|
De paseo por
mi Cali bendita

Por: Jotamario Arbeláez
Hace 52 años salí de Cali para no volver sino
lleno de triunfos, si los lograba.
Me tocó meter la ficha, en
Bogotá y en el ancho mundo, no sólo en la poesía sino en la
publicidad y en el periodismo.
Y al
sol de hoy puedo declarar que la fortuna me ha sonreído, no sólo
en esos tres frentes, sino en los de la salud, la política y el
amor.
Con casi todos los libros de poesía que escribí gané premios,
con la publicidad obtuve una pensión jubilosa, y en el
periodismo puedo jactarme de ser columnista del principal diario
del país y el de mi ciudad por cerca de 40 años. Sin que me
hayan censurado una tilde.
Respecto de la salud ningún
percance me mina, en la política he llegado al poder con la
facción que he apoyado,
y en el amor puedo preciarme, para empezar, de tener una esposa
maravillosa, un par de hijos de fábula y una nieta estelar que
está cumpliendo dos años.
De lo demás no hablemos por ahora para no dar de pensar que me
jacto o que chicaneo.

A raíz de la publicación de la versión definitiva de Mi reino
por este mundo por la Universidad del Valle,
la decisión del Fondo de Cultura Económica de
hacer la reedición,
el respaldo absoluto de la Librería Nacional
donde me iniciara,
|
|
el reconocimiento a la vida y a la obra por la
Gobernación del Valle,
y las opíparas invitaciones que he disfrutado, he decidido no
dejar pasar oportunidad sultanesca. Para eso estoy estrenando
zapatillas de salsa.
Y así no haya alcanzado a llegar al
Festival de Petronio Álvarez, he estado pendiente de todo lo que
la cultura hace en Cali.
He seguido con fervor el Festival Internacional
de Poesía que dirige con mano maestra la estupenda poeta y
gestora Betsimar Sepúlveda, que acaba de terminar con rotundo
éxito.
Y como Cali, después de 43 años, será
capital bienal del mundo, me preparo para atender la invitación
que me han cursado el artista Julio Sierra a la Bienal
Internacional de Arte Contemporáneo de Cali 2022,
“evento que convocará a cerca de mil
artistas de Colombia y el mundo para exponer sus obras en los
sitios más emblemáticos de la ciudad” (menos en La Tertulia,
porque sus filosofías no se compaginan, según dicen sus
directivas, qué tal).
Además de
poeta compartiré como curador con el príncipe Thierry Singer de
Francia. He tenido el privilegio de ser cercano de muchos genios
nacionales y mundiales, pero nunca de un príncipe. Y allá estaré
con él, también como un príncipe, en el Hotel Spiwak.
Y luego asistiré, por invitación de
Leonardo Medina, a la colosal Feria Internacional del Libro de
Cali, donde estoy seguro del éxito de Mil pedazos, la novedad
editorial de Rosario Caicedo acerca de su hermano el
inconmensurable Andrés.
Y ahora que estamos en la
cresta de la ola espero que haya espacio para presentar las
novelas del profesor Armando Romero que andan por el mundo,
más el monumental volumen de Laura
Rubio Nadaísmo: una propuesta de vanguardia. Y de allí para
Popayán, a su otra Feria.
Debo agradecer también la
invitación de la Alcaldía a hacer parte del Comité
Probicentenario del Colegio de Santa Librada, en proceso de
restauración.
Se queja en su última columna Cali
destruida Medardo Arias de que yo lo he amenazado por Facebook,
ante el triunfo de Petro, con que el mundo se le vendría
|
|
encima por ser un apestoso uribista. Reconozco el
pleonasmo.
Aclara el descomunal pelagatos que debe ser porque comentó que
alrededor de la efigie de Jovita al pie de Santa Librada habían
reconocido a unos escritores mediocres, como yo, “que con 80
años no ha podido pergeñar un poema”.

Con qué alientos a esta edad
voy a amenazar a semejante jayanazo.
Que lo que está es muerto
de la envidia porque merecí el Premio a la Vida y a la Obra de
la Gobernación del Valle, mientras a él le extendieron, a ver si
no reviraba, un humilde premio de consolación.
La montaña mágica Sept. 6-22

|
|