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Los “jaguares del río” están en peligro

A pesar de que el hombre no es su principal depredador debido a que su carne no
se consume y en el pasado solo era utilizada como cebo para atrapar a un pez
carroñero, el gracioso y llamativo delfín rosado se encuentra en la categoría de
En peligro y hay quienes consideran que al cabo de unos 50 años podría
extinguirse.
Su llamativo color lo ha convertido en atractivo turístico y sobre él se han
escrito hasta fábulas en el Amazonas, departamento por el que recorre las aguas
del río que lleva su mismo nombre, así como por el Orinoco.
Esta criatura, cuyo nombre científico es Inia geoffrensis, es amistosa, social y
curiosa por naturaleza. Es las más inteligente de todas las especies de delfines
de río.
También conocido como boto, tonina o delfín del Amazonas, es el más popular de
las cinco especies de delfines que habitan en los ríos debido a su inusual
color, además de ser la más grande.
Son llamados los “jaguares del agua” debido a que son los depredadores “tope”,
puesto que allí son los que controlan todas las poblaciones de peces.
“Actualmente los delfines del Amazonas están en la categoría de En peligro.
Durante varios años estuvieron como Datos deficientes, pero en los últimos
cuatro años hicimos un análisis nuevo de cuáles son las amenazas que enfrentan
estos animales y nos dimos cuenta de que son muy grandes y por eso pasaron a la
categoría de En Peligro.
Esto ha hecho que los gobiernos de Colombia, Brasil, Perú y Ecuador se
comprometan con los delfines ante la Comisión Internacional Ballenera para
establecer un plan de conservación regional. Actualmente soy el coordinador de
ese plan”, dice Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha, quien dedica
buena parte de su tiempo a trabajar por la especie.

Así mismo, ante el riesgo en que se encuentra, se estableció “una iniciativa que
se llama Suramericana de Delfines de Río (Sardi), que tiene representación en
todos los países, Brasil, Ecuador, Perú, Brasil, Venezuela
y Colombia, y hemos venido trabajando de manera coordinada, haciendo
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expediciones científicas por más o menos 54 mil kilómetros de
ríos en la región, en donde ya hemos venido estimando la abundancia de esta
especie y en algunos casos ya hemos establecido tendencias poblacionales y
detectado que las poblaciones están, desafortunadamente, disminuyendo”, cuenta
Trujillo.
Añade que se creó una base de datos que es pública con más de 55 mil registros
de delfines, se está trabajando el análisis de mercurio, se implantó un programa
de marcación satelital desde hace cuatro años. Y se han marcado cerca de 50
delfines en diferentes países, de ellos 21 en Colombia.
Esto nos ha permitido que los mismos delfines nos cuenten cuáles son esas áreas
importantes de conservación para ellos. Con alegría hemos visto que, por
ejemplo, el sitio Ramsar de Tarapoto es uno de los importantes; es un área sala
cuna en donde tienen sus crías y especialmente las madres y sus crías permanecen
por largo tiempo allí”.
El trabajo

Relata Trujillo que “desde la Fundación Omacha hacemos parte de la iniciativa
Suramericana de Conservación de Delfines y estamos trabajando en varios frentes,
en varias regiones geográficas. Uno de los aportes concretos desde la Fundación
Omacha, en colaboración con WWF, es la designación de sitios Ramsar, que son
áreas de conservación pensadas en ecosistemas de ríos, lagunas, y se logró
concretar el de Tarapoto en el Trapecio Amazónico colombiano; la Estrella
Fluvial de Inírida y el río Bita en el Vichada, que es el más grande que tiene
el país, con 824 mil hectáreas”.
Explica que “hemos venido posicionando a los delfines rosados como embajadores
de la conservación de los ríos. Y a través de actividades pedagógicas y
educativas hemos venido acercando a los colombianos con estas especies. Contamos
con un plan nacional de maestros acuáticos, se han hecho varios regionales con
Corporinoquia y Cormacarena para protegerlos, trabajamos acuerdos de pesca con
comunidades indígenas en el Amazonas y posicionamos a los delfines como
atractivos turísticos. Para esto hemos hecho alianzas con el SENA, Corpoamazonia,
Cormacarena, Corporinoquia y realizado talleres para formar intérpretes
locales”.
Pero lo más importante es que, dice el director de la Fundación Omacha, “esta
actividad de observación de delfines rosados se ha vuelto una alternativa
económica muy importante en la región.
En la Amazonía antes de la pandemia del covid-19 se estimaba que
se generaban 8,3 millones de turistas que iban a observar delfines”.

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¿A qué se debe su color?

“El color rosado de estos delfines es básicamente como una estrategia de
regulación de temperatura. Cuando empiezan a perseguir peces o andar en
remolinos la sangre empieza a fluir copiosamente a los vasos sanguíneos de la
piel y se ponen muy rosados para intercambiar la temperatura con el medio
exterior. Lo mismo que nos pasa a nosotros cuando jugamos baloncesto, cuando
corremos, nos ponemos rojos, es una estrategia de regulación de temperatura”,
señala Trujillo.
Indica que afortunadamente en Colombia no se consume la carne del delfín rosado.
“No tenemos muchos registros de esto pero la amenaza es que quedan atrapados en
redes de pesca de monofilamentos y se ahogan, especialmente las crías. En el
pasado se usaban como carnada para capturar un pez carroñero en el Amazonas,
esto ya no ocurre acá pero en otros países como Perú, Bolivia y Venezuela sí
está pasando”.
Sin embargo, “enfrentan problemas por la contaminación severa de mercurio. Hemos
encontrado delfines con niveles de mercurio altísimos porque consumen peces que
vienen de áreas de minería ilegal donde hay vertimiento de mercurio”.
¿Cuál es su función dentro de los ecosistemas? “Los delfines son los jaguares
del agua. Son los depredadores tope ahí y son los que controlan todas las
poblaciones de peces”.
Fábulas

¿Y qué se dice en el Amazonas? Cuentan que el delfín rosado fue un joven
guerrero indígena. Pero uno de los dioses le envidió sus atributos masculinos y
decidió transformarlo en delfín y con esto condenarlo a vivir en los ríos y
lagos de la Amazonía.
Además, se comenta que en junio, mes de fiestas, danzas, fuegos y música, cuando
los indígenas celebran los natalicios de sus santos y los hombres están ocupados
divirtiéndose, los delfines rosados salen del río para seducir a las mujeres
jóvenes. También se asegura que los machos golpean el agua de la superficie con
ramas y juncos, o enarbolan tortugas vivas como si fueran trofeos, para atraer a
las hembras. Además, los machos se atacan ferozmente unos a otros, pueden
arrancarse trozos de hocico y de aletas.
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