Bogotá, Colombia -Edición: 733

 Fecha: Domingo 15-12-2024

 

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INFORME

 

 

 

 

 

 

Impacto de las deportaciones masivas en la construcción y la vivienda en EE.UU.

 

 

 

 

 

El costo humano y económico de las deportaciones

Más allá de las cifras y los estudios, las políticas de deportación masiva tienen un impacto profundo en las vidas de personas como García. A pesar de su estatus migratorio, ha trabajado arduamente, pagado impuestos y contribuido a la economía estadounidense. Para él, y muchos otros, ser parte de este sistema es una forma de alcanzar el sueño americano.

Las deportaciones masivas también podrían agravar las tensiones sociales y económicas. Jennie Murray, directora del Foro Nacional de Inmigración, advierte que estas políticas serían “cortas de miras”, especialmente porque la economía y la inmigración están inextricablemente vinculadas.

Un futuro incierto para la construcción y la vivienda

 

Con un déficit de viviendas asequibles y una mano de obra insuficiente, Estados Unidos enfrenta un desafío monumental. Las promesas de Trump de deportaciones masivas podrían exacerbar una crisis que ya amenaza con desestabilizar el mercado inmobiliario.

Para abordar esta problemática, los expertos sugieren una combinación de políticas: asegurar las fronteras, pero también ampliar las vías legales para la inmigración laboral. Esto permitiría satisfacer la demanda de mano de obra en sectores clave como la construcción sin recurrir a medidas extremas que podrían tener efectos contraproducentes.

En palabras de García, “si deportan a un millón de trabajadores, la construcción se ralentizará y los precios de la vivienda subirán”. Su testimonio pone de relieve una verdad que muchos en el debate político parecen ignorar: los inmigrantes, documentados o no, son una parte esencial del motor económico de Estados Unidos.

 

 

El futuro de la construcción y la vivienda en Estados Unidos dependerá de las decisiones políticas que se tomen en los próximos años. Mientras el país busca equilibrar la seguridad fronteriza con la necesidad de una economía dinámica, es crucial reconocer el valor de la mano de obra inmigrante y su contribución al desarrollo del país.

En un sector donde “nadie más quiere hacer el trabajo”, el papel de los inmigrantes es más que indispensable: es un pilar de la economía estadounidense. Sin ellos, el sueño americano podría quedar fuera del alcance no solo de los recién llegados, sino también de millones de ciudadanos.

 

En medio de un panorama político marcado por promesas de deportaciones masivas, Estados Unidos enfrenta una encrucijada que podría redefinir su economía y su sector inmobiliario. La reciente elección de Donald Trump como presidente ha revitalizado el debate sobre el papel de los inmigrantes indocumentados en el país, especialmente en industrias clave como la construcción, donde desempeñan un papel fundamental. Este análisis explora las posibles consecuencias de dichas políticas en un mercado de vivienda ya tensionado.

 

El vínculo entre inmigración y construcción

Duewight García, un inmigrante hondureño indocumentado que trabaja en Nueva York, resume la realidad de muchos como él: “Hacemos el trabajo que nadie más quiere hacer”. García es parte del 46% de trabajadores de la construcción en esa ciudad que nacieron en el extranjero, según datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2023. En estados como California y Texas, esta cifra supera el 50%.

 

 

En total, los inmigrantes representan más de un tercio de la fuerza laboral en construcción en Estados Unidos, y cerca del 25% de ellos son indocumentados, según estimaciones del Foro Nacional de Inmigración. Sin embargo, las posibles deportaciones prometidas por Trump podrían reducir significativamente este porcentaje, afectando gravemente la oferta de mano de obra en un sector que ya enfrenta dificultades para encontrar trabajadores calificados.

El sector inmobiliario bajo presión

Estados Unidos necesita construir al menos 1,5 millones de viviendas para satisfacer la demanda actual, según la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas (NAHB). A pesar de esta urgencia, los constructores tienen dificultades para llenar las vacantes: en septiembre, había más de 282,000 puestos abiertos en construcción, de acuerdo con la Oficina de Estadísticas Laborales.
 

Jim Tobin, director general de NAHB, subrayó que la mano de obra inmigrante es esencial para la capacidad del país de seguir construyendo viviendas asequibles. “Cualquier cosa que afecte la disponibilidad de esta mano de obra nos preocupa”, afirmó. La salida de miles de trabajadores podría crear un efecto dominó en el mercado de la vivienda, aumentando los costos de construcción y, en consecuencia, los precios de las viviendas.

Las consecuencias económicas de las deportaciones

La relación entre la inmigración y el mercado inmobiliario es compleja. Por un lado, los inmigrantes, documentados o no, aumentan

 

 

la demanda de viviendas, lo que puede intensificar la competencia por un suministro ya limitado. Por otro lado, su papel en la construcción ayuda a satisfacer esa demanda. Sin ellos, la capacidad de construcción del país podría reducirse drásticamente.

 

Riordan Frost, investigador principal del Joint Center for Housing Studies de la Universidad de Harvard, destacó que la crisis de asequibilidad de la vivienda en Estados Unidos no se debe únicamente al crecimiento de los hogares inmigrantes, sino principalmente al aumento de los hogares nacidos en el país desde finales de la década de 2010.

Además, un estudio reciente liderado por economistas de vivienda reveló que la mano de obra indocumentada no compite directamente con la mano de obra nacional, sino que la complementa. Deportar a trabajadores indocumentados podría resultar en una pérdida neta de empleos para estadounidenses, especialmente en roles de mayor cualificación dentro de la construcción.

 

¿Quién asumirá los trabajos “indeseables”?

Una de las críticas más comunes a la mano de obra inmigrante es que “roba” trabajos a los estadounidenses. Sin embargo, Stan Marek, CEO de la constructora MAREK en Houston, tiene una visión diferente: “Los jóvenes estadounidenses tienen demasiadas opciones más fáciles y no quieren hacer este trabajo. Los únicos que lo hacen son los inmigrantes”.

 

El envejecimiento de la población y la falta de formación en oficios han contribuido a una crisis de mano de obra cualificada en la construcción. Aunque algunos líderes políticos, como el compañero de fórmula de Trump, J.D. Vance, han argumentado que los estadounidenses podrían asumir estos trabajos si se ofrecieran mejores salarios, el desajuste actual entre habilidades y demanda hace que esta transición sea poco viable a corto plazo.

 

Además, el sistema actual de visados temporales, como el H-2B, no es suficiente para satisfacer la demanda. Aunque se han otorgado más de 64,000 visados adicionales este año, el límite anual sigue siendo un obstáculo significativo para cubrir las necesidades del sector.

 

 

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