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EDITORIAL
Diciembre
La invención del tiempo
calendario con la sucesión finita de 365 días y doce meses,
cierra y abre su círculo de festividades repetitivas en el mes
de diciembre, porque llegó diciembre con su alegría, mes de
parranda y animación. Diciembre condiciona un estado de ánimo
festivo. Es un mes de regalos y celebraciones, aunque no faltan
los funerales y las tristezas de no recibir juguetes, ropa para
estrenar, ser condenado a habilitar o haber reprobado el año
académico. Aunque los inmorales consideren que el tiempo como la
luz, no se pierde.
Diciembre es un mes de sol
intenso y cielos azules virginales y divinos. Es una época seca
en el distrito biogeográfico del altiplano cundi-boyacense, y
tiene para la cultura campesina el presagio infalible de empezar
el nuevo año con baja temperatura que deja helada la casa
campesina y yermos los campos de tonos amarillos, listos a
prender fuego al calor del sol. Pero nada de eso importa, porque
diciembre, se trabaje o no, es un mes de vacaciones.
Es el mes de las vacaciones
cristianas en el que se anuncia la llegada del Niño Dios como el
regalo de amor que Dios le da a la humanidad. En lo sagrado del
mes de diciembre yace el tiempo de celebración de paz y amor.
Por lo menos eso vende el mercado con el comercio global en el
que Coca-Cola, Hollywood, las iglesias, los medios de
comunicación, las casas disqueras y el pueblo en general
celebran con gran francachela el tiempo navideño y los
aguinaldos.
El aguinaldo es el regalo que
se da en navidad o en la fiesta de la epifanía como símbolo de
la manifestación de amor y de adoración por la vida. Por eso
diciembre cultural incita a la participación de la diversión,
del juego incluido el azar y la promesa de cambiar por unos días
y ser mejor persona, siempre y cuando el extraordinario de
navidad cumpla con aquello que de pobre lo sacará.
Diciembre es un mes de tiempo infantil en la adoctrinación del
Niño Dios que la cultura cristiana quiere que todos los seres
humanos lleven por dentro, para que el tiempo de la existencia
del diario vivir se exprese con amor, lo que equivale a tener a
Cristo en el corazón, mandado y hecho a la medida para la Nación
que habita el país del Sagrado Corazón, en el que se cierran las
sesiones del congreso y la clase política se va a sus
localidades y regiones a continuar con el juego de “pajita en
boca”, que causa euforia y discordia.
Diciembre es un mes de pesebres, árboles navideños, alumbrados,
en el que los días están decorados con adornos luminosos y
manteles en los que predominan los colores verdes, rojos,
blancos y negros, alrededor de los cuales unos bailan y otros
comen pavo. Diciembre es el mes de todos los géneros musicales
que le han puesto salsa, sabor, olor y color a los alimentos y
bebidas con los que se comparte en la gran familia de la
diversidad étnica y cultural colombiana. Feliz navidad en paz y
amor, ateos.
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El miedo es tan grande que
alcanzó para todos

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Organizarse es una de las formas de espantar el
miedo, porque el miedo es un estado de inseguridad que no deja
reflexionar bien y las cosas adversas se dan porque la
inseguridad no deja actuar al oprimido.
Los psicópatas son los que se aprovechan de este estado
emocional porque ellos en el fondo carecen de lo que el oprimido
tiene. Y hay que mancillarlo para sentirse superior al oprimido.
Llevamos un siglo preparándonos intelectualmente para alcanzar
una mayor dignidad como seres humanos. Hemos cambiado el modus
operandi que se llevó por siglos donde unos señores eran dueños
de la vida y lo existente. Hoy tenemos controlado casi todos
esos crímenes de lesa humanidad. Y llegaremos a un mayor control
en pocas décadas.
Los criminales han existido desde que el ser humano se formó
como grupos y nacieron los líderes. Estos eran más fuertes y
determinantes y el miedo que infundían sobre los demás hacía que
un grupo de gente los siguiera y actuarán según su criterio. Aún
persiste este parámetro de conducta.
