Bogotá, Colombia -Edición: 721

 Fecha: Domingo 17-11-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Verdad o farsa

 

Por el momento, la democracia en Colombia es una farsa electoral amparada en la veleidad del derecho de elegir y ser elegido expresado en el artículo 40 de la Constitución Política de Colombia. Y lo es, porque los partidos políticos de Colombia son partidos congregacionales, pertenecen a los congresistas Son partidos políticos dominados autoritariamente por las élites constituidas en sus respectivas directivas.

Los directores de los partidos políticos dictan, sin consulta alguna, los avales que conforman la lista. Los designados de los partidos ya están elegidos antes de las elecciones. Lo determinante es que el pueblo vote los días de las elecciones presidenciales y legislativas, (las nacionales) y en las regionales y municipales para garantizar la farsa electoral respaldada en el cuarenta de la Constitución.

Y, como si fuera poco, los directivos de los partidos políticos les convierten en dinastías familiares que tienen a su servicio el voto de los siervos electorales por un contrato, empleo, placa-huella o simple compra-venta el día de la farsa. Los directores de los partidos políticos tienen nombre propio en los partidos que pertenecen a burgueses y terratenientes, y si sienten amenazados sus privilegios, se coaligan en la sabiduría de parasitar la contratación de los proyectos de interés nacional en manos de los barones electorales regionales aliados de la corrupción y las mafias.

Los partidos y movimientos políticos pertenecientes a los trabajadores, campesinos y a las diversidades étnicas, de sexo y género también tienen sus élites representadas en presidentes sindicales, caciques nativos, bacalaos guanábanos (negros por fuera, blancos por dentro) afrodescendientes, en no binarios y mujeres que aún no tienen visibilizadas las jerarquías que constituyen los partidos definidos como progresistas, porque están vinculados a las causas de los pobres y vulnerables.

En Colombia, los partidos y movimientos progresistas existentes y los creados a partir de la Constitución de 1991, en realidad no tenían vocación de orientar las políticas públicas del Estado a partir de gobernar desde el poder ejecutivo presidencial, y hasta ahora, con Gustavo Petro quien se percibe a si mismo como un hombre no de partido, si no más bien como un mandadero del pueblo, lograron mediante un frente unido, y por la inteligencia electoral de un líder, llegar al gobierno nacional.

Gustavo Petro es un triunfador electoral, y todos los políticos mujeres, hombres y no binarios del Pacto Histórico saben que los votos de Gustavo Petro no los tienen endosados, por eso los congresistas que fueron elegidos bajo el mecanismo de lista cerrada y cremallera en las elecciones de 2022 ahora quieren para las elecciones legislativas de 2026 repetir encabezando las listas cerradas y cremallera.

Los afiliados a los partidos y movimientos progresistas vienen manifestando inconformidad ante la negativa de sus directivas de realizar y concluir de manera exitosa sus asambleas a través de las cuales establecer como ir a las elecciones de 2026, garantizando el derecho de elegir y ser elegido mediante el mecanismo de la consulta interna. Es mediante dicha consulta como se define el contenido del programa de gobierno que continúe con las grandes transformaciones que necesita la nación y las personas que los representarán en las listas uninominales y plurinominales presidenciales y legislativas.

Todo indica que la farsa electoral puede volverse una verdad de poder si las elecciones son financiadas en 2026 al cien por ciento por el Estado, si hay consulta interna para elegir a los candidatos, y si el programa de gobierno se constituye mediante diálogos vinculantes con enfoque territorial y de género.

 

 

 

La última guerra de los difuntos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  

 

Cuando el ser humano descubrió que podía usar fuera de sus manos otros elementos, se sintió poderoso. Desde ese momento nada lo detuvo en la conquista de sus alrededores.

Esta nueva generación de seres humanos no ha sido diferente de las últimas generaciones de seres que han existido en este planeta en los últimos millones de años de existencia.

Con la llegada de Donald Trump al poder el mundo no será igual a lo que los seres humanos hemos conocido. Se van a dar las batallas por existir en un planeta que comenzó a perder población desde el 2013 y que todavía no se han enterado los expertos en población.

