|
EDITORIAL
Estado
inversor
La democracia en Colombia
decidió la constitución del Estado Social de Derecho, que a su
vez como Estado optó por un modelo de economía pública en la que
están presentes y concurren al libre mercado las economías
privada, solidaria y pública. Cada una de estas economías tienen
responsabilidades respecto de la historia económica del país.
Así, por ejemplo, la economía privada tomó la dirección del
Estado mediante gobiernos corporativos desde la Constitución de
1991, época de la globalización del mercado mundial, la apertura
económica, y los tratados de libre comercio hasta el primer
gobierno posterior al acuerdo de paz firmado entre el Estado y
las FARC. Han sido 30 años consecutivos en los que los gobiernos
corporativos ejecutaron los planes nacionales de desarrollo bajo
un modelo económico extractivista de rentas, anclado en las
economía fósiles y mineras.
Durante 30 años la empresa privada en Colombia ha gozado,
gracias a los gobiernos corporativos del Estado Social de
Derecho, de las garantías a la confianza inversionista de la
inversión extranjera y a la correspondiente seguridad jurídica
de los títulos mineros y contratos de concesión, con atractivas
exenciones tributarias, apoyados en el argumento de que los
sujetos privados se beneficien mediante el fomento de su
actividad empresarial y a la vez generen empleo.
Lo que en realidad los gobiernos corporativos han logrado
mediante su interés privado violento y codicioso, es constituir
la sociedad más desigual del mundo, la menos productiva y la que
más trabaja hora / día. Y esta realidad corresponde a la alianza
de la economía pública con la economía privada, mediante la cual
se privilegió la ganancia privada por sobre la ganancia del
interés público nacional.
El gobierno del cambio pretende sustituir al Estado corporativo
por el Estado inversor fuerte de primer orden, para suprimir,
después de 30 años, los beneficios a favor de la empresa privada,
que incluyen los delitos asociados a la corrupción, peculados,
robos y violencia. Además, conmina a que la empresa privada sea
autosuficiente en sus actividades corporativas, sin que
necesiten parasitar las rentas del erario.
El actual gobierno asegura que es justo que la idea corporativa
de Estado dé un paso al costado para que emerja el Estado
Inversor en asocio con las economías solidarias, populares y
circulares, se fomenten sus actividades, generen empleo digno y
puedan contribuir a cerrar la brecha de la desigualdad en
Colombia.
La transición del Estado Corporativo al Estado inversor tiene
que asegurar mediante las políticas públicas a ser implementadas
por el gabinete ministerial, que el gasto público de la
inversión de cada uno de los ministerios llegará a todos los
municipios de manera coordinada, complementaria y subsidiaria.
Es así como se alcanzarán los objetivos y metas de justicia
social y ambiental consistentes con la paz social y la
naturaleza, la erradicación de la pobreza y el hambre, la
ordenación del territorio por medio de los atributos de la
tierra, la legalización de las economías ilícitas, la garantía
del trabajo digno, la educación pública y gratuita, la
universalidad de la salud y el derecho a la eficiente
satisfacción per cápita de agua y energía.
|
|
El yo-yo y el cómo voy yo

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Los colombianos han desarrollado
una personalidad muy particular en el mundo del habla español
que donde llegan cuando hablan se distingue que son colombianos.
Las historias que se han tejido sobre ciertos personajes
nacionales ha dado para hacer más de un largometraje,
cortometraje y documentales que han informado a quienes los ve
sobre la idiosincrasia lo que es esta gran nación.
No se puede ocultar estos
detalles de una nación y ellos hacen que ella sobresalga sobre
las demás y entre en la lista de importantes a nivel mundial.
Sin querer queriendo, como decía el Chavo del 8, Colombia es una
potencia humana que está mal dirigida y que una minoría de
oligarcas pobretones la han controlado y no han podido avanzar
en el concierto de la prosperidad y el bienestar social.
Esa sociedad pobretona ha
desarrollado una serie de eslogan que hace que la base social
que son todos sigan pensando que es correcto, pero es más una
distracción que lo que realmente debería ser.
