Bogotá, Colombia -Edición: 740

 Fecha: Miércoles 01-01-2025

 

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TECNOLOGÍA-CIENCIA

 

 

 

La instantánea helada del nacimiento del Sistema Solar: Un vistazo a los confines estelares

 

 

 

 

características actuales de estos cuerpos helados.

Implicaciones para la ciencia y la exploración

Más allá de la curiosidad científica, entender la composición y formación de estos objetos tiene implicaciones importantes para el estudio de otros sistemas planetarios. Los datos recopilados por el proyecto DiSCo podrían ser utilizados como referencia para investigar cómo nacen y evolucionan los sistemas estelares en general.

Además, estos hallazgos destacan la importancia del telescopio James Webb como una herramienta fundamental para explorar las profundidades del espacio. Sus avanzadas capacidades han permitido superar las limitaciones de los telescopios terrestres y abrir una ventana a regiones del cosmos que antes eran inaccesibles.

 

Un vistazo al pasado estelar

El trabajo liderado por Pinilla-Alonso y su equipo no solo es un logro técnico, sino también una invitación a reflexionar sobre el pasado remoto del sistema solar y su evolución. Los hielos primigenios identificados en los confines estelares cuentan una historia de formación y cambio, una historia que, en cierto sentido, también es nuestra.

 

 

Desde las partículas de polvo y gas que se aglutinaron para formar los planetas hasta los fragmentos helados que quedaron como testigos silenciosos, el sistema solar es un mosaico de procesos complejos y fascinantes. Cada nuevo descubrimiento nos acerca un poco más a entender cómo surgió el hogar cósmico que habitamos.

En los próximos años, la exploración de estas regiones remotas continuará ofreciendo nuevas sorpresas y respuestas a preguntas fundamentales sobre el universo. Por ahora, la imagen del hielo en los confines del sistema solar nos recuerda que, incluso en las zonas más lejanas y frías, hay historias por descubrir.

 

Por primera vez, astrónomos han logrado recrear una imagen de cómo lucía el hielo que se formó en los bordes del sistema solar hace 5,000 millones de años. Este avance, alcanzado gracias al telescopio espacial James Webb y el proyecto DiSCo del Instituto de Ciencias y Tecnologías Espaciales de la Universidad de Oviedo, en España, ofrece un vistazo sin precedentes a una región misteriosa y prácticamente inexplorada.

En los confines del sistema solar, más allá de la órbita de Neptuno, se extiende una región repleta de fragmentos de hielo y roca conocida como el cinturón de Kuiper. Allí, los llamados objetos transneptunianos han permanecido en relativa calma desde la formación del sistema solar, convirtiéndose en cápsulas del tiempo que conservan la esencia del pasado estelar.

 

 

El origen de los hielos primigenios

Hasta hace poco, nuestra comprensión de estos objetos era limitada. Los cuerpos helados, con excepción de Plutón y algunos otros grandes, son demasiado pequeños y distantes para ser observados con claridad mediante telescopios convencionales. Se sabía que reflejaban débiles destellos de luz y que sus superficies estaban compuestas principalmente por agua congelada, amoniaco y metano. Sin embargo, no se conocían los detalles de su composición o su apariencia exacta.

El proyecto DiSCo, liderado por la científica Noemi Pinilla-Alonso, ha cambiado esto al identificar las moléculas responsables de los espectros y colores registrados en estos objetos. Esta información ha permitido generar simulaciones más realistas de cómo lucen estos fragmentos congelados en el espacio profundo.
 

“Ahora podemos afirmar que el estado actual de estos objetos transneptunianos está estrechamente ligado al inventario de hielos presentes en el disco presolar durante el nacimiento del sistema solar, como si fueran una instantánea congelada de aquella época,” explicó Pinilla-Alonso en un comunicado emitido por la Universidad de Oviedo.

 

 

Una región tranquila pero reveladora

Las regiones externas del sistema solar, como el cinturón de Kuiper, se consideran mucho más estables que las áreas internas donde se encuentran los planetas rocosos. Los cuerpos que habitan esta zona tienen órbitas regulares y han experimentado pocas alteraciones desde su formación. Esto los convierte en una invaluable fuente de información sobre los materiales originales que componían el disco protoplanetario del que nació nuestro sistema solar.

 

De acuerdo con la teoría de formación estelar, los materiales rocosos suelen aglutinarse en las cercanías de la estrella central, mientras que los gases y elementos volátiles son empujados hacia los extremos del sistema. Esto explica por qué los asteroides, predominantemente rocosos, se encuentran entre Marte y Júpiter, mientras que los cometas, compuestos mayormente de hielo, provienen de regiones más distantes.

Tres tipos de composiciones

Uno de los hallazgos más relevantes del proyecto DiSCo es la identificación de tres grupos composicionales distintos entre los objetos transneptunianos. Estas categorías están definidas por las líneas de retención de diferentes tipos de hielo, como agua, dióxido de carbono, metanol y materiales orgánicos procesados.
 

Este descubrimiento no solo ayuda a clasificar estos objetos, sino que también proporciona pistas cruciales sobre las condiciones químicas y físicas del sistema solar en sus primeras etapas. La distribución de estos elementos en el espacio y su interacción con otros materiales en el disco protoplanetario determinaron las

 

 

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