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EDITORIAL
Ciencia
política
El motor de la revolución
cotidiana es el sentir-pensar personal. El ser sentipensante que
por medio de sus sentidos se conecta con el entorno natural y
social; en el proceso de crecimiento va aprendiendo a través del
lenguaje, la interpretación para la acción de su personal
existencia y a través de la enseñanza asimila las técnicas, que
le permitirán desarrollar habilidades y destrezas, para dar
respuesta a las exigencias que necesita la vida natural y social
de la que hace parte.
En el Estado democrático la
ciencia política con fundamento en los derechos individuales,
colectivos y naturales, es una disciplina de la presencia
existencial desde el momento en que se generaliza y se hace
anónima en la decisión de elegir a los gobernantes mediante el
sufragio universal. En el entendimiento, la comprensión y
aplicación de la ciencia política, las ciudadanías libres
dialogan sobre las políticas públicas del pasado, su aceptación
o negación en el presente y lo que es políticamente correcto y
conviene, conservar, restaurar o sustituir para el inmediato
futuro.
La soberanía que reside
exclusivamente en el pueblo, la ejerce cada uno con su
participación directa en la toma de las decisiones respecto de
la ocupación y uso del entorno natural y de las relaciones
sociales de producción, previa información ilustrada, para que
en las elecciones y determinaciones sobre los asuntos de la vida
pública, las personas actúen con precaución y a favor de la duda
razonable, para asegurar siempre que el bien público prevalezca
sobre el interés particular.
La ciencia política hace parte del saber hacer tradicional
popular. Su método es empírico-analítico, basado en la
observación y la argumentación junto con la estadística y su
comprensión matemática usado en la sociobiología de las
poblaciones y en la economía antropocéntrica de la especie
humana, cuyo aporte al proceso de investigación para la
transformación de las condiciones reales de existencia es el
resultado de la experiencia.
La ciencia política obliga a las personas a plantearse las
relaciones de poder, implícitas o explicitas, entre la autoridad
y los individuos, los grupos y las organizaciones, las
estructuras, procedimientos y procesos a través de los cuales se
llega a las decisiones políticas y se desarrollan las
interacciones entre las diferentes instancias
político-administrativas y comunitarias de las entidades
territoriales para que en cada periodo de gobierno los
principios fundamentales de la Constitución Política aseguren
los derechos de la ciudadanía y la naturaleza con justicia y
pacíficamente.
Los acontecimientos que se expresan en la política nacional,
sobre todo en la financiación de las campañas, requiere de una
nueva organización de la forma de hacer política garantizando
plenamente el derecho a elegir y ser elegido. Esto se logra
legislando para que la ciudadanía acepte que las campañas
políticas sean financiadas por el Estado, tanto las que se
realicen al interior de los partidos y movimientos políticos con
personería jurídica para nombrar a sus candidatos, como las
elecciones uninominales o plurinominales en las que se elige a
los cargos públicos mediante el sufragio.
En cuanto que esto no suceda
el ejercicio de la política en Colombia continuará siendo de los
mismos actores políticos y con las mismas costumbres corruptas y
criminales. La ciencia política consiste en el buen vivir. Si la
sociedad civil y el gobierno cumplen solucionando los puntos
pactados en el acuerdo de paz entre las FARC y los gobiernos de
turno, en el 2030 la diversidad étnica y cultural se doctorará
en ciencia política popular.
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El deber de cada uno es
protegernos y proteger nuestro entorno

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Somos sociedades de eslabones en
la cadena evolutiva de la especie humana. Esto nos hace más
interesantes como conjunto humano por la variedad intelectual
que mueve el mundo.
Sin esta variedad seríamos piezas biológicas que funcionarían
como el mecanismo de un reloj. Y el universo no existiría porque
él de por sí es un organismo que funciona bajo leyes
astrofísicas que todavía no hemos descifrado en nuestro
intelecto.
Nuestra existencia como entidad biológica en la actualidad nos
proporciona una intelectualidad que nos permite discernir bajo
razonamiento empírico las cosas existentes que nos rodean y
entenderlas por sus beneficios que nos aportan para nuestra
sobrevivencia diaria.
Gracias a esa capacidad que hemos alcanzado estamos en el
pináculo de la evolución humana. Pero no todos están en la
cumbre del desarrollo por esa variedad biológica en la que nos
encontramos en este proceso evolutivo.