El Yo-Yo prima porque desplaza al
verbo nosotros y todos creen que siendo individual van a
prosperar y ser grandes en lo que hagan, pero la realidad esto
crea una envidia por ese individualismo y todo lo que el otro
pretenda hacer no lo dejan avanzar. Es normal que alguien abra
un negocio y sus más cercanos vengan a la inauguración, y por
allá entre ellos conversen y hagan cábalas de duración del
negocio. Es corriente que algunos pasen a ver si el negocio está
abierto aún.
Lo que debería ser es que todos
alrededor del negocio acudan a él a comprar y a que prospere y
la economía local también lleve su parte.
Dentro del sistema gubernamental es otro flagelo. Las
negociaciones dependen de cómo voy yo. (CVY). La corrupción aquí
es mayor porque el mismo sistema gubernamental alimenta esta
podredumbre. No la detienen porque todos los políticos y
empleados hacen parte de este acto de corrupción. Se necesitan
palancas para alcanzar cualquier puesto y los políticos pagan
sus favores con puestos o contratos que al final pagan los
electores con sus impuestos.
Aunque se haga lo que se quiera hacer no es posible desmontar
este sistema, porque está afincado por la presunción que es una
democracia, pero la democracia es la base de la corrupción
porque si no hay negociación entre quienes apoyan a los
candidatos y los contratistas no hay dinero para hacer la
campaña y comprar los votos.
Son tantas las anomalías que se presentan en un establecimiento
administrado por políticos que es imposible administrar bien los
bienes ciudadanos. Porque a la vez ellos no entienden que esos
bienes son sociales y no de un partido o grupo político y a su
vez el pueblo es más ignorante que no sabe
|
|
reconocer qué es lo de todos y
que se debe proteger.
QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Donde crece el peligro
De William Ospina
Editado por Random House
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=9UEEI8U80V4
Muy pocos escritores en Colombia lo hacen con la
calidad y finura con que logra William Ospina expresarse. En un
país de inmediatistas William resulta ser un extraño pensador,
de esos que creíamos que no volverían a retoñar.
Ejerce entonces un oficio que los Médici de
Florencia apreciaría en demasía, pero que en Colombia no levanta
un polvero. Lo que dice serían verdades de puño pero como
finalmente quedan ante los ojos del lector como parte de la
misma misa renacentista con que ornamentaron las sapiencias de
Occidente para que todos las aceptaran sin chistar, desmembrar
sus escritos resulta entonces criminal.
Y hurgar más allá de lo que dicen, es una
equivocación total. William Ospina ha sido y lo será hasta el
final de sus días un defensor de la tesis de que es el corazón
el que mueve el cerebro.
No importa que ya los científicos nos hayan dicho que el cerebro
es la reproducción del cosmos. A él lo invade la generosidad del
maestro medioeval frente a sus monjes aprendices.
Por eso, tal vez, tiene este libro de ensayos tanta abundancia
de citas, refrendando inútilmente que la mejor cualidad de todo
escritor es ser mejor lector.
A veces sus ideas son precisas como las de su amado Baudelaire,
otras revestidas de tanto fatuo como las estrofas inentendibles
del Barco Ebrio de Rimbaud, pero por encima de todo impone la
sapiencia que extrajo del Dante.
Leerlo entonces produce sensaciones ignotas pero como de música
no parece saber, todo los textos quedan nimbados por el mismo
sonsonete monocorde haciendo perder la gravedad e importancia de
lo afirmado.
Solo al final, en el último ensayo que le da título al libro,
forjando un arrepentimiento aparecido de la nada, se confiesa
admirado de la filosofía cristiana para poder desembocar en un
canto del cisne pesimista donde quiere encumbrar la frase de
Thomas Mann: “De esta larga noche, de esta fiesta de la muerte
que incendia en torno suyo el cielo de esta noche lluviosa, ¿se
levantará el amor algún día?”
El Porce, julio 28 del 2024
|
|