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EDITORIAL
La resiliencia colombiana
De una
u otra manera, el espíritu colombiano es sumamente particular.
En efecto, al estar inmersos constantemente en esta sociedad, en
muy pocos casos, existen quienes sobresalen y se impulsan a ser
un poco más de aquello que la sociedad le exige que sea. Tal es
el caso del colombiano en el exterior, su habilidad para
superarse a sí mismo, para desplegar su simpatía y sus buenas
intenciones es simplemente maravillosa y de esos, de esos hay
muchísimos más que de aquellos que muestran diferentes tipos de
antivalores. En palabras simples, el colombiano, que aunque
parezca promedio en cualquier otro espacio diferente a su país
de origen, es por mucho muy especial.
No obstante, esta forma tan especial dice mucho de lo que
implica ser un colombiano, puesto que la resiliencia, parte
fundamental del colombiano, resulta ser el efecto de una vida
llena de carencias sociales, es decir, la constante corrupción
mantiene al colombiano en un lugar en donde el único responsable
para su supervivencia es él mismo. Nadie, ni el estado se
preocupa por él, lo cual lo obliga a que sea él quien active sus
habilidades para obtener logros en la medida que generalmente no
se trata de talento o esfuerzo, se trata de la rosca que se
posea, de allí que todos siempre tengan esa pulsión de emprender,
puesto que de no hacerlo simplemente tendría que quedarse en la
carencia toda la vida, ya que de un salario mínimo en Colombia
no se vive.
La
habilidad que antes desarrollamos genera un dilema moral. El
dilema de la resiliencia colombiana nace a partir de que tal
habilidad es hija del trauma que el colombiano genera a través
de la carencia que produce la corrupción. Aunque, si aterrizamos
este trauma y lo utilizamos como país dentro de nuestro propio
espacio, el trauma se volvería la salvación para un país que ha
perdido la fe en sí mismo, o mejor dicho en el trabajar en grupo,
si la resiliencia colombiana la aplicamos como un grupo seguro
podríamos alzar a Colombia como el gran país que puede llegar a
ser.
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El
derecho al trabajo o la agonía de vivir en la sombra

Por: Zahur Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Trabajar no es
una obligación de nadie, pero es el quehacer de los seres
humanos para sobrevivir en sociedad. Este deber se vuelve
imperativo porque no somos una sociedad primitiva que cada uno
labora en su entorno y se mantiene a flote con lo que hay a su
alcance.
Con el nacimiento de los imperios quienes están a la cabeza de
ellos crean una red de súbditos para que le sirvan y vivan en su
entorno. Así nace la primera casa y su jefe hace más de 30 mil
años.
El ser humano es igual como individuo en su conjunto pero no
todos tienen las mismas capacidades e intelecto y esto hace esa
variedad de personalidades y quehaceres en una sociedad actual.
En el pasado no se podían mezclar todos en un mismo sitio por
esa diferencia de condiciones de intelecto y conocimiento. Hoy
por el avance genético y tecnológico estamos casi todos
mezclados en la misma aldea de ciudadanos.
El emprendimiento de cada uno nos obliga a saber elegir nuestro
rol y ubicación en la sociedad de hoy y esto hace que el trabajo
no sea igual que hace cien o más años en la historia. Pero
quienes manejan la cosa pública en ciertas sociedades desconocen
el manejo de esos códigos que regulan la labor de los
trabajadores.
En la actualidad no hay un orden equitativo que permita mantener
el balance y permita a cada uno poder tener la seguridad social
que debería existir en una sociedad evolucionada. Las leyes o
estatutos laborales están lejos de balancear las tres partes a
que corresponde el equilibrio del acuerdo entre las partes.
Las leyes laborales están politizadas y los intereses de los
trabajadores no concuerdan con lo que deberían ser las leyes que
amparen por iguales partes a los que firman el contrato. Y cada
uno jala hasta donde más estire el caucho. Y esto hace que
siempre exista un conflicto entre las partes.
El sistema laboral colombiano hay que rehacerlo de principio a
fin y ubicarlo en tiempo presente para que el establecimiento
asuma la responsabilidad que le corresponde y le dé a ambas
partes las obligaciones que le corresponden independiente el uno
del otro y se logre alcanzar el beneficio que se espera a la
hora del retiro.
La situación que se vive en Colombia por el Código del Trabajo
es penosa para los trabajadores y el sistema laboral. Es casi
imposible celebrar contratos a término definido o indefinido por
todas esas arandelas que lleva de obligaciones para el
empresario y que no le permite crecer sanamente, porque el
establecimiento evade responsabilidades que le corresponde y se
las deja al contratista.
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¿Qué sociedad puede prosperar bajo esas
condiciones?
Esto genera todo tipo de evasión de obligaciones y contrato de
prestación de servicios dejando al trabajador a la intemperie y
obligándolo a convertirse en microempresario para poder
subsistir.
En la actualidad hay millones de personas trabajando bajo su
propia responsabilidad y sin ningún beneficio a futuro. La
corrupción navega por estas aguas eludiendo compromisos que ha
creado al estado y que al final hacen más daños en términos
generales
EN GUERRA TODO SE PUEDE
Crónica #971

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=OiikjiC-dqI
La idea de que mientras un país se encuentre en
estado de guerra todo se puede, ha ido calando en la historia
moderna al mismo tiempo que paradójicamente fue creciendo el
poder de censura de la Corte Penal Internacional investigando y
sancionando crímenes de guerra.
Bajo esa mira se encuentra hoy Israel, que afirma librar la
guerra contra Hamás en Gaza y contra Hezbolá en Líbano. Lo que
se ha hecho entre los palestinos de la otrora franja libérrima
de Gaza dejó de ser un acto defensivo para convertirse en una
masacre miserable.
Con tal de combatir a los terroristas de Hamás, que mataron y
secuestraron un millar de israelíes hace ya casi un año, esa
tierra estéril se ha llenado de sangre y atrocidades donde los
civiles, mujeres y niños han sido las víctimas preferidas de los
bombardeos de barrios y escuelas enteras donde probablemente el
servicio secreto israelí dice haber detectado a militantes
armados de Hamás.
Es la guerra y el mundo ha dejado que todo se haga. Ahora
comienza la batalla contra los miembros de Hezbolá, que se
tomaron al Líbano como su territorio y tienen un ejército mucho
más y mejor conformado que el propio país que los alberga.
Las víctimas serán otra vez los civiles que subyugados por el
poderío de la agrupación camuflaron sus lanzacohetes dentro de
las residencias y edificios del sur del país y desde allí atacan
casi que diariamente al ejército judío y a los civiles que viven
en sus barriadas del norte israelí.
Es la guerra y todo se disculpa. Por eso no se ha profundizado
la significación a futuro que tiene la habilidad de haber
convencido a los de Hezbolá que los celulares estaban coptados y
era mejor cambiarlos por beepers y wokitokis fabricados y
vendidos por los judíos pero previamente envenenados hasta
llegar a lo increíble de hacer estallar al unísono más de 4 mil
de ellos y usar la muerte selectiva para infundir terror que
combata otros terrores.
Es la guerra y en ella todo se puede, hasta enmudecer.
El Porce, septiembre 25 del 2024
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