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EDITORIAL
Redes y ruido
En un mundo hiperconectado,
donde cada opinión encuentra eco inmediato y cualquier debate
puede encenderse en segundos, el equilibrio entre el ego y la
inteligencia emocional se vuelve una lucha constante. Es así
como se manifiestan generalmente, las interacciones entre estos
dos elementos humanos en la realidad digital: el ego sofoca a
una inteligencia emocional que en muy raras ocasiones puede
llegar a defenderse. Mientras tanto, el usuario, atrapado en su
pantalla, exhibe enojo y frustración como consecuencia de esta
interacción.
Este escenario se repite a diario en redes sociales, foros y
chats. El ego, esa voz interna que nos empuja a reaccionar
impulsivamente, se alimenta del anonimato y la inmediatez,
convirtiendo cualquier desacuerdo en una batalla personal. Nos
sentimos obligados a defender nuestras posturas con ferocidad,
como si la validez de nuestra identidad dependiera de cada
discusión. Así, las plataformas digitales se convierten en
campos de batalla, donde la agresividad y la descalificación
reemplazan al diálogo y la reflexión.
Frente a esto, la inteligencia emocional se presenta como el
antídoto necesario. Implica autocontrol, empatía y la capacidad
de interpretar las palabras del otro sin ver en ellas una
amenaza. Nos recuerda que, detrás de cada comentario, hay una
persona con su propia historia y emociones. Sin embargo, esta
perspectiva rara vez prevalece en la dinámica de la conversación
digital, donde prima el impulso de “ganar” cada debate.
El problema no es la tecnología en sí, sino el uso que hacemos
de ella. Mientras permitamos que el ego gobierne nuestras
interacciones, seguiremos alimentando una cultura de
confrontación y ruido. Pero si damos espacio a la inteligencia
emocional, podemos transformar los espacios digitales en
entornos de aprendizaje y construcción colectiva.
El verdadero desafío está en detenernos antes de reaccionar, en
preguntarnos si nuestras palabras aportan o solo aumentan la
discordia. En una era dominada por la inmediatez y el conflicto,
elegir la empatía y la reflexión es un acto de resistencia. En
última instancia, la calidad del mundo digital que habitamos
dependerá de nuestra capacidad para equilibrar el ego con la
inteligencia emocional.

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El poder
político se diluye cuando el pueblo evoluciona genéticamente

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Los pueblos primitivos, incluyendo los griegos y
los romanos ejercían un poder absoluto sobre la vida de sus
conciudadanos porque eran propiedad del soberano. Esa jerarquía
se ha mantenido por siglos como cosa natural porque al ser
humano apenas se le está cayendo la cola. Y no tiene aún la
capacidad de actuar con autonomía en el mundo que vive.
La mitología griega es un ejemplo de esos poderes absolutos que
los dioses tenían sobre los humanos. Y estos como cachorros
seguían a sus amos sin ningún cuestionamiento. Ese fenómeno ha
persistido con variantes por la evolución que el ser humano ha
tenido y ha hecho revoluciones para desprenderse de ese estigma
que ha tenido de orden genético.
Hoy en día nadie cuestiona sobre esos poderes que ejercen los
políticos sobre los seres humanos y aceptan ir a la guerra y
asesinar a cualquiera porque el Estado lo ordena y el Estado son
los políticos y su cabecilla, el presidente. El pueblo es
simplemente una masa de panadería que se amasa para formar los
mejores panecillos antes de meterlos al horno.
Las guerras actuales son el reflejo de ese poder que se ejerce
desde el trono del jerarca ya sea elegido o esté en el poder por
su propia voluntad. Cosa que se ve normal en todos los estrados
del poder.
Colombia es un país que su pueblo sigue a sus líderes sin el
menor cuestionamiento sobre su integridad y su capacidad de
actuar con sabiduría para dirigir a un rebaño que simplemente
escucha y actúa según el mandato del jefe.
Dentro de esa misma sociedad hay una masa que lee y cree en todo
lo que lee es cierto y piensa que la verdad es la que está
escrita en el papel. Por esa carencia evolutiva no pueden
discernir, razonar o entender que los están manipulando para que
actúen como los líderes quieren que ellos actúen para ellos
alcanzar el poder político y ser los dueños del entorno donde
todos habitan.
La sociedad actual está comprendiendo un poquito más sobre su
libre albedrío y una minoría se viene apartando, para no
participar en el juego de los políticos y dejando que el pueblo
actúe como ellos creen que está bien. El error está ahí, la
pasividad y esa desidia hacen que al final caigan en la trampa y
sean sometidos al devenir del que se ha empoderado y hace lo que
le venga en gana con la nación.
Las protestas mal dirigidas no llevan a ningún sitio. Es un
desgaste de acciones y energía que al final el empoderado las
puede usar para su bien y sentirse más poderoso de lo que antes
era.
La sociedad tiene que asumir una veeduría que le permita ir
montando organizaciones |
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que vaya asumiendo los poderes de protección a la
sociedad de los desmanes que los políticos hacen al
establecimiento.
El voto en blanco es una de las armas más poderosas que tiene la
sociedad para contrarrestar estos desmanes y poder dirigir la
sociedad por el buen camino. Si el voto en blanco gana, debe
existir un reglamento en que los votos en blanco son válidos y
tienen el poder de quitarle poder al congreso eliminando
congresistas con el mismo número de votos a lo que son elegidos
los congresistas.
De lo contrario seguiremos viviendo en la corrupción que genera
la democracia.
A GAVIRIA LE DIO CULILLO
Crónica #1045

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://youtu.be/sFNCsu6J7wAE
El viejo zorro del expresidente Gaviria parece
que cayó en la trampa. En un documento unipersonal, pero en uso
de sus facultades legales como presidente reelegido del partido
liberal, declaró a lo que queda de esa agrupación como
independiente, solicitándole al Consejo Nacional Electoral que
lo desclasifique como partido de gobierno.
Aparentemente la decisión, cuando el país no ha podido digerir
la indigestión que Petro y Trump le están haciendo pasar a
Colombia, es un truco usado en el viejo ajedrez que Gaviria ha
venido jugando desde cuando se debió haber dado cuenta que los
partidos políticos dejaron de existir y fueron reemplazados por
las cooperativas de contratistas.
Pero como en las vísperas de tomar esa decisión sin consultar al
sanedrín de senadores y representantes que llegaron etiquetados
como liberales, los ujieres de la embajada gringa estuvieron
husmeando entre la clase política para distinguir quienes son
petristas irrestrictos y quienes se apartan de su manera de
gobernar, muchos atribuyen la determinación de Gaviria a puro y
físico culillo.
Finalmente él, que fue Secretario General de la OEA sabe de que
es capaz un presidente como Trump y antes de que se venga la
rastra de visas suspendidas y de aranceles que ahogan a los
pobres de Colombia, salvaguarda a lo que queda de su partido.
Pero, y ahí es donde cayó en la trampa, su actitud inconsulta
lleva inevitablemente a una división de quienes representan
todavía al partido liberal en el Congreso, Asambleas y Concejos.
Parecería entonces que los rumores que llenaron de temores al
otrora recio pereirano, hubiesen sido alimentados por el elenco
que rodea al presidente Petro, porque como la espantada de
muchos de los liberales de perder la visa gringa es mayúscula,
lo que necesitaban en la Casa de Nariño se produjo
inmediatamente: la división y el debilitamiento del partido
liberal.
El Porce, enero 31 del 2025
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