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LA FIESTA DE LA VIDA

Por: Jotamario Arbeláez
Este mundo podrá
ser una mierda, pero vivir es una belleza.
El primer enunciado obedece a que tanta gente
caiga abatida por disparos sin son ni ton, a que
tanta otra padezca de hambre o sufra persecuciones,
a que corruptos se embolsiquen los dineros de
las naciones, a que se esté dejando que se envenenen
las aguas, se enturbie el aire, se reseque la
tierra, se apague el fuego.
Y la segunda parte a que todavía se puedan
contar las estrellas de dos en dos, leer a Homero y
a Aridjis, escuchar a John Lennon y Yoko Ono,
compartir la camisa nueva con el amigo de
siempre, irse de vacaciones al pasado o al futuro, a
Roma o la Luna, recibir los besos del aire,
compartir el amor por partes iguales,
o asistir a los buenos festivales de poesía,
como es el de Medellín, que desde hace 32 años
comanda el camarada Fernando Rendón, quien ha hecho
que el mejor capital de la tierra sea la poesía.
Así, vivir bien vale una misa.

El Festival de Poesía Medellín es una risa cantada.
Allí cantan ante públicos delirantes poetas de todos
los rincones del mundo, si es que el rincón no somos
nosotros.
Poetas de las regiones más transparentes del
aire que besan y son besados embelesados.
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Poetas hombres
y mujeres polilingüistas y trans, porque “la poesía debe ser hecha por todos y
no por uno”, según el Conde del Otro Mundo. En todos los estilos y con todo tipo
de trajes.
Buscando por la poesía cambiar el mundo por otro donde imperen el amor y
la paz como en el corazón de los hippies.
Y creo que llegó la
hora. Al fin nos llegó un presidente que nos genera el
presentimiento de que va a enderezar la barca.
Nuestro sueño adorado desde la adolescencia
rabiosa hasta esta vejez enjundiosa, lujuriosa y más que
sabrosa.
Llego lleno de gracia y soy recibido por Salomé, una bella con
el nombre y la edad de la hija que me dio el sol en las
vacaciones,
y comienza el desfile de vates y vatas, de bardos y bardas, rapsodas y
rapsodos, juglares y juglaras, poetas y poetisos.
Todas las poetas preciosas y uno con esta angurria que no
le para.
Lecturas en preciosos lugares ante públicos educados en la percepción de
la perfección. Banquetes y bailes. Intercambio de sonrisas y direcciones.
Trueque de obras de reciente publicación. Hablaré brevemente de las tres
primeras que me cayeron.

“Tocamos el cielo sin heroína”:
En este poemario, bullente de erotismo contestatario, Tatiana Arango se
viene con todo: con poemas humanos, animales, políticos, bucólicos, surrealistas
y hasta místicos.
Donde se entrega como pulpa de fruta o como el pan de cada día a ser
disfrutada.
En esta tocata celeste la autora manosea las alturas sin ayuda de
alucinógenos, porque la verdadera heroína es ella.
Valiente cantalatabla, encantadora emplumada de serpientes paradisiales,
novia del humanismo y amante del nadaísmo.
Este libro es una plegaria al ángel que vive en ella.
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“Río Arriba”, de la hermosa poeta del Chocó,
del Darién, del Atrato, de Unguía.
En un lenguaje limpio y despojado pero pleno de magia
describe la cotidianidad y nos sumerge en un territorio
arraigado por el amor pero también por “las tristezas escamadas
en tablas lavadas con la complicidad del río”
Y cuenta de la sangre que ha corrido paralela
con las corrientes.

“Cam Girl” (and other poems) de la niña terrible Fiorella Terrazas A.K.A.
Fioloba:
Aunque casi todos los ciclones tienen nombres femeninos es el primer
ciclón que conozco en persona. Viene del Perú y por donde pasa levanta el
polvero de las calles y las miradas.
Me hace recordar a la cantante Patty Smyth en su actitud desafiante. Se
declara taxidermista de lo paranormal y exterminadora de ciempiés y habla de un
hombre que le enseñó a hablar a su trasero.
Es el culmen del nadaísmo que confiesa no haber conocido. Sus poemas
barren los escombros del mundo que ayer murió. A trompicones entra en las
exposiciones de salchichones.
Sumergida en las cámaras de chat termina tentando al demonio a que le
muestre la pezuña derecha.
Aunque no le temo al peligro nuclear ni al pánico colectivo y nos
pusieron en habitaciones contiguas
todas las noches tranco la puerta interna que las une con mis medias de
seda.
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