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COLUMNISTA |
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La suerte del feo
Por: Jotamario Arbeláez
Si
la suerte de la fea la bonita la desea, nadie va a desear la
suerte del hombre feo, ahora que un reciente estudio
norteamericano concluye que los mal parecidos tienen marcadas
tendencias al delito. La razón es aun más peregrina que la
sentencia: porque tienen menos oportunidades de conseguir
trabajo. Porque como la naturaleza es sabia en recursos para que ningún despintado la lleve perdida en este mundo ha repartido otras cualidades que compensan in crescendo la inexistente y en este caso serían tener dinero, ser inteligente o buen polvo. Tendría que disponer por lo menos dos de estas adicionales para compensar la falta de pinta.
En uno de los pocos piropos públicos que expresaron los nadaístas a una mujer –a
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expensas, claro, de una cicutada a otra-, en el
“Manifiesto bisiesto a los intelectuales colombianos”, de 1960, se le susurra a
la crítica de arte argentina Marta Traba: “Cómo puede ser a la vez tan linda y
tan inteligente? Usted sabe lo feo que era Sócrates, y lo bruta que es Luz
Marina Zuluaga”. Refiriéndonos a la hermosa manizalita que había accedido al
trono de Miss Universo. Y al feotón filósofo griego bebedor de cicuta.
Saldré en defensa de los feos recordando que la pinta masculina es uno de los atributos del perfecto timador. Una tez agraciada abre, con las piernas, los bolsos y las cuentas corrientes de acaudaladas ingenuas, como lo denunció una actriz tumbada recientemente. Ergo, detrás de cada caribonito hay un tumbalocas o estafador en potencia.
Con la publicación del informe, firmado por Naci Mocan, profesor de economía del Instituto de Investigaciones de Denver, y avalado por la Universidad de Colorado, ¿qué suerte laboral espera –ahora sí– a los feos? ¿Quién les va a dar trabajo a estos potenciales malhechores, si no levantan primero para la plástica cirugía? ¿No podría la Asociación Universal de Feos elevar una
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demanda contra la pretendida universidad por premisa tan perniciosa? No sólo en lo laboral. Ahora va a resultar imposible para la gente linda estar en algún sitio tranquilo. Si ve aparecer a un malencarado, va a pensar que viene a atracarlo; ese adefesio es un violador y aquel esperpento un secuestrador. Pero en el mundo ya se salió de tales estereotipos y hoy los monstruos de antaño, aquellos que provocaban pesadillas inespantables, son los cómicos por excelencia de la pantalla chica. Hoy el ideal social es hacer parte de la familia Monster.
La suerte de la
fea la bonita la desea, dice el papelito. Y es verdad. No hay mujer fea sin
marido, mientras tantas muñecas se quedan vistiendo santos. O les toca casarse
con los más feos. Porque el hombre, como el oso, mientras más feo más hermoso.
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