Bogotá, Colombia -Edición: 673

 Fecha: Domingo 28-07-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Estado inversor

 

La democracia en Colombia decidió la constitución del Estado Social de Derecho, que a su vez como Estado optó por un modelo de economía pública en la que están presentes y concurren al libre mercado las economías privada, solidaria y pública. Cada una de estas economías tienen responsabilidades respecto de la historia económica del país.

Así, por ejemplo, la economía privada tomó la dirección del Estado mediante gobiernos corporativos desde la Constitución de 1991, época de la globalización del mercado mundial, la apertura económica, y los tratados de libre comercio hasta el primer gobierno posterior al acuerdo de paz firmado entre el Estado y las FARC. Han sido 30 años consecutivos en los que los gobiernos corporativos ejecutaron los planes nacionales de desarrollo bajo un modelo económico extractivista de rentas, anclado en las economía fósiles y mineras.

Durante 30 años la empresa privada en Colombia ha gozado, gracias a los gobiernos corporativos del Estado Social de Derecho, de las garantías a la confianza inversionista de la inversión extranjera y a la correspondiente seguridad jurídica de los títulos mineros y contratos de concesión, con atractivas exenciones tributarias, apoyados en el argumento de que los sujetos privados se beneficien mediante el fomento de su actividad empresarial y a la vez generen empleo.

Lo que en realidad los gobiernos corporativos han logrado mediante su interés privado violento y codicioso, es constituir la sociedad más desigual del mundo, la menos productiva y la que más trabaja hora / día. Y esta realidad corresponde a la alianza de la economía pública con la economía privada, mediante la cual se privilegió la ganancia privada por sobre la ganancia del interés público nacional.

El gobierno del cambio pretende sustituir al Estado corporativo por el Estado inversor fuerte de primer orden, para suprimir, después de 30 años, los beneficios a favor de la empresa privada, que incluyen los delitos asociados a la corrupción, peculados, robos y violencia. Además, conmina a que la empresa privada sea autosuficiente en sus actividades corporativas, sin que necesiten parasitar las rentas del erario.

El actual gobierno asegura que es justo que la idea corporativa de Estado dé un paso al costado para que emerja el Estado Inversor en asocio con las economías solidarias, populares y circulares, se fomenten sus actividades, generen empleo digno y puedan contribuir a cerrar la brecha de la desigualdad en Colombia.

La transición del Estado Corporativo al Estado inversor tiene que asegurar mediante las políticas públicas a ser implementadas por el gabinete ministerial, que el gasto público de la inversión de cada uno de los ministerios llegará a todos los municipios de manera coordinada, complementaria y subsidiaria. Es así como se alcanzarán los objetivos y metas de justicia social y ambiental consistentes con la paz social y la naturaleza, la erradicación de la pobreza y el hambre, la ordenación del territorio por medio de los atributos de la tierra, la legalización de las economías ilícitas, la garantía del trabajo digno, la educación pública y gratuita, la universalidad de la salud y el derecho a la eficiente satisfacción per cápita de agua y energía.

 

 

 

El yo-yo y el cómo voy yo

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Los colombianos han desarrollado una personalidad muy particular en el mundo del habla español que donde llegan cuando hablan se distingue que son colombianos. Las historias que se han tejido sobre ciertos personajes nacionales ha dado para hacer más de un largometraje, cortometraje y documentales que han informado a quienes los ve sobre la idiosincrasia lo que es esta gran nación.

 

No se puede ocultar estos detalles de una nación y ellos hacen que ella sobresalga sobre las demás y entre en la lista de importantes a nivel mundial. Sin querer queriendo, como decía el Chavo del 8, Colombia es una potencia humana que está mal dirigida y que una minoría de oligarcas pobretones la han controlado y no han podido avanzar en el concierto de la prosperidad y el bienestar social.

 

Esa sociedad pobretona ha desarrollado una serie de eslogan que hace que la base social que son todos sigan pensando que es correcto, pero es más una distracción que lo que realmente debería ser.

