Bogotá, Colombia -Edición: 745

 Fecha: Domingo 12-01-2025

 

 

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COLUMNISTAS

 

 

 

CHARLAS CON UN MAESTRO SAMMASATI

Por: Gongpa Rabsel Rinpoché
Lama Sammasati para Latinoamérica

 

El Budhismo y la Psicología Moderna: Una Confluencia de Sabiduría

 

La psicología moderna, con sus raíces en la ciencia empírica, y el Budhismo, una antigua filosofía y práctica espiritual, pueden parecer a primera vista dos mundos separados. Sin embargo, al explorar sus respectivos enfoques en la mente humana, descubrimos sorprendentes puntos en común y una rica historia de influencia mutua.

Las raíces de la influencia

La influencia del Budhismo en la psicología moderna se remonta a principios del siglo XX, cuando pensadores occidentales como Carl Jung y Alan Watts comenzaron a explorar las conexiones entre las prácticas meditativas Budhistas y los procesos psicológicos. Estos pioneros reconocieron la profundidad y sofisticación de las enseñanzas de Budha sobre la mente, y vieron en ellas un potencial para complementar y enriquecer la psicología occidental.

Conceptos clave y su impacto

* La mente como objeto de estudio: Tanto el Budhismo como la psicología moderna comparten un interés fundamental en la naturaleza de la mente. El Budhismo ofrece un modelo detallado de los procesos mentales, incluyendo la atención, la percepción, las emociones y los pensamientos. Este modelo ha influido en el desarrollo de terapias cognitivo-conductuales, que se centran en modificar los patrones de pensamiento y comportamiento.

* La meditación como herramienta terapéutica: La meditación, una práctica central en el Budhismo, ha sido adoptada por la psicología moderna como una herramienta eficaz para reducir el estrés, mejorar la atención y fomentar el bienestar emocional. Estudios científicos han demostrado que la meditación puede producir cambios neuroplásticos en el cerebro, lo que sugiere que puede tener beneficios a largo plazo para la salud mental.

* La importancia de la consciencia: Tanto el Budhismo como la psicología moderna enfatizan la importancia de cultivar la consciencia plena. La atención plena, una práctica derivada del Budhismo, ha sido incorporada en diversas terapias

 

 

 

psicológicas para tratar una amplia gama de trastornos mentales.

 

* El sufrimiento y el camino hacia la liberación: El Budhismo ofrece una profunda comprensión del sufrimiento humano y un camino para liberarse de él. Esta perspectiva ha influido en el desarrollo de terapias centradas en la aceptación y la compasión, que ayudan a las personas a lidiar con el dolor emocional.

Áreas de convergencia

La influencia del Budhismo en la psicología moderna se manifiesta en diversas áreas, incluyendo:

* Psicología positiva: El enfoque del Budhismo en el cultivo de las cualidades positivas de la mente, como la compasión y la sabiduría, ha influido en el desarrollo de la psicología positiva.

* Neurociencia: Los estudios de neurociencia han comenzado a explorar los mecanismos cerebrales subyacentes a las prácticas meditativas, lo que ha generado un mayor interés en el potencial terapéutico de estas prácticas.

* Psicología transpersonal: Esta rama de la psicología se interesa en las experiencias espirituales y trascendentales, y ha sido profundamente influenciada por las enseñanzas Budhistas.

El futuro de la conexión

La relación entre el Budhismo y la psicología moderna continúa evolucionando. A medida que la ciencia avanza y nuestra comprensión de la mente se profundiza, es probable que veamos una mayor integración de las perspectivas Budhistas en la psicología. Esta confluencia de sabiduría antigua y conocimiento científico tiene el potencial de transformar la forma en que entendemos y tratamos la salud mental.

 

En conclusión, el Budhismo ha tenido una influencia significativa en la psicología moderna, enriqueciendo nuestro entendimiento de la mente y proporcionando herramientas valiosas para promover el bienestar emocional. A medida que ambas disciplinas continúan evolucionando, es probable que esta conexión se fortalezca aún más.

 

Aquellos extraños diálogos

Por: Guillermo Navarrete Hernandez

 

Hace unos días, al escuchar uno de tantos podcasts que coloco en mi móvil para enterarme de los acontecimientos diarios o para adquirir nuevos conocimientos sobre
 

 

 

alguna materia, una especialista en neurociencia manifestaba que, gracias al dolor, el desamor y la soledad, se han creado grandes obras literarias y conmovedoras poesías, muchas de las cuales se convierten en canciones. Sin ellas, la vida no tendría sentido, señalaba.

 

En efecto, las dificultades, parte del quehacer humano, permiten, conforme a las circunstancias, explorar alternativas y establecer mecanismos de solución, aunque en ocasiones los desenlaces no sean los más satisfactorios. Sin embargo, es necesario advertir que los desafíos siempre están en el horizonte y que enfrentarlos es la mejor manera de labrar un destino acorde con el propósito de vida forjado. Amar y desamar, odiar y perdonar, aprender y desaprender, recordar y tratar de olvidar, son oxímoros que reflejan la complejidad y dualidad de nuestras emociones y experiencias, derivados de las relaciones que necesitamos e intensamente buscamos, para precisamente encontrar la felicidad, o tal vez, la infelicidad.

 

En la soledad, los recuerdos y aquellos extraños diálogos internos se convierten en una forma de interactuar con quien no se tiene contacto pero que siempre está presente. Llegar del trabajo, saludar y hablar con ese ser invisible al que de costumbre todo se le contaba, ofrecer un apetitoso tinto y compartir la cotidianeidad. Lamentablemente, al instante, todo es una fantasía, al fondo se observa un recinto oscuro, las sillas vacías y la mente se nubla de congoja. O el tomar el móvil para contarle el nuevo éxito o el estrepitoso fracaso.

 

Cada rincón de la casa, cada objeto cotidiano, cada detalle se convierte en un eco de aquellas conversaciones, risas, silencios, elucubraciones y hasta discusiones. Las paredes susurran sus palabras y el silencio se vuelve ensordecedor. Mis cuitas se sienten como un río sin cauce que se desbordan sin dirección. La ausencia es como un crudo invierno, donde el frío cala hasta los huesos. Cada día es una lucha por encontrar sentido en la rutina, por llenar ese vacío. La soledad es esa sombra que constantemente persigue, pero que también enseña a valorar lo que se tuvo y a apreciar cada momento vivido.

Los días se suceden uno tras otro, y aunque el dolor de la ausencia nunca desaparece, aprendo a vivir con él. Encuentro consuelo en las pequeñas cosas, en el estudio, en mi trabajo, en los gestos de los demás, en el atardecer o en la melodía de una canción. La esperanza de un reencuentro me da fuerza y, a su vez, tristeza.


Muchas son las veces que le hablo e imagino sus respuestas y sus gestos, los que por costumbre ya conozco.

Sí, sostengo con ella extraños diálogos, aunque lo que me acompañe sea su ausencia. Ausencia que enseña que indefectiblemente el amor y el dolor son dos caras de la misma moneda.

 

 

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