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Bogotá, Colombia -Edición: 721 Fecha: Domingo 17-11-2024 |
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COLUMNISTA |
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‘Desquite’ en Ícono
Por: Jotamario Arbeláez
El
escritor y profeta de la nueva oscuridad, como le gustaba
autoproclamarse, Gonzalo Arango, nacido en 1931 y muerto en
1976, se propuso interpretar la realidad a su modo y por ello se
tomó las libertades de cantar las glorias repelentes de ciertos
facinerosos, como los insoslayables “Águila Negra” y “Desquite”.
Del primero, a quien atisbó por unas horas cuando compartió el
patio de un penal por haber publicado un manifiesto subversivo,
escribió: “Lo imaginé muerto. Era ridículo. Hasta en la muerte
este hombre era imposible, extraordinario. Para su estatura
formidable no existía ataúd. Muerto sería inhumano. Él sería un
cadáver grande como la grandeza. ¡Su tumba sólo podía ser el
mar, la colina, el olvido de Dios!” Y lo fue, pues ahora la
memoria de este bandido no consta ni en Google. De “Desquite”,
en la Elegía que le dedicara en 1965, publicada en La Nueva
Prensa, decía: “Lo mataron porque era un bandido y tenía que
morir. Merecía morir sin duda, pero no más que los bandidos del
poder”. Era la época en que los escritores debían utilizar
expresiones extremas, porque se suponía que un adjetivo atinado
era más certero que una bala, según sugerencias del
existencialismo sartreano. |
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La Elegía a “Desquite”, publicada como columna e
incorporada al volumen Obra Negra, y que lleva circulando más de cincuenta años
en hojas impresas, fotocopias, y ahora profusamente en la redes, es un poema
roñoso donde se le da la vuelta a la torta del engendro fratricida, y trata de
explicar las razones de quienes sólo vivieron para desquitarse de los oprobios
causados en sus hogares por las brasas de “la Violencia”, ese periodo vergonzoso
que antecedió a la guerra de la que tratamos de salir luego de más de medio
siglo. Y de la que muchos se empeñan en negar su existencia, y por consiguiente
la inutilidad de firmar la paz.
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donde lo rescató felizmente su amigo el abogado Alberto Aguirre. Años después de su muerte, aparecieron las Memorias de un presidiario nadaísta, en edición de homenaje donde participaron los que celebraron su cautiverio, la Gobernación de Antioquia, la Universidad de Antioquia y El Colombiano. Esta obra fue recientemente reeditada por Eafit, donde se han publicado ya cinco títulos y se adelanta la edición de las obras completas del Profeta hoy nonagenario en el más allá. Y de quien el próximo 25 de septiembre se cumplen 45 años de su partida.
Dice el editor de Ícono refiriéndose a la Elegía a “Desquite”, disponible hoy en las principales librerías del país: “Este relato merecía ser editado de manera independiente porque, aunque corto, recrea de manera contundente el destino de muchos niños campesinos arrasados por la violencia.
Imposible no citar, como colofón, la frase que contiene el vaticinio del profeta, del que no se sabe cuándo terminaremos de salir: “El hombre que erraba por las montañas como un condenado, ya no existe. Yo pregunto sobre su tumba cavada en la montaña: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas.”
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