 

El Yo-Yo prima porque desplaza al verbo nosotros y todos creen que siendo individual van a prosperar y ser grandes en lo que hagan, pero la realidad esto crea una envidia por ese individualismo y todo lo que el otro pretenda hacer no lo dejan avanzar. Es normal que alguien abra un negocio y sus más cercanos vengan a la inauguración, y por allá entre ellos conversen y hagan cábalas de duración del negocio. Es corriente que algunos pasen a ver si el negocio está abierto aún.

 

Lo que debería ser es que todos alrededor del negocio acudan a él a comprar y a que prospere y la economía local también lleve su parte.

Dentro del sistema gubernamental es otro flagelo. Las negociaciones dependen de cómo voy yo. (CVY). La corrupción aquí es mayor porque el mismo sistema gubernamental alimenta esta podredumbre. No la detienen porque todos los políticos y empleados hacen parte de este acto de corrupción. Se necesitan palancas para alcanzar cualquier puesto y los políticos pagan sus favores con puestos o contratos que al final pagan los electores con sus impuestos.

Aunque se haga lo que se quiera hacer no es posible desmontar este sistema, porque está afincado por la presunción que es una democracia, pero la democracia es la base de la corrupción porque si no hay negociación entre quienes apoyan a los candidatos y los contratistas no hay dinero para hacer la campaña y comprar los votos.

Son tantas las anomalías que se presentan en un establecimiento administrado por políticos que es imposible administrar bien los bienes ciudadanos. Porque a la vez ellos no entienden que esos bienes son sociales y no de un partido o grupo político y a su vez el pueblo es más ignorante que no sabe

 

 

 

reconocer qué es lo de todos y que se debe proteger.

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Donde crece el peligro
De William Ospina
Editado por Random House

 

Audio: https://www.youtube.com/watch?v=9UEEI8U80V4

 

Muy pocos escritores en Colombia lo hacen con la calidad y finura con que logra William Ospina expresarse. En un país de inmediatistas William resulta ser un extraño pensador, de esos que creíamos que no volverían a retoñar.

 

Ejerce entonces un oficio que los Médici de Florencia apreciaría en demasía, pero que en Colombia no levanta un polvero. Lo que dice serían verdades de puño pero como finalmente quedan ante los ojos del lector como parte de la misma misa renacentista con que ornamentaron las sapiencias de Occidente para que todos las aceptaran sin chistar, desmembrar sus escritos resulta entonces criminal.

 

Y hurgar más allá de lo que dicen, es una equivocación total. William Ospina ha sido y lo será hasta el final de sus días un defensor de la tesis de que es el corazón el que mueve el cerebro.

No importa que ya los científicos nos hayan dicho que el cerebro es la reproducción del cosmos. A él lo invade la generosidad del maestro medioeval frente a sus monjes aprendices.

Por eso, tal vez, tiene este libro de ensayos tanta abundancia de citas, refrendando inútilmente que la mejor cualidad de todo escritor es ser mejor lector.

A veces sus ideas son precisas como las de su amado Baudelaire, otras revestidas de tanto fatuo como las estrofas inentendibles del Barco Ebrio de Rimbaud, pero por encima de todo impone la sapiencia que extrajo del Dante.

Leerlo entonces produce sensaciones ignotas pero como de música no parece saber, todo los textos quedan nimbados por el mismo sonsonete monocorde haciendo perder la gravedad e importancia de lo afirmado.

Solo al final, en el último ensayo que le da título al libro, forjando un arrepentimiento aparecido de la nada, se confiesa admirado de la filosofía cristiana para poder desembocar en un canto del cisne pesimista donde quiere encumbrar la frase de Thomas Mann: “De esta larga noche, de esta fiesta de la muerte que incendia en torno suyo el cielo de esta noche lluviosa, ¿se levantará el amor algún día?”

El Porce, julio 28 del 2024

 

 

 

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