 

No es fácil captarse la caída de una gotera de agua cuando comienza a mojar el piso sino cuando éste está mojado. Y normalmente es lo que siempre pasa. Nadie puede predecir el daño que puede hacer una sola gota de agua constante en el lugar equivocado.

Los Estados Unidos es una gran potencia, es un imperio. Es una nación sin igual que en la actualidad está presente en todos los quehaceres de la vida política mundial. Es un país compacto que creció porque todos llegaron con la misma ansiedad de alcanzar la libertad, la riqueza y la estabilidad en sus vidas y esa ha sido su bandera y constitución.

 

Hoy los últimos difuntos de todas las guerras se enfilan a dar la pelea para que esta guerra que apenas comienza no se pierda en una batalla donde la egolatría y todos sus tentáculos arrasen con dos siglos y medio de estabilidad ciudadana.

La historia de esta generación de humanos tiene capítulos donde los hechos que se dieron en cierto momento, se repiten con personajes que se van encajando como si las circunstancias fueran las mismas.

 

Trump no es diferente a tantos de ellos que hicieron su historia. El ser humano sigue siendo un cachorro que va donde lo pueden llevar quien le demuestre lo entretenido que es. O puede ser el gallo desplumado que regresa donde el verdugo a que lo alimente sin tener conciencia de su desamparo.

Los difuntos están peleando como batallones de fantasmas para tratar de detener una guerra que solo en las tumbas se pelean, pero los que están afuera no saben cuan sangrienta fue la batalla que ellos tuvieron y por ello están en la sombra de una lápida olvidada.

 

 

 

QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

EL GENERAL JULIÁN TRUJILLO
De Alonso Valencia Llano
Editado por Academia Colombiana de Historia

 

Audio: https://youtu.be/dk_cKnBd_Xo

 

El general Julián Trujillo, quien fuera presidente de Colombia, es uno de los olvidados por la mala memoria nacional.

El huracán de Rafael Nuñez se llevó en su remolino el recuerdo de quien curiosamente sirvió de escalón al cartagenero para que llegara por primera vez a la presidencia.

Y aunque fue en su gobierno de 1880 cuando se comenzó a hablar de la Regeneración como meta política, el trofeo nunca ha sido para él.

 

Su muerte en 1883, antes de la gesta constitucionalista de Núñez, ayudó más a su olvido. Para rescatarlo de esas penumbras, el agudo historiador Alonso Valencia Llano ha presentado un minucioso y muy aplaudible trabajo de recopilación y análisis de la gesta militar, política y jurídica de Julián Uribe Largacha, popayanejo de cuna y formación que bien podría haber sido una estupenda narración donde no se gastara páginas innecesarias para explicitar la teoría académica que lo lleva a adoptar un método biográfico en vez de otro, porque siembra el desánimo hasta en el más docto lector.

De su lectura, empero, quedamos enterados del accionar valiosísimo del desconocido General Trujillo como abogado, de su habilidad de mando y su capacidad administrativa como presidente de los Estados Soberanos del Cauca y de Antioquia, de su tino político cuando ejerció la presidencia capeando como torero andaluz esa caterva de oligarcas dañinos que fueron los liberales del Olimpo Radical y, en especial de sus dotes como comandante de los ejércitos que le encomendaron hasta salir victorioso sobre los conservadores en dos batallas definitorias del rumbo de Colombia: la de La Polonia en 1865 y la de Los Chancos en 1876, que a la postre resultó ser esta última la más cruenta de todas las batallas libradas en tierras colombianas y, coincidencialmente, ambas libradas en inmediaciones del río Tuluá.

Su perfil como partidario de Mosquera. O su decisiva actuación como liberal independiente para abrirle campo a Rafael Núñez no le alcanza a este libro para explicarnos porqué Trujillo terminó de pelea con el uno y con el otro y se ganó el remoquete de traidor con que la historia colombiana borra a los que ejercen la disrupción censurándolos eternamente antes que explicarles o interpretarles.

El Porce, noviembre 17 del 2024

 

 

 

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