Ahora bien, si entendemos estos planteamientos podemos avanzar y
abrir las puertas para que todos podamos convivir bajo el libre
albedrío que nuestra naturaleza nos brinda. Sin hacer daño a
quienes comparten con nosotros este espacio en el planeta y el
universo.
Cada ser humano se reconoce así mismo hasta cierto punto y
reconoce su entorno y a quienes lo habitan, sin el equilibrio
emocional e intelectual no podría vivir en sociedad. Cuando hay
un reconocimiento de igualdad en quienes hacen parte de la
sociedad, estos están en el deber de proteger a quienes carecen
de la razonabilidad para manejar o entender la parafernalia del
establecimiento público.
Siempre en una sociedad existen personajes que quieren
atropellar a otros que carecen del conocimiento de las cosas del
bienestar social y así ellos usufructuar los beneficios que le
pertenecen a la sociedad.
Actuar por el bienestar social es actuar por el bien personal,
porque si la sociedad en la que uno vive ella prospera, todos
quienes viven en ella pueden disfrutar de lo que ella produce
porque esos productos representan el esfuerzo de todos. Y esto
ya está demostrado a través de la historia.
Si la sociedad está entronizada en el poder y dirige sus
administradores para el buen manejo de la cosa pública ella
puede disfrutar de esos avances que ella alcanza. Por eso la
autonomía de los municipios y los Estados es importante para que
se den estos resultados. Por lo general esto produce envidio en
personajes que gobiernan otros Estados por la imposibilidad de
ellos en manejar bajo la libertad y autonomía su gobierno.
Hay personajes en la sociedad que toman la iniciativa de
organizarse como autonomías regionales y establecer rutas de
manejo y administración de la cosa pública y así alcanzar el
bienestar que todos desean y desean vivir.
Nunca serán los políticos o líderes quienes van a conducir a la
sociedad por el buen camino, ellos solo piensan en el bienestar
personal y el de su partido.
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QUÉ LEE
GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL de
Eduardo Santos
Recopilado y comentado por Maryluz Vallejo Mejía
Editado por Intermedio
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=SvwqqoxtHkw
El mito del doctor Eduardo Santos se ha ido
perdiendo con el paso de los años. El que sus herederos hubiesen
vendido El Tiempo, desde donde manejó 50 años a Colombia, puede
haber ayudado a esa desmemoria.
El cambio de valores de apreciación y
comportamiento en Colombia como consecuencia de la Revolución de
los Traquetos, también. Pero sobre todo la desaparición de la
historia como pensum obligatorio de todos los colegios y
escuelas del país, hicieron el resto.
Para que no se olvide su nombre y su estela mitológica no se
pierda en el chismerío bogotano que la alimentaba, Maryluz
Vallejo ha hecho un impecable y muy aplaudible trabajo
estudiando el archivo de la correspondencia que Eduardo Santos
mantuvo desde cuando estudiaba en Europa hasta cuando se retiró
a su casa de Chapinero a rumiar jubilado su poder y su gloria.
De la lectura que se hace de las pocas piezas escogidas, pero
fundamentalmente por los acertados comentarios que a las otras
muchas cartas de Santos emitidas en momentos importantes de su
vida y de la vida nacional hace Maryluz, se consigue un esbozo
biográfico y político del personaje que hemos olvidado.
En sus páginas, entonces, se verifica o nos recuerda que quien
mandaba a Colombia desde las páginas de El Tiempo era el esposo
de Lorencita Villegas, demasiado elegante para la Colombia de
1930 y que fue con ella que se paseó por New York y por las
capitales europeas gastándose con lujo y con placer la mucha
plata que el periódico le producía.
Pero no para allí esta escanografía del expresidente. El libro
logra comunicar al lector la magia de los silencios de Eduardo
Santos o explicarnos la simpleza de sus frases para resumir
sapiencia y poder. Es un gran logro de la doctora Vallejo Mejía
podernos ayudar a repasar la historia que no se volvió a enseñar
pero de la que aprendimos tanto y muchos seguimos aplicando para
explicar las vacaslocas de los políticos y gobernantes de hoy.
Por supuesto no lo habría conseguido si ese personajón que fue
el doctor Santos, siempre a punto de la pausa, siempre lejos de
la algarabía pueblerina, pero nunca meloso ni populista con sus
electores, no hubiese dejado la huella escrita que este libro
recorre.
El Porce, mayo 19 del 2024
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