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EDITORIAL
Verdad o
farsa
Por el momento, la democracia
en Colombia es una farsa electoral amparada en la veleidad del
derecho de elegir y ser elegido expresado en el artículo 40 de
la Constitución Política de Colombia. Y lo es, porque los
partidos políticos de Colombia son partidos congregacionales,
pertenecen a los congresistas Son partidos políticos dominados
autoritariamente por las élites constituidas en sus respectivas
directivas.
Los directores de los partidos políticos dictan, sin consulta
alguna, los avales que conforman la lista. Los designados de los
partidos ya están elegidos antes de las elecciones. Lo
determinante es que el pueblo vote los días de las elecciones
presidenciales y legislativas, (las nacionales) y en las
regionales y municipales para garantizar la farsa electoral
respaldada en el cuarenta de la Constitución.
Y, como si fuera poco, los directivos de los partidos políticos
les convierten en dinastías familiares que tienen a su servicio
el voto de los siervos electorales por un contrato, empleo,
placa-huella o simple compra-venta el día de la farsa. Los
directores de los partidos políticos tienen nombre propio en los
partidos que pertenecen a burgueses y terratenientes, y si
sienten amenazados sus privilegios, se coaligan en la sabiduría
de parasitar la contratación de los proyectos de interés
nacional en manos de los barones electorales regionales aliados
de la corrupción y las mafias.
Los partidos y movimientos políticos pertenecientes a los
trabajadores, campesinos y a las diversidades étnicas, de sexo y
género también tienen sus élites representadas en presidentes
sindicales, caciques nativos, bacalaos guanábanos (negros por
fuera, blancos por dentro) afrodescendientes, en no binarios y
mujeres que aún no tienen visibilizadas las jerarquías que
constituyen los partidos definidos como progresistas, porque
están vinculados a las causas de los pobres y vulnerables.
En Colombia, los partidos y movimientos progresistas existentes
y los creados a partir de la Constitución de 1991, en realidad
no tenían vocación de orientar las políticas públicas del Estado
a partir de gobernar desde el poder ejecutivo presidencial, y
hasta ahora, con Gustavo Petro quien se percibe a si mismo como
un hombre no de partido, si no más bien como un mandadero del
pueblo, lograron mediante un frente unido, y por la inteligencia
electoral de un líder, llegar al gobierno nacional.
Gustavo Petro es un triunfador electoral, y todos los políticos
mujeres, hombres y no binarios del Pacto Histórico saben que los
votos de Gustavo Petro no los tienen endosados, por eso los
congresistas que fueron elegidos bajo el mecanismo de lista
cerrada y cremallera en las elecciones de 2022 ahora quieren
para las elecciones legislativas de 2026 repetir encabezando las
listas cerradas y cremallera.
Los afiliados a los partidos y movimientos progresistas vienen
manifestando inconformidad ante la negativa de sus directivas de
realizar y concluir de manera exitosa sus asambleas a través de
las cuales establecer como ir a las elecciones de 2026,
garantizando el derecho de elegir y ser elegido mediante el
mecanismo de la consulta interna. Es mediante dicha consulta
como se define el contenido del programa de gobierno que
continúe con las grandes transformaciones que necesita la nación
y las personas que los representarán en las listas uninominales
y plurinominales presidenciales y legislativas.
Todo indica que la farsa electoral puede volverse una verdad de
poder si las elecciones son financiadas en 2026 al cien por
ciento por el Estado, si hay consulta interna para elegir a los
candidatos, y si el programa de gobierno se constituye mediante
diálogos vinculantes con enfoque territorial y de género.
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La última guerra de los
difuntos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Cuando el ser humano descubrió
que podía usar fuera de sus manos otros elementos, se sintió
poderoso. Desde ese momento nada lo detuvo en la conquista de
sus alrededores.
Esta nueva generación de seres humanos no ha sido diferente de
las últimas generaciones de seres que han existido en este
planeta en los últimos millones de años de existencia.
Con la llegada de Donald Trump al poder el mundo no será igual a
lo que los seres humanos hemos conocido. Se van a dar las
batallas por existir en un planeta que comenzó a perder
población desde el 2013 y que todavía no se han enterado los
expertos en población.
