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COLUMNISTAS |
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CHARLAS CON UN
MAESTRO SAMMASSATI
AMA Y HAZ LO QUE
DESEES (2)
Hoy retomamos las entregas
del tercer capítulo, del libro inédito Charlas con un Maestro Sammasati,
denominado Ama y haz lo que desees.
Los hijos no deben temer a sus padres, deben ser como sus padres. La ley de cada uno es que Dios, la Fuente de toda la vida, permite que todas las cosas se expresen a través de su propio Espíritu Santo, como ellas quieran, como su libertad lo desee. Pues sólo a través de la libertad llegarás a conocer a la Fuente Primigenia y a ser uno con Ella una vez más.
Y cuando retornes a La Fuente Primigenia y ella contemple su propio retorno, será verdaderamente un gran día, una gran eternidad, ya que al regresar a casa habrás llegado a ser como Ella es; y al ser como Ella es, siempre habrá una vida de amor y alegría ilimitados, y la eternidad del ser. La Fuente Primigenia, no tiene leyes, el ser humano es el que ha creado las leyes. La Fuente Primigenia le ha dado a la humanidad el libre albedrío, para ser soberana, creadora de sus leyes en su propio reino.
El ser humano tiene la capacidad y la potestad de crear con su pensamiento, cualquier creencia, verdad o acción que le corresponda por estado evolutivo, del entendimiento que posea de toda la vida.
El ser humano ha usado esa libertad para crear leyes que ha considerado necesarias para poder vivir en sociedad. Desafortunadamente, la mayoría de las leyes han sido creadas despiadadamente con el propósito de intimidar y esclavizar a la gente. Han sido creadas para limitar la libertad, no para exaltarla.
El hombre no puede permitirse vivir en un estado sin leyes, porque él, en el terror de su propio ser, cree que deben existir leyes para gobernarlo. Esto es sólo porque él no entiende la infinitud y la divinidad de sí mismo.
13. Adepto: Pero, Maestro, si
no hubiera leyes, ¿cómo se podría prevenir que las personas hicieran
cosas malas? ¿cómo se podría prevenir que alguien expresara la maldad
que hay dentro de sí?
Cualquier pensamiento o acto que alguien haya juzgado como perverso, malvado o equivocado, está vivo en conciencia. Y si existe en conciencia, es ciertamente una parte de la mente de Dios. Y puesto que todas las cosas son parte de La Fuente Primigenia, si tú dijeras que cualquier cosa es perversa, estarías diciendo al mismo tiempo que Dios (La Fuente Primigenia) es perverso, y no lo es. Ni tampoco es bueno, pues para definir los perímetros de lo bueno deberías compararlo con el entendimiento que tú llamas el mal.
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16. Dios no es ni bueno ni malo, puesto que Dios no es más algo bueno que algo malo. Ni tampoco es perfección.
La Fuente Primigenia sólo es potencialidad, simplemente es, el Ser de toda la vida, una expresión del Ahora, que vive simplemente por el gozo de obtener gozo, para así poder conocerse a sí misma. Y esa esencia vital no tiene la capacidad de alterarse hasta quedar fuera de un estado de Ser al juzgar una parte de sí misma como buena o mala, perversa o divina, perfecta o imperfecta.
17. ¿Sabes lo que pasaría si Dios pudiera mirar hacia abajo y decir: «Esto es perverso»? La totalidad de esa conciencia que está expresando algo que necesita expresar, finalizaría y sería extirpada de la fuerza vital.
Y si eso pasara, entonces la vida y su expansión siempre continua cesarían de existir, ya que el libre albedrío, que permite la creación, dejaría de existir. Pero Dios es totalmente ilimitado, una totalidad indivisa del Ser. Por lo tanto, Dios no puede mirarse a sí mismo desde una perspectiva limitada y restrictiva que tiene el ser humano. Si pudiera hacerlo, tú ni siquiera estarías aquí para poder expresar tu opción de juzgarte a ti mismo o a tus hermanos.
18. Por favor, entiende esto, no existe ni el bien, ni el mal; sólo el Ser. En el Ser, todas las cosas se miden, en función la experiencia emocional que el alma necesita para culminar su sabiduría.
Cada cosa que hayas hecho —por hermosa o vil que hayas determinado que fue— la has hecho simplemente por el conocimiento. (Esto mismo es aplicable a tu hermano, al “otro” que tu juzgas).
Tu alma y tus pasiones
te presionaron a hacerlo para poder aprender (de igual forma lo hace el
“otro”). Sólo haciéndolo determinaste y te diste cuenta del valor de esa
acción, y así, te beneficiaste de ella. Eso no es ni perverso, ni
malvado, eso es lo que cuesta convertirse en Dios, en ser y entenderlo
todo.
El miedo al castigo por no estar a la par del dogma religioso o las leyes de los gobiernos, han sido la espada que ha dominado y controlado naciones durante eones. Y si alguna vez hubo algo que en tus términos llamarías «perverso», es aquello que le quita a una entidad la libertad de expresar el Dios dentro de sí.
Y cada vez que esto se le hace a otra
persona, también se le hace a uno mismo, y más profundamente, porque
todo juicio o limitación que impongas a otro, se convierte en ley dentro
de tu propia conciencia; y mediante esa ley, te juzgarás y limitarás a
ti mismo. En esa realidad, Dios permite que la ilusión de la maldad sea creada a través de supersticiones, creencias dogmáticas, y las tan limitadas y encerradas actitudes de la humanidad. Y a causa de la continua observación, juicio y expectativa de la maldad, ésta existe de hecho en la realidad de aquel que cree en ella, pero sólo en su realidad, puesto que como así lo cree, así es en su reino.
En el siguiente artículo continuamos con la tercera entrega de este tercer capítulo. No te lo pierdas.
El fenómeno del desempleo juvenil, cada vez más preocupante
Es una realidad que la pandemia ha dejado consigo una crisis económica de grandes proporciones que ha venido generando un gran conflicto a nivel social porque si al caótico desempleo juvenil sumáramos la terrible pérdida de confianza que la muchachada tiene en las instituciones, especialmente en la justicia, políticos, organismos de control, cuerpos de seguridad pública, podría ser mayor el indicador estadístico del enorme ejército de desesperanzados cuyas vidas económicamente productivas están hoy contagiadas por la frustración.
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Duele saber que el Estado ha sido impotente y que ningún
gobierno ni local ni nacional ha sido capaz de asegurarles a los
muchachos una vida laboral digna. Una dignidad que vaya más allá del
paupérrimo ingreso solidario de $160 mil pesos mensuales. Gobiernos
capaces de hacer ruido y escándalos con cualquier estupidez pero
incapaces de dar soluciones a uno de los segmentos más sensibles de la
sociedad contemporánea. Los veremos crecer en la frustración y la
desilusión.
“En mi país no hay oportunidades para los jóvenes”, lo
dicen jóvenes incluso con estupenda formación profesional. Las redes
sociales están infartadas con la demanda de empleo.
Claro que también existe el segmento social indiferente y
ajeno, que no supone sino que asegura que por grave que sea la cosa, al
final no va a pasar nada. Como siempre.
Un país donde abunda el desempleo
De acuerdo con el último reporte del DANE, el cual se publicó el pasado 29 de mayo, el mes de abril cerró con un desempleo del 19,8% a nivel nacional, pero que en las 13 principales áreas urbanas fue de 23,5%. En otras palabras, las personas con trabajo pasaron de ser 21 millones en abril de 2019 a 16 millones en abril en 2020, cifras que indican que por lo menos 5 millones de personas perdieron su empleo en el país, mediante la pandemia.
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