Bogotá, Colombia -Edición: 643

 Fecha: Domingo 19-05-2024

Página 9

 

    

\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Ciencia política

 

El motor de la revolución cotidiana es el sentir-pensar personal. El ser sentipensante que por medio de sus sentidos se conecta con el entorno natural y social; en el proceso de crecimiento va aprendiendo a través del lenguaje, la interpretación para la acción de su personal existencia y a través de la enseñanza asimila las técnicas, que le permitirán desarrollar habilidades y destrezas, para dar respuesta a las exigencias que necesita la vida natural y social de la que hace parte.

 

En el Estado democrático la ciencia política con fundamento en los derechos individuales, colectivos y naturales, es una disciplina de la presencia existencial desde el momento en que se generaliza y se hace anónima en la decisión de elegir a los gobernantes mediante el sufragio universal. En el entendimiento, la comprensión y aplicación de la ciencia política, las ciudadanías libres dialogan sobre las políticas públicas del pasado, su aceptación o negación en el presente y lo que es políticamente correcto y conviene, conservar, restaurar o sustituir para el inmediato futuro.

 

La soberanía que reside exclusivamente en el pueblo, la ejerce cada uno con su participación directa en la toma de las decisiones respecto de la ocupación y uso del entorno natural y de las relaciones sociales de producción, previa información ilustrada, para que en las elecciones y determinaciones sobre los asuntos de la vida pública, las personas actúen con precaución y a favor de la duda razonable, para asegurar siempre que el bien público prevalezca sobre el interés particular.

La ciencia política hace parte del saber hacer tradicional popular. Su método es empírico-analítico, basado en la observación y la argumentación junto con la estadística y su comprensión matemática usado en la sociobiología de las poblaciones y en la economía antropocéntrica de la especie humana, cuyo aporte al proceso de investigación para la transformación de las condiciones reales de existencia es el resultado de la experiencia.

La ciencia política obliga a las personas a plantearse las relaciones de poder, implícitas o explicitas, entre la autoridad y los individuos, los grupos y las organizaciones, las estructuras, procedimientos y procesos a través de los cuales se llega a las decisiones políticas y se desarrollan las interacciones entre las diferentes instancias político-administrativas y comunitarias de las entidades territoriales para que en cada periodo de gobierno los principios fundamentales de la Constitución Política aseguren los derechos de la ciudadanía y la naturaleza con justicia y pacíficamente.

Los acontecimientos que se expresan en la política nacional, sobre todo en la financiación de las campañas, requiere de una nueva organización de la forma de hacer política garantizando plenamente el derecho a elegir y ser elegido. Esto se logra legislando para que la ciudadanía acepte que las campañas políticas sean financiadas por el Estado, tanto las que se realicen al interior de los partidos y movimientos políticos con personería jurídica para nombrar a sus candidatos, como las elecciones uninominales o plurinominales en las que se elige a los cargos públicos mediante el sufragio.

 

En cuanto que esto no suceda el ejercicio de la política en Colombia continuará siendo de los mismos actores políticos y con las mismas costumbres corruptas y criminales. La ciencia política consiste en el buen vivir. Si la sociedad civil y el gobierno cumplen solucionando los puntos pactados en el acuerdo de paz entre las FARC y los gobiernos de turno, en el 2030 la diversidad étnica y cultural se doctorará en ciencia política popular.

 

 

 

El deber de cada uno es protegernos y proteger nuestro entorno

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Somos sociedades de eslabones en la cadena evolutiva de la especie humana. Esto nos hace más interesantes como conjunto humano por la variedad intelectual que mueve el mundo.

Sin esta variedad seríamos piezas biológicas que funcionarían como el mecanismo de un reloj. Y el universo no existiría porque él de por sí es un organismo que funciona bajo leyes astrofísicas que todavía no hemos descifrado en nuestro intelecto.

Nuestra existencia como entidad biológica en la actualidad nos proporciona una intelectualidad que nos permite discernir bajo razonamiento empírico las cosas existentes que nos rodean y entenderlas por sus beneficios que nos aportan para nuestra sobrevivencia diaria.

Gracias a esa capacidad que hemos alcanzado estamos en el pináculo de la evolución humana. Pero no todos están en la cumbre del desarrollo por esa variedad biológica en la que nos encontramos en este proceso evolutivo.

