Página 10 |
|
![]() |
COLUMNISTA |
||
|
Enseñanzas de la bruja
Por Jotamario Arbeláez
Ahora que los años me van
alejando de la cama y me van acercando a la caja, no
dejo de pasar revista a mi donjuanesco pasado –sobre todo al
pasado en claro entregado a concupiscencias rebuscadas en los
libros de Sade y Sacher Masoch, y de reojo en el Kamasutra y el
Ananga Ranga–, que
aparte de mantenerme el cuerpo sano y adentro la mente sana, me
propició un caminar por el mundo a tono con mi enhiesto
esqueleto y la marca de mis zapatos.
cuando el amor se componía en partes iguales de dicha y de
desengaño, de maniculitanteos y coñazos, y se pasaba de los
séptimos cielos a los quintos infiernos, cosa que ha cambiado
ahora con la permisividad absoluta, me
tocó soportar tusas suicidas, pues al darme cuenta de que me
habían impuesto los cuernos me portaba como un caballero con la
manceba –a pesar de que en ese tiempo se estilaba dejarlas
también con el ojo picho–, salía a la
calle y embestía con furia al policía de la esquina. Con lo que
conseguía felizmente que me moliera los cachos a bolillazos.
Al
preguntarle cuánto le debía me dijo que nada, que me quedara a
dormir con ella.
|
Mi bruja milagrera se
preocupó con esmero, valga reconocerlo, porque viviera una poligamia sin afugias
ni compromisos. Y así recibíamos a la vez el oro y el moro.
Y para
ello me enseñó mi Circe contemporánea el arte de pedirlo, de
cuya inspiración escribí un libro con ese título que no ha tenido mucho pedido,
no por culpa mía ni de ella sino de los editores y los libreros que no se mueven,
como el tema lo exigiría. Me
dijo que era infalible, pero que yo tenía que poner de mi parte la mejor parte
del hombre, que no son propiamente sus sentimientos.
Y de
duración sostenida poniendo la mente en blanco o Dharana, como me instruyó una
yoguini, o pensando en los huevos del tiburón, como me enseñó mi papá. Hice cursos de tantra
por si las moscas. Y trabajé hasta pensionarme en una agencia publicitaria para
adquirir los denarios de la inversión, regalito, cena, licor, farmacia,
discoteca, motel, propina. Que eso
era impropio, ventajoso, tramposo, el ir sobre seguro con las incautas que aún
creían en la magia y prestigio de la poesía. Que
era desconsiderado dejar a la mujer sin defensas utilizando las lisonjas del
verbo. |
|
Que para eso estaban los ojos y los gestos del rostro, los diamantes, las flores, los discos, las serenatas, las discotecas, los bailes, los amacices, la invitación a viajar, las comidas y los licores.
no
sé cuántas mujeres se me dieron o me lo dieron, o como se decía antes se me
entregaron, y tampoco puedo asegurar que ya me venían destinadas porque todas
hicieron uso previo de su libre albedrío, me midieron y me pesaron y no me
encontraron falto de peso ni de medida. Es lo
mismo decir que me poseyeron porque hay que reconocer que con frecuencia el
seductor es el seducido, el cazador el cazado y el pescador el pescado asado.
El
que cae en las redes de la fase más enervante de la pasión cual es “el
encoñamiento”, donde sucumben la razón y el entendimiento. Donde se termina
perdiéndose. El
tema de este escrito es declarar que de ello me salvé por un pelo. Por el pelo
de las enseñanzas de Circe, que por cierto lo tenía bien trenzado. A los diez
años sin haber cazado pelea terminamos separándonos de la mano, al sospechar que
nos estábamos enamorando.
Otra
para darse el lujo de permanecer impávida ante mis fanfarronas arremetidas
calenturientas y la vi terminar gimoteando a moco tendido. Y a
la lolita a quien habían encargado de ser la guía del “nadaísta en un festival
de poesía en Medellín, cuando ingenuamente me preguntó:
“¿Usted todavía nada?” le respondí marrullero: “Yo todavía todo”
|
Página 10 |
|
© 2020-2022 - Noticias5 - La idea y concepto de este periódico fue hecho en Online Periodical Format© (OPF) es un Copyright de ZahurK. Queda prohibido el uso de este formato (OPF) sin previa autorización escrita de ZahurK
|