Bogotá, Colombia -Edición: 729

 Fecha: Viernes 06-12-2024

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\\ OPINIÓN //

 

 

 

EDITORIAL

 

Armonizar el cuerpo y la mente


Día tras día los colombianos predican contradicciones. Algunos hablan de paz, pero no ven nada de malo cuando sus allegados acuden a la violencia, de hecho, la violencia que provocan con sus discursos son mucho más sangrientos que cualquier herida provocada por un acto de violencia. Después de todo estos discursos siempre son los que mueven las acciones. Es de esta manera como las palabras y las acciones nunca logran alojarse en un mismo sentido, de hecho parecen puntos totalmente extremos.

La división entre acciones y palabras genera en sí un gran problema para el buen vivir. Después de todo implica que no hemos aprendido a vivir, a que nuestro cuerpo sigue actuando por formas irracionales y no por prototipos de la razón, entonces si la razón no es la que mueve nuestro cuerpo ¿qué papel juega la razón? Ninguno, la razón ha dejado de pensarse, ahora sólo funciona como un recepcionista de memorias, pero nunca, como alterador de aquello que nos es ofrecido por la tradición. Que la razón sea utilizada para recordar y no para pensar implica que el mundo ha dejado de desarrollarse, se ha detenido y ha dejado que otros piensen por ellos, lo que en sí lo hace entrar en contradicción entre lo en verdad desean lograr y la recta razón que es proporcionada por las grandes estructuras.

Cuando el ciudadano colombiano sea capaz de poner en dudas la recta razón y se asquee del sentido común, es allí en donde el cambio se mostrará con fuerza, es allí en donde la conciencia del ser humano sobre sí mismo logrará entender que su modo de ser en el mundo, proviene de su conciencia en el mismo, y este modo de ser en el mundo nunca es en solitario, ni mucho menos ser subordinado, sino que se es con el otro, sin por ello perder la autonomía.

Cuando la autonomía llega el ser humano se proyecta sin contradicción, sus acciones y palabras son un retrato de lo mismo, sus acciones se tornan muchísimo más efectivas, y es en la efectividad en donde las dificultades son posiblemente solucionables, sin contradicciones entre lo que se piensa inconscientemente y lo que se lleva a cabo.

 

 

 

 La inocencia está arruinando a los colombianos

Por: Zahur Klemath Zapata

zapatazahurk@gmail.com  


Las guerras no las hace el pueblo. Las guerras las generan los que tienen intereses en los bienes ajenos y someten a sus lacayos a pelear por lo que no es de ellos. Esta simbiosis se ha sostenido por siglos sin que los lacayos entiendan que ellos son los perros falderos de los que están en el poder que el lacayo le ha dado.


La sociedad es lacaya de los políticos y ella es inocente de esta situación, porque al carecer esta de independencia intelectual se ve sometida a quienes poseen un poco o más capacidad para discernir sobre asuntos públicos o manejo del bien común. Este fenómeno se viene dando desde los principios cuando el ser humano establece la casa como hogar para su tribu o grupo social.

Hoy, en los albores del siglo 21 de nuestra era, podemos ya distinguir la diferencia de conductas humanas que actúan según sus intereses personales en contravía de la leyes y principios que el Estado establece para sostenerse con los impuestos que la sociedad paga para el bien del establecimiento.

Derrotar el establecimiento como tal, sería una batalla de nunca acabar, porque sus raíces son tan milenarias que cada vez que se arranca la mata, algo queda en la profundidad de la conciencia humana que vuelve a renacer como si fuera un nuevo principio.

Estamos tan acostumbrados de tener líderes, pastores y maestros del malabarismo mágico que nos harán creer que somos seres incapaces de avanzar por nuestros propios medios y que ellos son los que pueden hacer que la vida renazca nuevamente por un acto de fe.

Nuestra vida es solo un espacio, hipotético, que cada uno de nosotros lo vivimos como se nos presenta a cada instante. No podemos predecir el mañana, pero si organizarlo para que sea más fructífero o quizás menos angustioso. Pero eso sí, si no se nos atraviesa una sabandija que nos estropea todo lo ya hecho.

Debemos detenernos un instante, y comenzar a evaluar nuestra propia vida y tomar decisiones sobre nuestro propio bien y de aquellos que dependen de uno. Y no dejar que nos tomen como sus mascotas para ellos beneficiarse de nuestro trabajo y sueños de nuestra existencia.

El camino está por recorrer y solo necesitamos dar un paso para hacerlo corto 

 

 

y cambiar de lugar de donde estamos ahora. Nunca ha sido tarde para alcanzar las metas que cada uno se impone y lograr el objetivo final.

 

EL REGAÑÓN, EL TIBIO Y LA GRITONA
Crónica #1019

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal

Audio: https://youtu.be/OksEJD5K-Ek


El dibujante Osuna, que no decae en chispa e ironía ni con el abundante paso de los años, enmarcó la realidad de nuestro panorama político para el 2026 reuniendo en una caricatura a Germán Vargas Lleras, (el regañón) Sergio Fajardo (el tibio) y Claudia López (la gritona).

Ellos son, de acuerdo a la última pero no muy creíble encuesta de Invamer, quienes van encabezando la todavía lejana batalla por la presidencia.

Pero, como lo ratifica la ironía del dibujo, el país hace rato los clasificó por las actitudes que cada uno ha tenido repetidas veces a lo largo de su vida pública.

Porque aunque la de Claudia no es tan prolongada y llena de curvas, altos y bajos, sacrificios y peligros de muerte como la de Vargas Lleras, el hecho de haber sido alcaldesa de Bogotá y de haberse metido a los gritos en casi todo lo que pretendía administrar, y casi siempre frente a las cámaras, le ha servido para que el imaginario popular la califique como una gritona.

De la misma manera el país ha ido clasificando año tras año, campaña tras campaña, la flojera de espíritu y la falta de perrenque de Sergio Fajardo. Más aún cuando de todas esas campañas siempre ha salido derrotado. No hay fortaleza en su tono de voz, ni verticalidad en sus ideas ni agresividad frente a lo que se alcanza a entender que le disgusta.

Caso muy contrario es Vargas Lleras, que se ha pasado toda su larga vida política regañando. Quizás porque nunca ha tenido un asesor de imagen que le haya hecho explícito la falta de votos por su mal carácter, su franqueza hiriente y su capacidad innata de responder inmediatamente y de forma agresiva a todo lo que puede parecerle un ataque, nadie le quita de encima el remoquete de regañón. Y aunque he dicho muchas veces que Colombia debería tener un presidente con la preparación y las agallas de Vargas Lleras, ha resultado tan mal candidato y está tan mal asesorado que será muy difícil verlo en donde tantos compatriotas pensamos que debería ir.

El Porce, diciembre 6 del 2024

 

 

 

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