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Tecnología aeronáutica para aviones más
eficientes

La industria aeronáutica se enfrenta a un futuro marcado por el
desarrollo de aviones disruptivos para cumplir con los objetivos de
reducción de emisiones contaminantes, manteniendo los niveles de
operatividad y controlando los costes.
Para alcanzar estos retos, las investigaciones actuales
están centradas en la aplicación tecnológica en el diseño y fabricación
de las aeronaves, en la implementación de nuevos materiales, en la
digitalización, en el desarrollo de tecnologías de generación y en el
almacenamiento y gestión de energía, junto con su integración en la
estructura.
En un escenario de Covid-19, las perspectivas para el mercado de
aviación comercial de cara a los próximos años eran, según la última
Previsión Global del Mercado de Airbus, un incremento del 4,3% anual del
tráfico aéreo en el periodo 2019-2038, pasando de los cerca de 23.000
aparatos de hoy en día a 47.680, de los que 39.210 serían nuevos.
Además, el tráfico de carga aérea crecería un 3,6% por año hasta 2038,
duplicando los actuales niveles, lo que requeriría en torno a 2.800
cargueros, frente a los 1.800 de la actualidad.
Todo ello exigiría la actualización de las flotas con
aviones de última generación, posible gracias a los avances tecnológicos
que permiten un acercamiento al objetivo de emisiones cero a través de
sistemas de propulsión más eficientes y aviones más ligeros y
eléctricos.

Con la irrupción de la pandemia, estas estimaciones han variado
notablemente,
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como destaca el informe “Covid-19. Perspectivas para el transporte aéreo
en los próximos 5 años”, de la Asociación Internacional de Transporte
Aéreo (IATA).
Los viajes aéreos se recuperarán a un ritmo más lento que
la mayoría de la economía, y hasta 2023 no se volverá a los niveles de
tráfico internacional de 2019. En torno a 2025 se prevé una bajada del
10% en las previsiones de crecimiento, lo que puede conllevar
modificaciones en los proyectos de regeneración de aeronaves.

El desarrollo aeronáutico en la actualidad se está centrando en tres
vertientes, como comenta Vicente Gómez, secretario general de la
Plataforma Tecnológica Aeroespacial Española (PAE): – La eficiencia
medioambiental: reducción drástica de las emisiones (la aviación es
actualmente responsable del 2% de las emisiones totales de CO2). Se
trabaja para que las emisiones netas de carbono de la aviación sean en
2050 la mitad de lo que eran en 2005.
– La eficiencia energética: reducción del consumo, factor principal del
coste de operación de los aviones.
– La competitividad en precio sin sacrificar la seguridad: para que la
aviación siga siendo el medio de transporte más seguro.

“Hay muchas líneas de trabajo para cumplir con esos objetivos y una de
ellas es la de conseguir diseñar y fabricar aviones más eficientes
aerodinámicamente, reduciendo la resistencia aerodinámica para aumentar
la eficiencia energética”, señala Gómez, que, de entre las ideas en
desarrollo que se están investigando para conseguirlo, destaca las
tecnologías que permiten la optimización de trayectorias o la que trata
de conseguir un flujo aerodinámico laminar en torno a la aeronave.
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“Hay diversos proyectos en esta dirección en Europa, e
incluso alguno de ellos ya está haciendo ensayos en vuelo, como el
proyecto de Airbus, en el que se han sustituido las secciones externas
del ala de un avión comercial por unas nuevas capaces de reducir la
resistencia aerodinámica en un 50% y ahorrar un 5% de CO2, y en el que
la industria española ha tenido una participación relevante (la
estructura de la nueva ala laminar ha sido desarrollada y fabricada en
España por Aernnova)”.
Digitalización aeronáutica

Para lograr aviones aerodinámicamente más eficientes, las
investigaciones también se están centrando en los materiales utilizados.
En esta línea, uno de los principales avances de los últimos años ha
sido el plástico reforzado con fibra de carbono, que es un ejemplo claro
de desarrollo de alta tecnología en el sector aeroespacial que luego se
ha transferido a otros sectores.
“España ha sido pionera a nivel mundial en este desarrollo”, señala
Gómez, para quien el reto actual es disminuir los costes de fabricación
de los elementos en fibra de carbono y dotar a las estructuras
fabricadas con estos materiales de más funciones que la meramente
estructural.

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