de las diversidades de género,
etnia y cultura. Es una persona educada, de buenas palabras, sabe oír y
gobernar con justicia y equidad.
Rodolfo Hernández no tiene los méritos para ser Presidente. No es un
hombre de humano corazón. Es un auto-proclamado estafador. Es un
sinvergüenza que defiende sus actos de corrupción con vehemencia. Un
incumplido, un mentiroso, un tramposo que engaña en lo público y en lo
privado. Y eso lo dice él respecto de sí mismo ya que su contumaz
ignorancia le ha permitido corromperse de pensamiento, palabra y obra.
De público conocimiento es que hasta la fiscalía le imputa cargos por
corrupción, que es un delito penal.
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COLOMBIA EL PAÍS DEL
ODIO!

Por: Iván R. Contreras C.
Si, un país polarizado por el odio, un país al que ya no le importa su
futuro, el futuro de sus hijos, de sus indios, de sus negros, de sus
mestizos, el de sus mujeres, un pais que se refleja el la forma de
hablar, de pensar y de enriquecerse de un candidato llamado Rodolfo
Hernández, el candidato de la extrema derecha que comanda un advenedizo
que surcó al país con odio y corrupción, apoyado por los grupos
paramilitares que el atinó a llamar convivir.
Es lamentable, es muy triste escuchar a gente que tiene academia, un
título universitario, desprendidos por todos los aspectos del amor
patrio, del amor a sus coterráneos y pedir a gritos que gane la
presidencia cualquiera menos Petro, sentí miedo, sentí vergüenza ajena y
hasta fastidio por esos jóvenes, no podía creerlo y no puedo aún, porque
hablaba el odio, el rencor y no la esperanza que sentimos muchos de
querer algo distinto para el futuro inmediato del país.
Ya lo dije en mi columna anterior, se perdieron las expectativas, se
perdió la razón, se perdió la moral, se conjugó en el territorio patrio
la ambigüedad, el desprecio por las instituciones, se destruyó el estado
de derecho y con él el sentido de fraternidad y respeto.
Solo tenemos una oportunidad de recuperar todo lo que parece mancillado,
lo que parece perdido y hasta irreversible, esa oportunidad es la de
poder determinar de una vez por todas a través de la democracia, a
través del voto, la certeza de poder decir que es lo que queremos y a
quien en el poder, sin mentiras, sin manipulación de la información, sin
los agravantes que nos han mantenido por años la clase política corrupta
y que cada día demuestra más su odio por el país y sus gentes, podemos
borrarlos o por lo menos empezar a hacerlo, pero tendrá que ser masiva
la participación de los colombianos en las urnas, porque ellos tienen el
poder para contaminar el Software de la registraduría y modificar los
resultados.
El país ya sabe que el adalid de la corrupción, el viejito energúmeno y
mitómano, si está imputado por corrupción, se ha metido hasta con la
Virgen, violentando la fe de los católicos que ven en ella a la madre de
Jesús, se ha metido con los pobres de los que se burla y dice que es la
mejor manera de enriquecerse, tiene una empresa que presta dineros sin
control del estado y sin contar la evasión de impuestos con empresas en
paraísos fiscales, le ha faltado el respeto a las mujeres es decir es
misógino, se puso en duda lo del secuestro y muerte de su hija y todo lo
que dice y hace este santandereano es mentiroso o falso y para completar
se limita el rabo con las leyes.
Es por eso que los colombianos tenemos que sacar de un solo tiro a todos
esos corruptos que hoy ya están rodeando a ese señor y que hacen parte
del aparato mafioso, corrupto y desprestigiado que nos gobierna hace 212
años que tenemos de vida republicana y cómo diría mi padre, han
vulnerado en todos y cada uno de sus derechos a la población, al pueblo
y aún salen a la palestra pública a decir que son el cambio y la
redención, cuando tienen sus manos teñidas de sangre y sus cuentas
bancarias repletas del erario, repletas de corrupción y llenas de la
esperanza que le arrebataron a los colombianos.
La oportunidad la tenemos el próximo 19 donde podremos decirles que no
los queremos más y que no los odiamos, pero que es hora de que trabajen
y vayan a prisión los que desde hace tiempo deben estar allá.
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