No es fácil captarse la caída de
una gotera de agua cuando comienza a mojar el piso sino cuando
éste está mojado. Y normalmente es lo que siempre pasa. Nadie
puede predecir el daño que puede hacer una sola gota de agua
constante en el lugar equivocado.
Los Estados Unidos es una gran potencia, es un imperio. Es una
nación sin igual que en la actualidad está presente en todos los
quehaceres de la vida política mundial. Es un país compacto que
creció porque todos llegaron con la misma ansiedad de alcanzar
la libertad, la riqueza y la estabilidad en sus vidas y esa ha
sido su bandera y constitución.
Hoy los últimos difuntos de todas
las guerras se enfilan a dar la pelea para que esta guerra que
apenas comienza no se pierda en una batalla donde la egolatría y
todos sus tentáculos arrasen con dos siglos y medio de
estabilidad ciudadana.
La historia de esta generación de humanos tiene capítulos donde
los hechos que se dieron en cierto momento, se repiten con
personajes que se van encajando como si las circunstancias
fueran las mismas.
Trump no es diferente a tantos de
ellos que hicieron su historia. El ser humano sigue siendo un
cachorro que va donde lo pueden llevar quien le demuestre lo
entretenido que es. O puede ser el gallo desplumado que regresa
donde el verdugo a que lo alimente sin tener conciencia de su
desamparo.
Los difuntos están peleando como batallones de fantasmas para
tratar de detener una guerra que solo en las tumbas se pelean,
pero los que están afuera no saben cuan sangrienta fue la
batalla que ellos tuvieron y por ello están en la sombra de una
lápida olvidada.
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QUÉ LEE
GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
EL GENERAL JULIÁN TRUJILLO
De Alonso Valencia Llano
Editado por Academia Colombiana de Historia
Audio:
https://youtu.be/dk_cKnBd_Xo
El general Julián Trujillo, quien fuera
presidente de Colombia, es uno de los olvidados por la mala
memoria nacional.
El huracán de Rafael Nuñez se llevó en su remolino el recuerdo
de quien curiosamente sirvió de escalón al cartagenero para que
llegara por primera vez a la presidencia.
Y aunque fue en su gobierno de 1880 cuando se comenzó a hablar
de la Regeneración como meta política, el trofeo nunca ha sido
para él.
Su muerte en 1883, antes de la gesta
constitucionalista de Núñez, ayudó más a su olvido. Para
rescatarlo de esas penumbras, el agudo historiador Alonso
Valencia Llano ha presentado un minucioso y muy aplaudible
trabajo de recopilación y análisis de la gesta militar, política
y jurídica de Julián Uribe Largacha, popayanejo de cuna y
formación que bien podría haber sido una estupenda narración
donde no se gastara páginas innecesarias para explicitar la
teoría académica que lo lleva a adoptar un método biográfico en
vez de otro, porque siembra el desánimo hasta en el más docto
lector.
De su lectura, empero, quedamos enterados del accionar
valiosísimo del desconocido General Trujillo como abogado, de su
habilidad de mando y su capacidad administrativa como presidente
de los Estados Soberanos del Cauca y de Antioquia, de su tino
político cuando ejerció la presidencia capeando como torero
andaluz esa caterva de oligarcas dañinos que fueron los
liberales del Olimpo Radical y, en especial de sus dotes como
comandante de los ejércitos que le encomendaron hasta salir
victorioso sobre los conservadores en dos batallas definitorias
del rumbo de Colombia: la de La Polonia en 1865 y la de Los
Chancos en 1876, que a la postre resultó ser esta última la más
cruenta de todas las batallas libradas en tierras colombianas y,
coincidencialmente, ambas libradas en inmediaciones del río
Tuluá.
Su perfil como partidario de Mosquera. O su decisiva actuación
como liberal independiente para abrirle campo a Rafael Núñez no
le alcanza a este libro para explicarnos porqué Trujillo terminó
de pelea con el uno y con el otro y se ganó el remoquete de
traidor con que la historia colombiana borra a los que ejercen
la disrupción censurándolos eternamente antes que explicarles o
interpretarles.
El Porce, noviembre 17 del 2024
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