Bogotá, Colombia -Edición: 397

 Fecha: Viernes 21-10-2022

 

 

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COLUMNISTA

 

 

 

 

Testimonio de un Nadaísta por excelencia
 

 

Por: Jotamario Arbeláez

 

Les presento a Jotamario, no un poeta cualquiera, sino el más joven gigoló de la poesía colombiana: 20 años, hijo legítimo de don Jesús Arbeláez, sastre de Cali con un pequeño taller que funciona en la sala de recibo de su residencia en un barrio obrero, donde se dedica a la pequeña industria para sostener a su innumerable familia, de la cual Jotamario es hijo mayor, y la mayor deshonra por su rara manera de existir, y por dedicarse a actividades tan sospechosas e improductivas como ésta de la poesía.

Así hablaba Gonzalo Arango de su discípulo y amigo a quien conoció en una sesión profética nadaísta a la que asistió Arbeláez en Cali, en el año de 1959. Allí, fue finalmente convertido al conciliábulo poético fundado por un grupo de jóvenes a escala nacional, quienes tributaban a la Nada de manera pecaminosa. Para Jotamario, la luz se hizo como faro en la noche cuando el nadaísmo proclamó sus mandamientos en las afueras de La Tertulia.

 

A partir de este acontecimiento, su ofrenda como sagrado discípulo nadaísta lo ha llevado en treinta años a publicar una obra poética desposeída de hipocresías literarias y falsedades culturales; no por nada proclamaba hace años que para el movimiento nadaísta “la literatura no es un oficio sino un ocio”. Él es un poeta que esgrime franca ironía y salvación a los incautos e incautas que le buscan en medio del universo poético.

José Mario Arbeláez Ramos, hijo pródigo del barrio Obrero y de don Jesús Arbeláez, sastre de profesión, natural de Rionegro, nació en 1940, en la pérfida ciudad de Cali. Jotamario, como se hizo llamar más adelante, pasó su niñez entre la lectura de las páginas compradas por su abuela, la salsa, los billares y las obligaciones escolares impuestas desde el Colegio Republicano de Santa Librada.

 

Fue en las aulas de esta tradicional institución caleña, donde Jotamario se reveló ante el incoherente sistema. Silva, Barba Jacob, Valencia, Carranza, Bécquer, Geraldy, Leopardi, Nervo, Santos Chocano y Bernárdez, inspiraron las primeras creaciones compuestas entre los 15 y los 18 años, poemas que le condenaron a la divina reencarnación como nadaísta, el día de 1959 en que Gonzalo Arango rompió en público su obra completa.

 

 

 

Ese día, Arbeláez recibió la misión de propagar la Nada en Cali, saboteando el mayor ícono de la literatura regional: el monumento a Jorge Isaacs en el centro de la ciudad. Fracaso inconcluso del régimen nadaísta que proclamaba a los cuatro vientos en la voz del profeta Arango que con Arbeláez: “¡Colombia ha perdido un sastre pero ha ganado un poeta!”

 

Autodidacta y antiacadémico, lector de los surrealistas: Baudelaire, Rimbaud, Lautreamont, Verlaine condenaron su aprendizaje poético. Desde “Santa Librada Collage”, primer poema como discípulo de Arango, hasta su libro de memorias “Nada es para siempre”, lanzado en 2002, Arbeláez ha retratado el espíritu nadaísta con convicción y persuasión suprema.

 

Su religión antiliteraria ha arrastrado adeptos, rivales y conciencias. Como en sus palabras explica:

Me hice nadaísta porque encontré en el nadaísmo mi bandera, mi patria, mi religión. Acababa de perder el bachillerato en el Santa Librada y nada tenía para ofrecerme el futuro. Todos los panes del sacrificio que había demandado mi educación secundaria se habían perdido. Y no habría universidad para este réprobo reprobado. Sin embargo, a pesar de que el nadaísmo generaba unánime rechazo cuando no la repugnancia sincera de los padres de familia, papá se sintió orgulloso de que yo ingresara a la horda de Gonzalo, que para él era el personaje más grande que había dado Colombia después de Vargas Vila y el Indio Uribe, también de Andes.

 



Con el transcurso del tiempo, Arbeláez se convirtió en profeta y líder del movimiento nadaista en el departamento. Su alma de conspirador no ha sido inconveniente para ocupar ciertos cargos importantes en las redes institucionales del poder en Colombia.

 

Publicista de campañas presidenciales, funcionario público de la cultura, periodista, profesor universitario, redentor de lo prohibido, declarado insurgente de los modelos literarios costumbristas impuestos a nivel nacional y regional.

Treinta años de nadaísta declarado le han hecho merecedor de tres premios nacionales de poesía, la orden del Congreso de la Republica concedida en el 2006 y un premio internacional ganado en el presente 2008, seguido de toda clase de homenajes por cuenta de los que reconocen la importante labor poética realizada por Arbeláez en las coordenadas nacionales.

   

Las campañas presidenciales de Belisario Betancur, Álvaro Gómez y Andrés Pastrana, casualmente todos candidatos del Partido Conservador colombiano, lo tuvieron en sus filas como publicista, oportunidad laboral que le permitió trascender los límites de la hoja en blanco y la palabra escrita. Como funcionario público fue Secretario de Cultura del Departamento de Cundinamarca, cargo con el cual fundó 114 bandas musicales y una sinfónica, apoyó la obra creativa de muchos pintores y editó una gran cantidad y variedad de libros para la región. A pesar de su espíritu crítico, conspiratorio y profético, Arbeláez cree en las utopías que reivindican un mejor futuro para el mundo, mientras la dignidad humana logra imponerse sobre las hipocresías cotidianas.

 

En sus palabras:


Yo sueño una sociedad tan espectacular donde nadie le deba nada a nadie, donde las artes se impongan por sobre los pensamientos de muerte y donde el amor nuevamente vuelva a imperar. … si esto no es la solución por lo menos esto será una circunstancia que haga muy digna la vida.

Jotamario, el nadaísta discípulo de Arango, renegado poeta, ha sido protagonista de los absurdos característicos de la sociedad colombiana, o quién no recuerda cómo la institución que le negó el grado de bachiller en 1958, años después le concedió por su mérito en el campo literario el grado Honoris Causa. Como el poeta lo rememora, no me gradué nunca del colegio porque me echaron del Santa Librada y me dediqué a la lectura, no necesitaba más. 15 años después cambiaron las notas, le dieron un ramo de rosas a mi mamá y me dieron el título de bachiller. Los tres que conozco en Colombia son el músico vallenato Rafael Escalona, yo y el ex presidente Julio César Turbay Ayala. Ni Escalona ni yo tuvimos que pagar un peso.

Finalmente, él es solo Jotamario, hijo de sastre, dandy supremo. Me llamo J. Mario, con eso me basta, con eso me soy. No necesito más apelativos como no necesito más ojos, ni más piernas. Soy el mejor poeta de un país en el que no pedí nacer, pero en el que no por eso me doy a dejar matar. Soy nadaísta, y eso aplasta toda definición. Antes fui camaján de barriada, campeón de billares, discípulo de Vargas Vila, ídolo de lolitas y proxenetas.

 

 

Tomado de: Portal Cultural del Pacífico Colombiano

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