Ahora bien, si entendemos estos planteamientos podemos avanzar y abrir las puertas para que todos podamos convivir bajo el libre albedrío que nuestra naturaleza nos brinda. Sin hacer daño a quienes comparten con nosotros este espacio en el planeta y el universo.

Cada ser humano se reconoce así mismo hasta cierto punto y reconoce su entorno y a quienes lo habitan, sin el equilibrio emocional e intelectual no podría vivir en sociedad. Cuando hay un reconocimiento de igualdad en quienes hacen parte de la sociedad, estos están en el deber de proteger a quienes carecen de la razonabilidad para manejar o entender la parafernalia del establecimiento público.

Siempre en una sociedad existen personajes que quieren atropellar a otros que carecen del conocimiento de las cosas del bienestar social y así ellos usufructuar los beneficios que le pertenecen a la sociedad.

Actuar por el bienestar social es actuar por el bien personal, porque si la sociedad en la que uno vive ella prospera, todos quienes viven en ella pueden disfrutar de lo que ella produce porque esos productos representan el esfuerzo de todos. Y esto ya está demostrado a través de la historia.

Si la sociedad está entronizada en el poder y dirige sus administradores para el buen manejo de la cosa pública ella puede disfrutar de esos avances que ella alcanza. Por eso la autonomía de los municipios y los Estados es importante para que se den estos resultados. Por lo general esto produce envidio en personajes que gobiernan otros Estados por la imposibilidad de ellos en manejar bajo la libertad y autonomía su gobierno.

Hay personajes en la sociedad que toman la iniciativa de organizarse como autonomías regionales y establecer rutas de manejo y administración de la cosa pública y así alcanzar el bienestar que todos desean y desean vivir.

Nunca serán los políticos o líderes quienes van a conducir a la sociedad por el buen camino, ellos solo piensan en el bienestar personal y el de su partido.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

 

ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL de Eduardo Santos
Recopilado y comentado por Maryluz Vallejo Mejía
Editado por Intermedio

 

Audio:

 

https://www.youtube.com/watch?v=SvwqqoxtHkw

 

El mito del doctor Eduardo Santos se ha ido perdiendo con el paso de los años. El que sus herederos hubiesen vendido El Tiempo, desde donde manejó 50 años a Colombia, puede haber ayudado a esa desmemoria.

 

El cambio de valores de apreciación y comportamiento en Colombia como consecuencia de la Revolución de los Traquetos, también. Pero sobre todo la desaparición de la historia como pensum obligatorio de todos los colegios y escuelas del país, hicieron el resto.

Para que no se olvide su nombre y su estela mitológica no se pierda en el chismerío bogotano que la alimentaba, Maryluz Vallejo ha hecho un impecable y muy aplaudible trabajo estudiando el archivo de la correspondencia que Eduardo Santos mantuvo desde cuando estudiaba en Europa hasta cuando se retiró a su casa de Chapinero a rumiar jubilado su poder y su gloria.

De la lectura que se hace de las pocas piezas escogidas, pero fundamentalmente por los acertados comentarios que a las otras muchas cartas de Santos emitidas en momentos importantes de su vida y de la vida nacional hace Maryluz, se consigue un esbozo biográfico y político del personaje que hemos olvidado.

En sus páginas, entonces, se verifica o nos recuerda que quien mandaba a Colombia desde las páginas de El Tiempo era el esposo de Lorencita Villegas, demasiado elegante para la Colombia de 1930 y que fue con ella que se paseó por New York y por las capitales europeas gastándose con lujo y con placer la mucha plata que el periódico le producía.

Pero no para allí esta escanografía del expresidente. El libro logra comunicar al lector la magia de los silencios de Eduardo Santos o explicarnos la simpleza de sus frases para resumir sapiencia y poder. Es un gran logro de la doctora Vallejo Mejía podernos ayudar a repasar la historia que no se volvió a enseñar pero de la que aprendimos tanto y muchos seguimos aplicando para explicar las vacaslocas de los políticos y gobernantes de hoy.

Por supuesto no lo habría conseguido si ese personajón que fue el doctor Santos, siempre a punto de la pausa, siempre lejos de la algarabía pueblerina, pero nunca meloso ni populista con sus electores, no hubiese dejado la huella escrita que este libro recorre.

El Porce, mayo 19 del 2024

 

 

 

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