Bogotá, Colombia -Edición: 623

 Fecha: Miércoles 03-04-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Colombia, país -por milagro-

 

Nos hemos subestimado en incontables ocasiones y dentro de tantas subestimaciones hemos creado una enfermedad, siempre negativos recorremos nuestras calles esperando que no nos suceda nada, siempre al borde del abismo bailamos y gozamos nuestra cultura, siempre de fiesta o a la espera de la misma.

Somos un país inmerso en el despotismo de la corrupción y vivimos con ello, es decir, somos sujetos enfermos con conocimientos de todos nuestros males, pero no nos importa, pasamos por alto esperando que cuando estalle la enfermedad no haya nada que hacer, nos fulmine sin más.

 

En repetidas ocasiones hemos visto cómo la corrupción es oculta por una u otra fiesta, como un acto de desigualdad es normalizado y visto con comedia.

 

Tan felices que no sabemos qué nos espera, ni mucho menos nos importa, tal pensamiento ha comenzado a poblar las juventudes, que parece no importarles el futuro, aunque también es un síntoma de la enfermedad colombiana, los jóvenes han vivido tanto en el azar de este país que ya no le dan sentido a construir en un país tan corrupto y perverso como lo es nuestra Colombia.


Colombia, el país en donde los grandes acontecimientos y obras se han dado por milagro, después de tantos problemas siempre alcanzamos lo que queremos. Pero, ¿por qué deberíamos esperar siempre el milagro? ¿por qué siempre permanecer en la angustia y la espera de un milagro? porque no nos han dejado de otra, en la medida que nuestros líderes han enfermado nuestras esperanzas, han aprovechado el poder para expresar su versión de un mejor país, pero ¿cómo podría un funcionario dirigir bien un país al cual hace mucho dejó de pertenecer, o al menos de participar de él como los sujetos de a pie, es decir, cómo los ciudadanos más normales que tienen que vivir con su salario mínimo? en otras palabras le estamos pidiendo a alguien que opine sobre acontecimientos que nunca le han sucedido y por lo mismo siempre darán una respuesta objetiva que desarticula al ser humano que la vive, por ello, las soluciones siempre son románticas exigiendo un esfuerzo, un esfuerzo a aquel que está dando lo mejor de sí para sobrevivir, por esto es que nuestros líderes nunca podrán dirigirse de una forma sana sin generarnos traumatismos, entonces ¿qué nos queda?

 

 

 

 

Los políticos son un cáncer social que hizo metástasis y los seguimos oxigenando

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Los últimos informes científicos vienen aseverando y a su vez especulando que el ser humano ingresó en un proceso evolutivo genético donde ya el ente humano se ha alejado de su condición primitiva y salvaje. Ahora su capacidad de discernir y razonar está unos clics más avanzados de los que eran nuestros antepasados más cercanos como los griegos y los romanos.

Nuestra capacidad de entender y racionalizar está avanzando lentamente y los actos de nuestros semejantes los analizamos con mayor cordura y no aceptamos a priori lo que dice quien se expresa prometiendo todo tipo de promesas para que lo elijamos a cualquier cargo público.

La historia nos ha demostrado que las palabras de un político son solo palabras de halago en la búsqueda de su elección. Su interés es solo alcanzar el cargo para sus fines de partido, personal y de compromisos que ya han adquirido. Nada de lo que se promete en su agenda política tiene que ver con la realidad individual de quien lo elige.

Ellos no saben qué es autonomía de la persona, ni libertad para actuar dentro de un sistema humano, no entienden de equidad y bienestar individual y social. No saben cómo prodigar ese balance entre establecimiento y sociedad y darle a la sociedad sus bienes naturales por los cuales ha sostenido la nación.

El político es un ignorante, apasionado de la política y que conoce el juego de los poderes donde él se mueve. Pero no las pasiones individuales en la cual la sociedad funciona para poder ella salir adelante esquivando leyes y decretos que estos les imponen para poder vivir de impuestos y extorsiones bajo amenazas de enviarlos a la cárcel si evaden los impuestos.

Hoy en día estamos más constreñidos para poder desarrollar cualquier oficio si no hay el permiso del establecimiento y los registros necesarios y el pago de inscripción, más las contribuciones que la contabilidad de la empresa arroje.

La prosperidad desaparece cuando se cae en manos de los políticos, porque son como un cáncer que se enquista y brilla cuando aparece y va germinando raíces hasta que invade todo el cuerpo y finalmente hace crisis o metástasis.

Los políticos no saben que ellos son el cáncer ambulatorio y que no es contagioso, pero si pegajoso entre quienes hacen política.

Tenemos mucho miedo al cáncer, pero no

 

 

 

nos damos cuenta que podemos evitarlo no dándoles esos derechos que ellos exigen. No podemos convertirlos en líderes o abanderados de causas sociales. Porque les estamos entregando nuestro capital humano y ellos no saben administrarlo.

 

ORINANDO FUERA DEL BEQUE
Crónica #850

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio:

 

https://www.youtube.com/watch?v=LfRdMZRkm2Y

Cuando Colombia era la dueña de Panamá construyeron en 1855 un ferrocarril entre los puertos de Colón y Panamá y con ello suplieron la necesidad del canal. Cuando hicieron Suez, los colombianos arrancaron con Lesseps a construir el Canal de Panamá, mientras tanto el ferrocarril seguía llevando y trayendo carga y pasajeros del Pacífico al Atlántico.

Cuando la hechura del Canal se estaba demorando Roosvelt le arrebató el istmo a Colombia. Desde entonces hemos estado ideando pajaritos de oro para reemplazarlo.

Alguna vez apelamos al canal Atrato/San Juan que Felipe II pretendió realizar en el Siglo de Oro. Ahora han salido con la ideota del tren Cupica-Urabá pero, como siempre, no le han preguntado ni a la IA cuantos costos ecológicos tiene esa vía ni cuantos miles de millones de dólares.

Todos apuestan a que el Canal de Panamá se quedó chico, que los barcos crecieron y que los rios que surten las exclusas se están quedando secos entre Colón y Panamá, los dos grandes puertos.

Dentro de esas apuestas está el tren, que debe construir no solo la carrilera entre Cupica y Puerto Antioquia, sino que deben calcular la mil millonada que costaría levantar un puerto moderno donde hoy no hay nada. Pero si alguien sensato y no un delirante hace las cuentas, los panameños o los chinos, pueden ampliar, modernizar y revivir el ferrocarril que todavía va del Atlántico al Pacífico desde 1855 y apenas si costaría un porcentajito de la plata que se botaría en el tren y el puerto de Cupica.

Así me lo aseguró, cifras en mano, un viejo amigo que ha dirigido como presidente 4 grandes empresas de este país. Mientras tanto, como me lo dijo la gobernadora del Valle cuando le consulté sobre el daño que le haría a Buenaventura este embeleco, dizque están terminando los estudios de financiación para reabrir la bahía de ese puerto a los barcos que no volvieron a entrar, tumbando la barra que no permite sino cierto calado.

Sigue siendo mejor no orinar fuera del beque.

El Porce, abril 3 del 2024

 

 

 

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