Hoy en día que existen millones de seres independientes y con
cierta autonomía se dejan mancillar de individuos que pretenden
ser los dueños de la vida de los demás. Y ese temor a
confrontarlos, se alían con él o lo respaldan para obtener
beneficios sin importar lo que suceda a su alrededor. Estos son
otros psicópatas que desconocen su naturaleza porque no tienen
la capacidad y la sensibilidad de razonar lo que está malo y
hace daño a todo lo que está bajo el dominio del psicópata
mayor.
El miedo es el arma que históricamente se ha usado para oprimir
al ser humano en la forma social o religiosa. Pero hoy ya
sabemos que el miedo es circunstancial y que se puede controlar
y combatir a quien lo produce.
Un tirano no es más que un ser que se ha empoderado porque a su
alrededor tiene una organización o institución que lo apoya
porque parte de ella se beneficia de las dádivas que el tirano
les da. Pero la tiranía termina cuando el opresor se organiza y
crea sus fuerzas de choque para que los respalden y así se
puedan enfrentar contra la maquinaria del tirano.
Históricamente está demostrado que estos tiranos terminan
siempre en el cadalso. La revolución francesa abrió las puertas
para todas las revoluciones posteriores que se apoderaron del
bienestar humano y que hoy luchamos para no caer en manos de
tiranos. Hemos aprendido la lección.
Ya las sociedades modernas no se mueven bajo el miedo, sino bajo
organizaciones que les permita vivir bajo estándares sociales de
igualdad de derechos, autonomía y libertad.
Si el miedo llega a tocar tu puerta,
organízate con todo lo que esté en tu
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intelecto y ármate que
nadie va a venir a rescatarte y a salvarte de quienes te acosan
y dominan.
QUÉ LEE GARDEAZÁBAL

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
ESTRICTAMENTE CONFIDENCIAL
De Eduardo Santos
Recopilado y comentado por Maryluz Vallejo Mejía
Editado por Intermedio
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=SvwqqoxtHkw
El mito del doctor Eduardo Santos se ha ido
perdiendo con el paso de los años. El que sus herederos hubiesen
vendido El Tiempo, desde donde manejó 50 años a Colombia, puede
haber ayudado a esa desmemoria.
El cambio de valores de apreciación y
comportamiento en Colombia como consecuencia de la Revolución de
los Traquetos, también. Pero sobre todo la desaparición de la
historia como pensum obligatorio de todos los colegios y
escuelas del país, hicieron el resto.
Para que no se olvide su nombre y su estela mitológica no se
pierda en el chismerío bogotano que la alimentaba, Maryluz
Vallejo ha hecho un impecable y muy aplaudible trabajo
estudiando el archivo de la correspondencia que Eduardo Santos
mantuvo desde cuando estudiaba en Europa hasta cuando se retiró
a su casa de Chapinero a rumiar jubilado su poder y su gloria.
De la lectura que se hace de las pocas piezas escogidas, pero
fundamentalmente por los acertados comentarios que a las otras
muchas cartas de Santos emitidas en momentos importantes de su
vida y de la vida nacional hace Maryluz, se consigue un esbozo
biográfico y político del personaje que hemos olvidado.
En sus páginas, entonces, se verifica o nos recuerda que quien
mandaba a Colombia desde las páginas de El Tiempo era el esposo
de Lorencita Villegas, demasiado elegante para la Colombia de
1930 y que fue con ella que se paseó por New York y por las
capitales europeas gastándose con lujo y con placer la mucha
plata que el periódico le producía.
Pero no para allí esta escanografía del expresidente. El libro
logra comunicar al lector la magia de los silencios de Eduardo
Santos o explicarnos la simpleza de sus frases para resumir
sapiencia y poder. Es un gran logro de la doctora Vallejo Mejía
podernos ayudar a repasar la historia que no se volvió a enseñar
pero de la que aprendimos tanto y muchos seguimos aplicando para
explicar las vacaslocas de los políticos y gobernantes de hoy.
Por supuesto no lo habría conseguido si ese personajón que fue
el doctor Santos, siempre a punto de la pausa, siempre lejos de
la algarabía pueblerina, pero nunca meloso ni populista con sus
electores, no hubiese dejado la huella escrita que este libro
recorre.
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